La vertiginosa carrera de José Gálvez ha convertido a este joven artista jerezano en todo un icono para muchos aficionados al flamenco. Su progresión ha sido meteórica, aunque también labrada a base de sufrimiento y experiencia, de ahí que a día de hoy quizás sea uno de los músicos más completos del panorama flamenco en Jerez

¿Cuándo empieza en el mundo del flamenco?
Fue en la Parra vieja tocando a Antonio Reyes, que empezaba, a la edad de nueve años. La Peña de la Bulería estaba allí y así empecé. Después me puse a hacer muchas fiestas privadas con el difunto el Mono de Jerez, el Nano y muchos artistas mucho más mayores que yo que se buscaban la vida de esa manera. Hoy en día ese tipo de fiestas no se hacen. Luego, con diez o doce años estuve colaborando con la sección femenina, que estaba relacionada con la falange. Hacían clásico español, flamenco y bailes regionales y yo participaba en la parte de flamenco. Hacíamos la mosca, un baile típico de Granada que ya ni se hace, los romances o los corridos, cosas un poco olvidadas que se interpretaban para que no se perdieran.

Con el paso del tiempo pasas a conocerte como el ‘Niño Gálvez’. ¿Cómo afronta este difícil mundo alguien tan joven?
Lo afronto con mucha ilusión aunque dándome cuenta que la cosa no iba a ser fácil. Con catorce años me marcho como guitarrista a Suiza, concretamente a una ciudad cerca de Zurich, Arbon, y lo que en un principio iban a ser cuatro meses pasan a ser cuatro años porque tuve lazos muy fuertes con aquella gente. Conocí a una familia emigrante de Valladolid que tenía una escuela de flamenco y durante cuatro años mi vida estuvo allí solo. A veces, cuando venía a Jerez, me resultaba todo muy extraño porque mis amigos de siempre estaban todavía jugando al fútbol y yo ya venía con mi corbata, mi chaqueta y mi sueldo.

¿Cuándo decides empezar a cantar y dejar aparcada la guitarra?
Hombre, desde siempre he tenido inquietudes y desde muy pequeño escribía para mí. De hecho, el tema ‘El amor tiene colores’ lo escribí con quince años y no tenía pensamiento de cantarlo yo, al contrario, iba a dárselo a Antonio Malena. Esta familia de Valladolid se enteró de que yo también cantaba y un día me propusieron que en vez de realizar un solo de guitarra que hacía dentro del espectáculo cantase una de mis canciones. Lo hice, salió bien y paulatinamente fui dejando la guitarra a un lado y haciendo más temas.

¿Ha cambiado mucho el flamenco desde que empezaste?
Sí ha cambiado porque cuando yo empecé el que quería vivir de esto tenía que irse a Madrid o a Sevilla. Yo me fui a Madrid y estuve allí cinco años. Y te voy a decir la verdad, había veces que pasaba hambre y no tenía dinero ni ‘pa’ comer, por eso en ocasiones me pasaba por las escuelas de baile de gente como Manolete, Domingo Ortega, Alejandro Granados o el Güito para cantar y así sacaba algo más de dinero. Otras veces me echaba un cable Gerardo Núñez y su mujer Carmen Cortés. Ahora, los cantaores que salen no tienen ni que ‘cantá’ pa ‘bailá’ ni ‘ná’, por fortuna empieza a cantar y ya es conocido. Yo no lo tuve así de fácil y con dieciocho o diecinueve años estaba superquemado de Madrid.

¿Qué significó para ti la grabación del disco ‘Jerez Joven por Bulerías’?
Mucho porque la gente comenzó a conocerme. Cuando volví de Madrid me llamó Moraíto y me propuso grabar este disco con Juan Zarzuela, Macarena de Jerez, el Mijita y la Chiqui. Me gustó la idea y la verdad es que tuvo mucha repercusión tanto a nivel local como a nivel nacional. También, y me acabo de enterar no hace mucho, la tuvo a nivel internacional porque hasta que no he tenido la suerte de conocer Japón y América hace dos años no me he dado cuenta que la afición flamenca del mundo entero tenía ese disco como un icono. Ese disco me sirvió porque me abrió las puertas de grabar mi disco en solitario.

Su primer disco, ‘Bohemio de Amor’, ¿te sirvió realmente de lanzadera?
Yo creo que sí, pero aparte de conocer a mucha gente nueva y de meterme en estudios de Madrid y Barcelona me sirvió para conocer de verdad las cosas que hay en este mundillo. Aprendí a trabajar en estudios y eso me ha servido en el futuro cuando he tenido que componer o hacer arreglos a otros temas. Además, el disco me abrió las puertas de muchos sitios como la Bienal y festivales importantes e incluso otros artistas, como María José Santiago, Marcelino de Enkay, la Chiqui, Aurora Vargas, Pansequito, me empezaron a proponer que compusiera temas para ellos.

