Salvador Román es un hombre especial. Muchos jóvenes no lo conocerán, pero los artistas de la época dorada del flamenco, los que prosperaban en los años setenta, volcaron en él las esperanzas y las inquietudes de una transición musical. ‘El Pali’, así lo conocen, introdujo el violín al flamenco y otros instrumentos musicales que, por entonces, eran impensables. Como persona se muestra un ser libre, amante de la naturaleza y de la música en general, desde Manuel Agujetas a Jimi Hendrix.

¿Qué llegó antes a su vida, el flamenco o el violín?
El flamenco sin duda. Yo nací en La Plazuela y allí me crie, entonces siempre me he rodeado de grandes amigos flamencos, cantaores y buenos aficionados. Entonces nos reuníamos en las juergas y yo los escuchaba y disfrutaba a la vez. Más tarde, cuando terminé la mili, con unos 23 años, fue cuando ya empecé a tocar el violín. En principio yo lo hacía para expresarme de alguna manera ya que cantar no podía, por eso digo que soy un cantaor frustrado. Entonces cogía el violín para poder expresarme, sin técnica ni falsetas, sólo llevando lo que sentía al instrumento.

Pero el violín, ¿se lo regalan o es que le gustaba desde siempre?
Es curioso. Un día estábamos en casa de Kiko Guerrero, que más tarde fundó el grupo Imán, que vivía cerca de Santiago. Pues nos juntamos allí unos cuantos de la época y formamos una fiesta, aquello era una mezcla de estilos musicales tremendos, cosas de aquel tiempo, y apareció de buenas a primera un violín por allí por el sofá. Sería de la familia de Kiko. Total que cogí el violín y empecé a tocarlo y se me dio bien, me encantó. Al día siguiente fui a comprarme uno baratito y comencé, de manera autodidacta, a aprender y a expresar lo que quería cantar en el instrumento.

Habla usted de aquella época… ¿época de la fusión?
No sé si de la fusión, pero sí es cierto que aparecieron artistas con otras inquietudes y nuevas fronteras. Hasta entonces el flamenco era lo que era y en esos años, en los setenta, pues gente como Pedro Carrasco ‘Niño Jero’, Moraíto o Paca y Manuela, tenían ideas más modernas y se plasmaba en la música. Momentos en los que comenzamos a incluir otros instrumentos como la guitarra eléctrica y la percusión. Ya luego jugó un papel fundamental Paco de Lucía, sin duda.

Y un violín acompañando a una seguiriya en aquel entonces tuvo que crear polémicas.
Periquín fue el primero que empezó a valorarme musicalmente. También Diego Rubichi. Pero Periquín sobre todo, porque me llevaba en su espectáculos o recitales sin que nadie supiera que yo iba a tocar el violín. Había gente que cuando me veía se enfadaba con él por llevarme y tal… él siempre decía: “esto es lo que hay”. Luego ya hubo artistas, como Pansequito, a los que gusté y me llamaron. Yo es que también era muy aficionado y tengo mucho respeto, entonces me respetaban a mí.

Me ha extrañado lo de Rubichi, un cantaor tan ortodoxo con un violín al lado…
Pues todo lo contrario. Tenía la mente muy abierta y, aunque su cante fuera el de toda la vida, en ocasiones me pedía que lo acompañara, sobre todo en las reuniones más íntimas. El propio Manuel Agujetas estuvo tirándome los tejos para grabar algo pero no logramos ponernos de acuerdo. Sí con su hijo Antonio, que se ha reeditado ahora y hemos incluidos algunos temas nuevos. Agujetas, por ejemplo, tiene la mente muy abierta donde tú lo ves, él grabó un disco hace años con Gualberto García incluyendo instrumentos hindú.

¿Tiene el flamenco, para usted, semejanzas con otros estilos musicales o culturales?
Siempre he dicho que el jazz y el flamenco tienen orígenes parecidos. Desde aquel ‘Sketches Of Spain’ de Miles David se han acercado mucho ambas músicas. Eso fue algo extraordinario porque se grabó a principios de los sesenta y no había Internet ni nada, entonces supo conectar con los flamencos más innovadores. Yo se lo he puesto ese disco a todos mis amigos flamencos para que vean cómo se pueden hacer las cosas con ese gusto. No hace mucho, Wyton Marsalis y Chano Domínguez hicieron algo con Tomasito y también pudo verse esa unión entre culturas. Me apasiona.

