Dicen de él que es ‘el guitarrista gachó que toca más gitano’, una afirmación que no irá mal encaminada cuando cada vez es más amplio el abanico de cantaores que llaman a su puerta.

¿Cómo fueron sus inicios en este mundo de la guitarra?
Yo empiezo con doce o trece años, cuando mi padre, debido a la gran afición que siempre ha tenido al flamenco, me lleva a la academia de Manuel Lozano ‘El Carbonero’ y José Luis Balao. Mis inicios fueron allí y aprendí muchísimo junto a Alfredo Lagos, Juan Diego, Antonio Diánez, Javier Domínguez…una tanda de chavales que queríamos llegar a ser guitarristas. Mi primera actuación fue en la peña Antonio Chacón, donde me tocó hacer guajira. De ahí pasé, aconsejado por El Carbonero, a la academia de Juan Parra, que estaba en calle Sol, para enseñarme a que las manos se fueran acostumbrando al toque ‘pa’ bailar. Con el tiempo conocí a Ana María López y con ella hicimos el primer grupo flamenco de chavales, después del que hizo Manuel Morao en su día, y que se llamaba ‘Semilla Flamenca’.

Pero realmente, ¿en qué momento decide que se va a dedicar a esto?
Con el paso de los años fui mejorando, entre otras cosas porque me gustaba mucho tocar la guitarra para relajarme, hasta que poco a poco comencé a acompañar a cantaores. Un día me llamó Rubichi, que en paz descanse, para tocarle en la peña Buena Gente y allí estaba Fernandito Terremoto escuchándome. Le gustó mi forma de tocar y poco a poco conecté artísticay personalmente con él hasta el punto de ir introdiciéndome en el mundo de los festivales. Al tiempo conocí a Antonio Reyes, al que convencí para ir al Concurso Nacional de Cante de Córdoba y allí consiguió dos premios; y a Ezequiel Benítez, que ha sido uno de los chavales jóvenes con el que más he trabajado. Luego, también me ayudó el hecho de quedar segundo en el Concurso Nacional de Córdoba en la rama de acompañamiento.

¿Es más fácil la vida artística para un guitarrista que para un cantaor, por ejemplo?
No lo sé, pero para el guitarrista es complicada porque la guitarra es muy sacrificada, y cuando dejas de tocar dos o tres días llega un momento en el que te ves rarísimo. Yo al menos lo siento así y creo que la persona que da la cara al público con una reputación artística tiene que sacrificarse. Es un trabajo, con una ética profesional, y eso lo notas cuando vas a los festivales y te pones al lado de buenos guitarristas como Manuel Silveria, Manolo Franco, Niño de Pura o Alberto Lucena, entonces te das cuenta de que hay un mínimo de calidad artística que como mínimo tienes que igualar, no siendo técnicamente mejor pero sí aportando el toque de Jerez, que hace a los guitarristas diferentes.

¿El hecho de ser de Jerez implica más responsabilidad cuando uno tiene que actuar?
Yo creo que no. Si eres un profesional lo tienes que ser en Jerez o fuera de Jerez porque el que menos te puedes imaginar te está escuchando y puede ser que entienda de guitarra o tenga conocimientos, por eso si no estás a la altura te señalas. Incluso creo que en el extranjero la gente está superpreparada en este tema y conoce profundamente el flamenco. Lo único que le ocurre a los guitarristas de Jerez es que tenemos una ideosincracia personal. Siempre se ha dicho que el toque de Jerez, en la forma de interpretar, es distinto a todas las demás formas de tocar la guitarra. No es mejor ni peor, porque hay guitarristas buenísimos por ahí, pero es distinto y eso creo que lo da la tierra.

