Cádiz sigue apostando por el flamenco un verano más. El Baluarte de la Candelaria ha acogido los tradicionales Jueves Flamenco cuyo contenido ha sido de suma calidad desde que empezó el jueves 23 de julio. Hasta ayer, el último de los jueves, 20 de agosto, han pisado las tablas cantaores de primera como el jerezano Jesús Méndez, David Palomar, la familia Montoya, Capullo de Jerez o David Lagos.

Para la última jornada, la peña Enrique El Mellizo, quien organiza, pudo aglutinar a tres cantaores de muy distinto registro pero de absoluta eficacia transmisora. El primero en salir fue Cancanilla de Málaga. Un cantaor al que se le puede llamar de artista por su impronta y personalidad encima del escenario. Incluso vistiendo tiene un mensaje que embauca y emboba. Su trayectoria en los tablaos se refleja perfectamente cuando modula la voz y, sobre todo, cuando se levanta en las bulerías para bailar con un compás inusual en los cantaores. Sebastián Heredia, su nombre de pilas, comenzó la partida por bulerías para escuchar con un acompañamiento guitarrista extraordinario, el de Chaparro de Málaga. El marbellí es muy querido en Cádiz y el público estuvo con él en todo momento. Prosiguió por tientos y tangos haciendo un guiño a su paisana La Repompa. Con su voz laína demostró maestría en el macho de la seguiriya acordándose de Manuel Torres. Por bulerías concluyó una actuación memorable, de un nivel extremadamente rico.

No sólo hubo cante, también baile. La artista local María Moreno viene de aprender con Antonio Canales, Rafaela Carrasco, Javier Latorre o Juan Ogalla, casi ná. Desde entonces ha cosechado éxitos en concursos y tablaos flamencos. En Cádiz, contó con la voz señera de Enrique ‘El Extremeño’, que por cierto sorprendió por su cambio de imagen, muy delgado y favorecido. La guitarra la puso Juan Campallo y las palmas Emilio Castañeda y El Oruco. Se pudo ver a una bailaora racial y vehemente, que no conoce la seducción a través delicadeza. Todo lo contrario. Su mirada es fuerza y coraje, y sus movimientos, fijos y certeros. Atractiva en el escenario, paseó la soleá del Extremeño con armonía y muy al estilo sevillano. Más a Sevilla supieron los romances del final, a los que faltaron romanticismo. Ahí sacó el coraje de Carrasco, Ledesma, Concha Vargas y toda esa escuela para poner, con un vestuario bastante acertado, el epílogo a una gran actuación.

Pasada la media noche salió al escenario Pedro ‘El Granaíno’ y la guitarra de José de Pura. El cantaor de Granada llevó la armonía musical al Baluarte a través de estilos bien trillados. Su voz camaronera enmudeció al gentío en la interpretación de la Nana del Caballo Grande. Antes, ya había dejado boquiabierto al asistente con el pregón del Uvero. Por seguiriyas fue muy aplaudida su interpretación. Un sublime José de Pura mantuvo el nivel en todo momento, sobre todo en las bulerías que ambos realizaron con aires camaroneros. Concluyó por fandangos al estilo de Chocolate con el público en pie.

Nada mejor para acabar la noche y el ciclo que con el artista más activo de la actualidad, Antonio Reyes Montoya. Almíbar puro. Pellizco y momentos. Genialidades y personalidad. Querido, muy querido y respetado. Con la inmejorable guitarra del genio jerezano Diego del Morao, puso el patio bocabajo desde el principio hasta el fin de su actuación. Elegante como siempre, recurrió a estilos habituales pero con distintas letras. Por soleá rompió moldes. A las alegrías les hizo un auténtico monumento. Por tangos durmió a las fieras y despertó a los mansos. Cada minuto era mejor al anterior.

Las seguiriyas acabaron con el cuadro. En los fandangos se puso de pie y se acordó de Caracol. Por bulerías fue el acabose. Diego seguía creando música. Las palmas de Tate Núñez, Diego Montoya y Manuel Vinaza disfrutaban a la par que acompañaban. Patricia Valdés salió para bailar. Todo era una fiesta. Por fandangos, cerró el telón.

JUAN GARRIDO