Aunque sólo tiene 24 años, es una persona madura profesionalmente. Tiene claro lo que quiere y rebosa humildad en cada una de sus afirmaciones. Su camino está siendo constante y de seguir así se convertirá en figura del cante

¿Desde cuándo se dedica a cantar?
Fue cuando tenía diecisiete años. Estando en una fiesta con mi familia escuché cantar a mi tío Eduardo, un hermano de mi abuela que para mí era un cantaor extraordinario, lo que pasa es que no se dedicó a esto, me motivé en ese momento y salí cantando. Desde entonces algo dentro de mí me decía que podía ser cantaor y así fue. Posteriormente me ofrecieron debutar en la Peña Antonio Chacón, allá por el año 2002, donde fui con Miguel Salado y mi prima Quina (Méndez) y allí debuté.

¿Qué recuerdos te quedan de ese debut?
Todos muy buenos, aunque si te digo la verdad no sabía ni dónde estaba. De ese primer día que me subí a un escenario me quedo con la fiesta que se formó después. Estaba mi tío el Mondi, que para mí ha sido una de los mejores personas que he conocido, se puso a cantar y disfruté mucho.

Ha reconocido siempre que uno de sus problemas es la timidez, ¿cómo está superando eso?
Es cierto que soy muy tímido y a veces he llegado a un camerino y no me ha salido ni la voz. A lo mejor tenía que cantar en una ‘plaza grande’ y yo mismo me decía, ¿pero cómo voy a salir yo ahí si no me sale ni la voz? Verte ahí delante de tanta gente no me resulta sencillo, pero con el tiempo uno se va acostumbrando. Los nervios me han hecho jugar algunas malas pasadas, pero de todo se aprende. Llevo cinco años, gracias a Dios, actuando con gente importante del flamenco, Gerardo Núñez, Javier Barón, Merche Esmeralda o Mercedes Ruiz, y he aprendido mucho. Además, el hecho de cantar atrás te hace aún más artista. Ahí es donde te das cuenta dónde está el ritmo y las cosas. Creo que me he hecho artista cantando atrás.

A lo largo de estos cinco años que lleva cantando ha habido nombres propios. ¿Qué significan para usted nombres como Miguel Salado o Gerardo Núñez, por decir los más cercanos?
Para mí Miguel Salado ha supuesto muchas cosas. Primero lo considero un gran amigo y un gran compañero porque con él empecé a cantar en las peñas y demás. Además, no es porque sea mi amigo, pero toca muy flamenco. Luego, de Gerardo que te voy a decir. Para mí Gerardo Núñez es mi maestro, yo lo considero así. Me ha enseñado muchas cosas, técnicas de afinación, cómo estar en el escenario….en fin, muchas cosas.

Cuando echas la vista a atrás y te ves trabajando de camarero en el Mesón el Coto ¿qué piensa?
Pues que soy una persona afortunada. Todos los días agradezco a Dios el sitio en el que estoy, porque sinceramente nunca pensé en dedicarme a esto. Será el destino de cada uno, porque de estar trabajando en el restaurante de mi padre de camarero a verte encima de un escenario junto a primeras figuras del cante o del baile hay un mundo. No te lo imaginas.

Por todas estas circunstancias, ¿se considera un cantaor diferente?
Puede ser, porque no me he criado nunca entre artistas ni he pasado por un escenario cuando tenía menos años. Hay compañeros, por ejemplo, como Joselito ‘El Mijita’ que lleva desde los diez años bailando y rodeado de artistas, pero yo no. Yo he estado con mi padre y mi familia, que han sido cantaores aficionados.

Aparte de Gerardo Núñez, al que consideras alguien importante en tu vida profesional. ¿De quién has aprendido más?
Siempre he escuchado a cantaores de Jerez como los Moneo, Agujetas…, pero también me ha gustado escuchar a Antonio Mairena, a La Niña de los Peines…Sin embargo, ha habido alguien que cuando lo oí cantar me sorprendió. Fue un día a Sevilla y escuché cantar a Juan José Amador y desde entonces soy un enamorado de su cante. Ver a ese hombre cantar con esa fuerza y ese pellizco con la edad que tiene me dejó prendado. Nunca en mi vida he escuchado ese eco.

Entonces, cuando alguien como él elogia tus facultades en el cante, ¿qué se siente?
Una satisfacción muy grande. Cuando compartimos escenario siempre me halaga y me da consejo, y yo le digo que para mí él es el número uno. Me llevo muy bien con él y cuando coincidimos aprendo mucho.

¿Con qué cante se identifica más?
Está claro que con el cante de La Plazuela, con el cante de los Méndez y de los Moneo. Aunque también el de los Agujetas y el de los Mijita, en realidad de La Plazuela a mí me gusta todo. Luego, a nivel de palos me identifico más con la bulería, la soleá y el martinete. Me gustan todos, pero esos tres me siento a gusto, igual que con los fandangos caracoleros.

