La tercera jornada del ciclo resultó ser cuanto menos interesante. Sobre el escenario del Alcázar pudimos apreciar a artistas que rondan los treinta años y que, cada uno en su justa medida, construyen un camino basado en la raíz del cante. Por otra parte, también hubo momentos para la madurez artística, esta vez, en los pies de la bailaora Ana María Blanco, que hacía más de una década que no participaba en eventos de este nivel.

Andrés Cañadas, presentador, fue el encargado de dar la bienvenida y, a su vez, leer un comunicado por parte de la organización que informaba los cambios de última hora: Remedios Reyes debía ausentarse por motivos de enfermedad, en su lugar, actuaría Tamara de Tañé. Hubo gente, muy poca, que prefirió marcharse y que le devolvieran el dinero de la entrada.

El primero en salir fue Enrique de Remache. Artista local en el que recaen grandes dinastías del cante jerezano, desde Terremoto al Sordera pasando por Diego Carrasco. Es por esto que se responsabiliza con su pasado y emite un mensaje de esperanza para su barrio de Santiago. Barrio que no pasa por sus mejores momentos y que apoya, así se reflejó en el público, a los amaneceres que aparecen como agua de mayo. Enrique comenzó por tonás con estilo y un tanto nervioso, quizás fruto del poco tiempo del que disponía para cantar. Su curso se encaminó por soleá, en las que arriesgó sobremanera, y por seguiriyas, acabándola con la cabal del Serna con absoluta entrega y pasión. El público lo agradeció con una larga ovación. Su inteligencia cantaora, su razón, no puede renegar de lo que otros le dejaron, y ahí está su triunfo. Por bulerías puso al público en pie. La guitarra la puso, como el resto de la noche, un extraordinario Manuel Jero, cuya técnica sólo es superada por la grandeza de su alma. Grandiosa noche la de Jero.

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Tamara de Tañé se presentó por alegrías. Una voz más experimentada que la anterior, consiguió su propósito y encandiló al respetable. Tamara, que estuvo en el pasado Festival de Jerez como solista, tiene una gran proyección cantaora, pues como demostró, su furia flamenca resucita el aliento de las artistas más festeras. Sus estilos más representativos son los de compás, aunque ayer, con ánimos de dar todo lo posible, se atrevió con las seguiriyas dejando un buen sabor de boca. Realizó unas bonitas malagueñas en honor a la Niña de los Peines y a Fosforito. Por bulerías se levantó, se arremangó los machos para bailar y sacar lo mejor de sí. Aun sin ser su guitarrista habitual, Jero seguía deleitando con su guitarra con una magnífica compenetración.

La bailaora Ana María Blanco volvió a su casa despachando maestría con un grupo muy habitual en sus tiempos. La guitarra de Jesús Álvarez, y los cantes de Luis ‘El Mono’ y Agustín Mancheño, compaginaron una bulería por soleá con las bulerías finales. El no haber estado al día hace que su técnica no tenga la precisión que hoy se exige, no por ello, es justo reconocer que en el escenario demostró dotes de lo que un día fue. Su vestimenta fue muy sencilla a la vez que elegante.

Para acabar salió Rancapino Chico para protagonizar uno de los recitales más brillantes  que se recuerdan en las últimas ediciones. Su aparición fue enseguida valorada por todos los aficionados que, en gran parte, fueron a verlo a él. Un artista que llenó el escenario de melismas pasados, de siluetas de antaño, del sabor de su padre. Por soleá se acordó de Cádiz arrastrando los bajos y acabando por todo lo alto. Con sus alegrías roció el ambiente con el agua salinera de la Barrosa, genial. Muy despacito y con buena letra. Manuel Jero, perfecto. También destacaron las palmas de Israel López y José Rubichi, muy entonados en todo momento, gran soniquete. En las seguiriyas levantó al público. Siempre con gran nivel sentimental. No quiso meterse en las bulerías sin interpretar unos tangos compuestos por el maestro Cepero, que tienen todo el sabor de sus canciones. A él se los dedicó, también tuvo palabras para Antonio Higuero y Niño Jero, dos guitarristas maestros. Ya por bulerías se puso de pie y se acordó de Caracol, como hizo el día antes Antonio Reyes en Cádiz. Ambos tienen cierto parecido, será por las influencias artísticas comunes. Cerró su memorable actuación por fandangos a petición popular consagrándose, a su vez, como uno de los artistas con más futuro del cante gitano. Un fin de fiesta prescindible nos emplazó hasta la próxima jornada.

JUAN GARRIDO