También lo hemos podido ver tocando el sitar de la India…
Es otro instrumento que casa muy bien con la seguiriya y la soleá. Sólo dando algunas notas, sin molestar. Es que antes era todo muy distinto, vuelvo a lo mismo. Yo cuando quise aprender algo más del violín me apunté en el conservatorio de Jerez y no había nadie que hubiera tocado algo flamenco. No me comprendían. Es que yo fui uno de los primeros en meter el violín en el flamenco, sino el primero. Ahora sí hay más gente y los más jóvenes pueden tener referencias, pero por entonces, no había nadie. Todo era nuevo.

¿Puede decirse que es usted pionero en el violín flamenco?
Alguien me dijo un día que Antonio Mairena había grabado algo con un violín, y que no me creyera que yo era el primero en hacer algo de eso. Aunque si te soy sincero, nunca logré escuchar ese disco, ni asegurar que había alguien antes que yo. Posiblemente, pero lo mío no era copiado. Fue algo muy natural, volcar mi expresión flamenca en un violín, como si fuera una guitarra.

Actualmente, el violín sigue sin haber cogido un peso específico en el flamenco. ¿Qué piensa al respecto?
Pues que hay algunos intérpretes que han elevado el violín de manera evidente, caso de Bernardo Parrilla. Aun así la clave está en los conservatorios o escuelas. Si no hay profesores que puedan, por falta de dinero claramente, ofrecer cursos a gente interesada y demás, nunca se desarrollará de forma más extensa. Todo se quedará en algunos referentes y poco más. Todavía hoy día, hay jóvenes que tienen que aprender de forma autodidacta si quiere hacer algo en el flamenco. Es una pena que no apuestan por este tipo de música.

Tampoco hay cantaores que apuesten por llevar en sus recitales a un violinista ¿no?
Yo entiendo que algunos cantaores pueden echarse tierra a sí mismo con un violín al lado. Pero recuerdo que el propio Diego Rubichi me decía que la pureza del flamenco no es del instrumento sino de la persona. Hoy en día en el flamenco, como en otras músicas, debe tener cabida instrumentos de todo tipo, mientras se utilicen desde el respeto, el conocimiento y la afición. Si un gitano tocase la trompeta, cómo le voy a decir yo que eso no es flamenco. Cómo le puedo decir yo a Bernardo Parrilla, viniendo de donde viene, que lo que toca no es flamenco. Sería una locura. La pureza la lleva uno, no el instrumento, es mi opinión.

Convivió usted mucho con Juan Moneo ‘El Torta’, ¿otro rompedor?
Recuerdo a Juan cantando en un bar de la Plazuela con Camarón. Dos cantaores que dieron un impulso al flamenco desde la máxima ortodoxia. ‘El Torta’ era un gitano muy aficionado, pero luego pues tenía unas inquietudes propias de la época y de la edad, como teníamos todos. Le pasaba como a mí, siendo tan rompedor lo que más me gusta, como le gustaba a él, es Manuel Torre, Mojama, Terremoto, Borrico… No sé por qué pero cada día me gusta menos lo que se está haciendo ahora.

Vuestra generación pudo convivir con algunos de ellos, quizás sea por eso…
A ver, es que mi generación, ‘El Torta’, Luis de la Pica, Moraíto, José Vargas ‘El Mono’, Curro de la Morena, Rubichi… han dado la vida por el flamenco, literalmente. Cuando cantaban les pasaba eso de que la boca le sabía a sangre. Ahora hay jóvenes que hacen los cantes de Luis de la Pica, pues a mí me sabe a poco.

¿No peca usted de pesimismo?
En absoluto. Lo mismo que te digo esto, reconozco que pienso que el flamenco está en plena expansión y que tarde o temprano, ocurrirá algo que lo colocará donde se merece. Ahora debemos centrarnos en la importancia de la expansión, dentro de unos años, ya analizaremos qué artistas son tan importantes como los que he mencionado antes.