¿Quién o quiénes han influido de alguna manera en tu profesión?
Primero mi padre, por supuesto, y luego gente como Moraíto, que siempre ha contado conmigo, Manuel Parrilla, al que lo tengo como un Dios en mi vida porque me ayudó muchísimo al principio; su hermana Ana, que me llevaba cantando con ella. Son personas de las que no me puedo olvidar porque creyeron mucho en mí desde el principio. Ya por último Diego Carrasco, con el que he hecho hace poco una grabación, arreglada por Jesús Bola, que no ha podido salir al mercado, pero creo que en el futuro saldrá porque es muy bonita.

Ser un niño precoz, aparte de hacerte madurar más rápidamente que el resto, ¿qué otras consecuencias ha tenido?
Ha tenido consecuencias buenas y malas, pero las malas estuvieron a punto de costarme la vida. He estado dos veces al borde de la muerte. Mentalmente no es fácil vivir tantas cosas tan deprisa y creo que algunas no me tocaban conocer tan pronto. Este mundo del flamenco y la música tiene cosas buenas y malas, pero la noche, el alcohol y las drogas me pasaron factura, quizás por la inconsciencia de alguien tan joven. En esa época me sentí bastante perdido, pero afortunadamente pude salir de ella.

Toda esa madurez y el vivir tan deprisa, ¿ha podido influir en tus composiciones?
Yo creo que sí. Conozco a gente que se desespera para escribir una canción, pero yo no tengo ese problema. Al revés, hay veces que tengo tantas ideas que voy por la calle y me tengo que poner a escribir en una servilleta. Brotan cosas. Cuando uno tiene inquietudes, poco a poco van saliendo y más si ha habido etapas en tu vida que te han dejado marcado.

¿Te consideras un cantautor?
Por supuesto. Fíjate si me considero como tal que a veces me da hasta coraje que me pongan José Gálvez, cantaor. Soy cantaor y he hecho flamenco toda mi vida, pero me da coraje, porque siempre he dicho que soy cantautor, porque yo escribo y canto lo que escribo. Las definiciones están ahí para algo, pero no me gusta que me encasillen. A mí me gusta adaptarme a todo e incluso me considero un camaleón de la música porque soy capaz de hacer una ‘jazz sesion’en América, de tocar música árabe, con una Big Band…No me puedo encasillar. Para alguien que siempre haga lo mismo sí, pero para mí no

¿Es tu música distinta al resto? ¿Tiene personalidad propia?
Eso no lo puedo decir yo, porque puede sonar un poco pretensioso. La música no tiene dueño y no hay que hablar de la música con tanta propiedad. Para mí la música es universal y hay que hablar de ella como un sentimiento porque creo que la música es la banda sonora de la vida de cada uno. En la sociedad de ahora uno se tira al pozo y todos van detrás y yo en ese sentido quizás he sido un poco distinto, porque he tenido mi propia manera de ver las cosas. Mi música tiene mi propio sentimiento o es la banda sonora de lo que he podido sentir o me ha podido pasar, entonces, si la gente se siente identificada con eso para mí es lo más grande. Con mi primer disco hubo mucha gente que se sintió identificada con las letras y eso fue un punto de conexión importante, contaba lo que sentía sin querer parecerme a nadie. Esa es la clave de mi música, y no es ni peor ni mejor que la de nadie.

¿Te sientes valorado en tu tierra?
Hay veces que sí y hay veces que lastimosamente ni un miligramo. ¿Por qué digo esto? Pues porque desde el año 2000, cuando participé en un Viernes Flamenco, que era concurso, gané y canté en la Fiesta de la Bulería, se han acordado de mí tan sólo una vez. No sé si es una cuestión política de la gente que lleva el flamenco en Jerez o es una cuestión personal

En tu último disco, Galvez & The National Orchestra of Nowheristan, conviviste con varias culturas y músicas, ¿cuál te ha llamado más la atención?
Sin duda la música árabe. Tenía referencia de ella a través de los discos de El Lebrijano, pero poco más. Durante la grabación del disco, que se realizó desde el 2001 hasta el 2004 y 2005, he conocido a músicos increíbles y que no veré más. He tenido experiencias con más músicas pero ésta ha sido la que más me ha marcado, hay una riqueza cultural muy parecida a la que a nosotros nos ha dejado el flamenco.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy preparando un disco con tango argentino, tratando siempre de darle ese toque flamenco de la tierra. Además, tengo algunas cosas para este verano en Japón.