Descendiente directo de Tío Juane y sobrino de Nano de Jerez, Pedro Garrido ‘Niño de la Fragua’ es uno de los jóvenes valores de la tierra con más futuro. Centrado, responsable y culturizado, el cantaor alterna sus estudios de Magisterio de Música con el flamenco, para él «una forma de vida»

¿Cuándo empiezas en esto?
La verdad es que no tengo conciencia de ningún momento de mi vida en el que yo no cantara. Yo me llevo con mi hermano cuatro años y en casa hay fotos de mi madre embarazada de siete meses donde yo aparezco cantando. Mi familia me dice que todavía no sabía hablar bien del todo cuando ya cantaba, con eso lo digo todo.

¿Y cuándo decides dedicarte a esto realmente?
Hombre yo ahora mismo estoy estudiando mi carrera y demás, pero me ilusiona mucho pensar que puedo dedicarme a esto. A mí me gustaría llegar a vivir del cante. Para mí cantar es como hablar, pero claro siempre he cantado y eso lo he visto como mera afición. Sin embargo, un día, que tendría yo 15 años, me propusieron cantar en alguna verbena, luego en una peña ofreciéndome un dinerín y bueno, la verdad es que me gustó. Así fui entrando en la dinámica y esto de cantar me ha ido absorviendo cada vez más hasta ahora.

¿Con qué problema se encuentra el cantaor joven como tú si quiere vivir de esto hoy día?
Hoy en día la problemática es muy diversa. Por un lado está el tema de que el flamenco es conocido universalmente y cada vez hay más cantaores. Creo que estudiando y poniendo interés se puede llegar a ser cantaor. Que transmita más o menos… o que guste más o menos…, pero está visto y comprobado que el que se siente enamorado de esto, con voluntad e interés, puede llegar a tener un sitio importante dentro del flamenco. Teniendo en cuenta eso, el nivel de competencia es altísimo. Luego está el tema de las relaciones y los contactos. Se puede ser muy buen cantaor que si luego no tienes un buen trato con la gente o no conoce a alguien que te apoye no vas a ningún lado. Eso es lo más difícil.

¿Cómo ves el flamenco actual?
Para mí el flamenco es una filosofía de vida o una forma de ser y desde que me levanto soy flamenco, a la hora de comer, de caminar, de hablar, en fin, de todo. Lo que pasa es que claro no es lo mismo los tiempos de antes que los de ahora. Afortunadamente, la vida ha evolucionado y casi ninguna familia pasa necesidades como antes. Entiendo que el flamenco tiene que evolucionar pero siempre respetando lo anterior. Ahora bien, el que quiere dedicarse a esto debe estar a expensas de lo que al público le guste. Lo puro hoy día es para minorías y hay veces que tiene que buscar otras ramas. En mi caso, que estoy estudiando magisterio de música, y que me gusta lo clásico, lo pop… un poco de todo, no me importaría que el flamenco se dejase influenciar con otro tipo de músicas. Mientras lo que se haga, se haga con sentido y con arte puede quedar bien, de otra forma provoca sólo un daño al flamenco.

Eres una persona tímida de por sí, ¿cómo has superado el hecho de subirte a un escenario con tanta gente delante?
Pues mira, es cierto que soy una persona tímida pero si quieres dedicarte a esto no te queda otra que echarle un poco de cara. A mí me pasa una cosa y es que cuando tengo que cantar me gusta estar concentrado y tomarme mi tiempo. Es más, personalmente no me gusta cantar en las fiestas, creo que soy un cantaor de escenario. Por eso cuando voy a alguna peña o un teatro me hago antes el cuerpo para olvidarme de toda esa timidez y los nervios.

El hecho de ser sobrino de Nano de Jerez o nieto de Tío Juane, ¿te ha beneficiado o te ha perjudicado?
Primeramente ayuda. Es algo beneficioso llegar a un sitio donde no te conozcan y decir que eres sobrino del Nano. ‘Hombre el Nano que buen cantaor, ¿entonces tú eres nieto de Tío Juane? A éste habrá que escucharlo’. En ese sentido es bueno, pero por otro lado está la carga y la responsabilidad que eso conlleva. Tienes que tener cuidado al abrir la boca porque de antemano te imaginan a una cierta altura. Es un arma de doble filo, la verdad.

¿Cómo te defines como cantaor? ¿Eres diferente por esa voz tan particular?
Siempre he oído eso de la voz afillá o ronca o de la voz laína como la mía. Sinceramente, creo que a mí la voz me va a cambiar poco ya. Se me hará con el paso del tiempo pero no me va cambiar. Pienso que tener una voz así es bueno, porque tenerla muy flamenca también te limita. En mi caso puedo cantar muy flamenco, pero por otro lado puedes permitirte que los cantes ganen musicalidad, ganen armonía y que pueda acercarse a otros tipos de músicas. Luego, en cuanto a cantaor, me considero un cantaor normal, ni para delante ni para detrás. Si uno quiere vivir de esto hay que estar en todos lados. Es cierto que cuando canto para bailar tiene que ser con alguien que me limite poco, pero bueno también lo he hecho y no me desagrada.

En muchas ocasiones has acudido a concursos de distintos puntos de la geografía, algunos con grandes actuaciones. ¿Es otra faceta tuya?
La verdad es que no y lo explico. Los concursos son un arma de doble filo porque si siempre te dedicas a ir a concursos llega un momento en que ninguna peña te llama, no sé por qué, pero es así. Luego, reconozco que también es bueno porque si sabes elegir a qué concursos vas, a los importantes y los que ayudan, te puede servir para abrirte puertas. Si lo miras de esa forma sí puedo ser más ‘concursero’, ahora, si alguna vez dependiese tanto de un concurso para cantar prefiero no cantar más.

¿Y cómo han sido tus apariciones por estos certámenes porque a raíz de algunos has cantado recientemente en Murcia?
En el 2006 participé y gané un concurso para Jóvenes Valores que organizaba la Federación de Peñas de Sevilla; en el 2008 quedé segundo en el de la Federación de Peñas de Cádiz, en 2007 gané el Concurso de la Peña El Perro de Paterna, donde el cante obligado era la granaína, que aquí en Jerez la gente joven no hace mucho. Este verano conseguí el primer premio de Lo Ferro en los Cantes de Levante. En comparación con otras personas no tengo tantos premios, pero sí me han ayudado bastante porque he hecho muchos circuitos de peñas.