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¿Qué ha sido o dónde ha sido la experiencia más atrevida que has tenido en el cante?
Recuerdo que un día, estando en el restaurante trabajando con mi padre me llamó Gerardo y me dijo: ‘Vente conmigo que nos vamos para Madrid para trabajar con una compañía que se llama «Los cuatro elementos». Iba Carmen Cortés, Merche Esmeralda, Alejandro Granados, Rocío Molina, David Lagos y Luis Moneo. Yo ahí estaba perdido y cuando me dijo Gerardo que tenía que cantar por Guajira me descompuse. En mi vida había cantado eso, porque yo nada más que había escuchado los cantes de Jerez. La verdad es que lo pasé mal, pero me sirvió para aprender mucho.

¿Consideras que el cantaor de Jerez está encasillado en un tipo de cante y de ahí no quiere salir?
La verdad es que hay mucha variedad de cante y a lo mejor en ocasiones no se usan aquí para nada, pero yo soy de la opinión de que como se hace la seguiriya o la soleá en Jerez no se hace en ningún lado. Como se canta en Jerez no se canta en ningún sitio, aunque los cantaores no salgan de la soleá, la malagueña o la siguiriya. Pero vamos, que no salen porque no quieren porque facultades para hacer cualquier tipo de cante la tienen.

Experimentar con otro tipo de cante o de música, ¿te ha servido de algo?
Por supuesto. Estar por ahí fuera te hace escuchar cantes de todo tipo y de ampliar tus conocimientos. El oído te mejora y te hace crecer muchísimo como cantaor. De cualquier forma, yo creo que el estudio también hace mucho. Escuchar a gente como Tomás Pavón o Mairena te sirve de mucho. A veces incluso sin estudiarlo, con sólo oirlo te vale.

Ya que habla de estudiar, ¿cómo estudia Jesús Méndez el cante?
A mí no me gusta escuchar las cosas y luego repetirlo. Yo a lo mejor me llevo dos horas escuchando cante en mi casa, pero luego me traigo lo que oigo a mi forma y a mi personalidad, si lo hago como ellos entonces sería una copia. Normalmente, escucho el mismo disco por lo menos veinte veces y luego cuando tengo más o menos la letra lo hago a mi forma y le doy mi sello personal.

Decía antes que el cantaor de atrás acumula una serie de conocimientos fundamentales, ¿por qué?
Creo que cantar para atrás es como ir a la escuela. Para mí, el cantaor que no ha cantado para atrás difícilmente llega a ser artista de verdad. Puede serlo, pero creo que eso ha sido en pocos casos. Todos los grandes cantaores importantes han pasado por esa etapa y ahí se aprende una barbaridad. A mí personalmente me está sirviendo porque de no estar ahí no hubiese aprendido a entonar determinados cantes. Es cierto que a uno siempre le gusta cantar delante, porque ahí es donde se disfruta más y uno hace lo que quiere, pero vamos que atrás se disfruta también.

Como cantaor, ¿qué es lo que más valoras en un guitarrista?
Si te digo la verdad, lo que más valoro es lo que me contagia, no ya a la hora de tocar, sino como compañero. Para mí tener al lado a una persona de confianza es primordial. Antes de salir a un escenario me gusta me tomo una copita con mi guitarrista y nos damos ánimos. Eso es fundamental para mí.

¿Qué implica para ti llevar el apellido Méndez? ¿Es una responsabilidad mayor?
La verdad es que sí. Hablar de Méndez es hablar por ejemplo de La Paquera, que ha sido la mejor cantaora de todas. Y simplemente con eso lo digo todo, hay que salir al escenario al cien por cien porque te miran con lupa.

¿Y no llega a ser molesto en ocasiones que te encasillen en un tipo de cante concreto por aquello de ser Méndez?
Eso sí es verdad, pero lo asumo. Pienso que la gente está muy equivocada con La Paquera, por ejemplo. Todo el mundo habla de ella como la reina de la bulería, pero hay que escucharla por granaína o por otros estilos que son ‘pa rabiá’. La Paquera cantaba por todo y eso mucha gente no lo tiene en cuenta.

¿Puede uno vivir del cante aquí en Jerez y ser apreciado en su tierra?
Actualmente sí. Antes la gente se iba a Madrid porque allí estaban todos los artistas, pero hoy en día, como está el tema de la comunicación, como por ejemplo internet, no hace falta moverse. Te conocen en cualquier lado. A mí en Jerez la gente por la calle me anima y halaga y eso para mí es lo más grande.

Estás a punto de acabar la grabación de tu primer disco en solitario. ¿Cómo lo calificarías?
Primero, creo que va a ser poco comercial, hacemos cante por derecho. Tengo una soleá y una bulería con Morao, con Diego del Morao una seguiriya y una zambra de La Paquera, con José Manuel León he grabado unas alegrías y con Santiago Lara una soleá. He tenido el apoyo de muchos compañeros de profesión y sobre todo de Gerardo Núñez que está haciendo todo lo posible para sacarlo adelante con su sello. Estoy muy contento de cómo está saliendo todo, aunque todavía nos quedan algunas cosas. Ah, tampoco quiero olvidarme de Rafael Lorente, que me ha dado algunas letras para el disco que me están sirviendo para renovar mis letras.

TEXTO: FRAN PEREIRA