¿En qué consiste el día a día de Antonio Higuero?
Procuro coger mi guitarra todos los días después de comer. A eso de las cinco de la tarde y hasta las ocho estoy tocando. A las ocho, como soy padre de familia y tengo mis obligaciones familiares, siempre tengo cosas que hacer, pero intento crearme una disciplina de trabajo. Es cierto que hay días que toco mecánicamente y hay días que estoy inspirado y puedo crear, porque hoy en día lo que más cuesta a un artista es tener creación. Eso no es fácil y sale solo, pero uno debe ser constante e intentar tener inquietudes. Es más, me considero un guitarrista que procura robar todo lo que puedo con la vista. Un día escuché a Paco de Lucía en una entrevista en la que le preguntaban qué le parecía que se copiaran facetas de otros guitarristas, y el contestó que ‘directamente robo, yo no cojo nada, cuando veo algo que me gusta lo cojo’. Eso es quizás lo que enriquece a tu propia guitarra.

Para usted la frase renovarse o morir, ¿qué te sugiere?
Me sugiere una realidad. Hay que renovarse o morir en todo, en las facetas y en todo lo que puedas. Ahora sí, renovarse no quiere decir que vaya en contra de los cánones principales del flamenco. Para tocar por seguiriyas hay que respetar lo que es cantar por seguiriya. Un día, estando en la Bienal con Chocolate, Agujetas y Terremoto hijo, escuché decir a Chocolate:’¿Hay algo más moderno que cantar bien por seguiriyas o por soleá?’. Si se analiza lo que este hombre, sin tener una cultura, estaba expresando, y es que hoy en día una seguiriya o una soleá bien ‘cantá’ y hecha con sentido vale más que cualquier cante moderno que quieras poner. Lo difícil es hacerlo.

En una época actual en la que la técnica en la guitarra se ha llevado al extremo, ¿se valora más a un guitarrista que acompañe bien?
Desde mi punto de vista, para ser un buen guitarrista de acompañamiento te tiene que gustar mucho el cante y además conocerlos. Si esas dos cosas las acumulas y encima sabes acompañar nunca te va a faltar trabajo.

¿Qué es lo más difícil para un guitarrista cuando sube a un escenario?
Sobre todo saber controlar la responsabilidad, tener la guitarra afinada, saber dar una imagen, tener buena interpretación o el haber estudiado para tener los menos fallos posibles. Una vez Manolo Franco me dijo: ‘Antonio, si para ir a un concurso de guitarra hay que estudiar al ciento veinte por ciento y cuando te subes arriba te queda en un ochenta y cinco, si vamos a un noventa por ciento se te va a quedar en un cincuenta’, por eso hay que estudiar mucho.

Como aficionado al cante que eres, ¿qué es lo que te gusta más en un cantaor?
Primero hay que tener en cuenta lo difícil que es cantar, y en mi caso canto fatal, pero bueno, que no cante bien no quiere decir que no tenga mi sensibilidad y mis gustos. De cualquier forma, no sabría decirlo, porque cada cantaor tiene sus momentos y cada uno tiene sus cualidades.

Como jerezano, ¿se siente valorado en tu tierra?
Valorado creo que dentro del mundillo de la guitarra sí, aunque quizás me sienta más valorado cuando salgo fuera. No me siento desplazado porque en cierta forma soy el único gachó que le toca a todos los flamencos, y eso quiere decir que mi forma de tocar se identifica con la forma de cantar de un gitano y eso es complicado. De todos modos, sí me siento valorado, pero no al nivel que yo quisiera.

¿Has pensado alguna vez en grabar algo en solitario?
Sí que lo he pensado, e incluso amigos míos me han dicho que estoy en la edad ideal para grabar algo en solitario. A cualquer guitarrista le apetece darse el gustazo de realizar una grabación. Tengo temas hechos, y mi idea es hacer un disco con seis temas de guitarra y otros con los mejores acompañamientos que yo pueda tener con los artistas a los que acompaño. Tengo las ideas claras, pero también tengo claro una cosa, que para hacerlo o es bueno o no lo hago. La prueba está en Paco Cepero, que ha tardado en grabar discos en solitario y ha tenido que venirse a Jerez y estar tranquilo para hacer tres discos en cinco años. Es la pura verdad, porque el arte no es un huevo que se echa a freir. Lo que quiero es ir grabando temas, analizarlos y ya después decidir cuáles son los que meto en el disco. Pero tengo claro que lo quiero hacer pronto.