El formato que pudimos ver en el patio de San Fernando del Alcázar de Jerez en la 48 Fiesta de la Bulería resultó exitoso. El cambio de ubicación provocó el recogimiento y el disfrute. Unas 1800 personas asistieron al evento, unas 300 fueron invitaciones. Pero el público disfrutó, que es lo que cuenta. Ya parece que no se echan tanto en falta las neveras, todo es acostumbrarse. Mirando al pasado, nuestra fiesta debe crecer con las inquietudes del presente y los sueños del futuro.

El apartado artístico estuvo dividido en dos bloques, no cronológico, pero sí en esencia. Jerez y Sevilla. Por un lado, la maestría bailaora de Manuela Carpio, jerezana de pro que merecía un sitio en este festival al que no asistía desde hacía dos décadas. Por méritos propios, fue ella quien encendió las luces del éxito aunque fuera la última en aparecer en escena. Con empaque y majestad, soltura y enjundia, se rodeó de su grupo como una matriarca de las de antes para derramar el arte de su cuerpo en más de una hora y media de baile. Ella sola es capaz de conmover con quiebros inexplicables que nos llevan al origen de todo esto, pero que a su vez posee la técnica del ahora, del trabajo diario, de la entrega pasional. Nuestra Manuela, se atavió de terciopelo negro y chaquetilla blanca para comenzar por bulerías al compás de una mesa, rodeada de cantaores de primera. Desde el grosor fónico y grandioso de Juanillorro, hasta el eco libre de ‘El Quini’, pasando por el sentido y el pellizco de ‘El Lavi’, y la sapiencia y el oficio el Enrique ‘El Extremeño’, sin olvidar a otro Carpio, el joven Iván, muy flamenco. Juan Diego a la sonanta entonó, encendió la mecha, y Manuela explotó. Por soleá dijo “aquí estoy yo”, y puso aquello bocabajo, esta vez, con terciopelo burdeos. Guarda en su memoria un sinfín de patas antiguas actualizadas para la ocasión.  Volvió a aparecer por bulerías para despedir una extraordinaria actuación, cuyo empaque sólo es comparable al de las más grandes de la historia del baile jerezano. Sin duda, la Carpio lleva la bandera del baile flamenco y gitano en Jerez. Que sea por muchos años más. Por cierto, mención especial merece el baile de Israel Carpio ‘El Cachorro’, quien emocionó por su naturalidad y flamenquería, un compás que sólo tienen unos pocos, y a él le viene de familia.


Jerez también llevaba tiempo en deuda con sus mayores. Los culpables de todo y a los que se les debe un profundo respeto. Con el grupo ‘Arte Añejo. De Santiago a La Plazuela’ saboreamos la solera del cante, el baile, el toque y el compás de la tierra. Tras una magnífica presentación de Pepe Marín, el público recibió al grupo como lo despidió, con palmas por bulerías. Desde que Pedro Carrasco ‘Niño Jero’ y Domingo Rubichi pulsaron las cuerdas de sus guitarras, lo que aconteció sólo puede describirse con una palabra: flamenco. Sin ataduras ni cortapisas, sin necesidad de perfección ni excelencia, pero con todo el compás del mundo. Lorenzo Gálvez ‘Ripoll’ dio una clase magistral por bulerías de Jerez, sin prisas, dando pellizcos. Paco Ruiz Méndez nos trajo el sabor campillero de su tío Eduardo y su mare Dolores, impecable, soberbio, sorprendentemente capaz. Tío Chico de Pacote trasladó al escenario las mil y una fiestas del Tabanco Ignacio, allí en medio de La Plazuela. Personal como él solo. Luego bailó para partirse los cuellos de las camisas. Alfonso Carpio ‘Mijita’ puso el metal de fuego que se quedó impregnado en cada pecho sensible. Conocedor y entendedor del cante de Jerez. El baile de Tía Majuma, patrimonio vivo y material del pueblo gitano. Manuela de Pastilla dibujó con sus manos cien años de historia. ¡Qué manera de bailar! Y para rematar, dos palmas de categoría, Diego Valencia ‘El Cabero’ y Antonio Méndez ‘El Chusco’. Dos palmeros que hicieron por veinte, parafraseando a Pepe Marín. También se sumó a la fiesta Pepe ‘El Zorri’, que bailó como de costumbre para deleite de todos. El público se puso en pie para despedir la entrega de estos veteranos a los que hay que recurrir para entender un poco más de todo lo que puede verse hoy día en los escenarios. Este grupo pudo verse encima del escenario gracias a la labor de la Federación Local de Peñas Flamencas.

En el otro bloque entraban las dos musas sevillanas, Lole Montoya y Remedios Amaya. Ambas tuvieron la difícil labor de encandilar al público jerezano. Público que cuando quiere, es más exigente que ningún otro. Fiel al estilo de la fiesta, realizaron, cada una en su momento, aires a compás. Predominó la bulería en toda la noche. La primera en salir fue Lole Montoya, también fue la encargada de abrir la gala. Su voz aterciopelada enamoró desde el principio. Con esa mirada es capaz hasta de transmitir lo que su compañero del alma. A él, a Manuel Molina dedicó su actuación. También tuvo palabras para Moraíto. Interpretó temas tan populares como ‘Érase una vez’, ‘Romero Verde’ y un poema a Federico García Lorca. A la guitarra estuvo acompañado de forma magnífica por José Acedo. Su sensibilidad nos trajo aromas trianeros de sublime transmisión y de una belleza extrema.

Remedios Amaya, musa de Camarón, se paseó por el escenario con un traje negro de flecos que la hacía todavía más artista. La gitana se prestó desde primera hora a formarla, pues se entregó como el resto de compañeros y, a través de sus tangos y bulerías, la recordaremos como una de sus mejores actuaciones en Jerez. El público la recibió con entusiasmo. Sus ojos negros llegaron hasta la última banqueta de las gradas. Intimidante, se despegaba del micrófono para callar a los pocos ruidosos del lugar con su eco rotundo. Se emocionó, y mucho, recordando a Moraíto, a ‘El Torta’ y a Manuel Molina. La guitarra la puso el maestro Juan Requena, que acompañó a la perfección a la guapa gitana. Las palmas estuvieron a cargo de los jerezanos Ali de la Tota y Manuel Soto ‘El Tripa’.

En el fin de fiesta, siempre prescindible para mi gusto, se unieron todos los artistas, destacando, una vez más, el baile de Manuela Carpio, quien reventó con el cante de Remedios Amaya. El epílogo a una jornada que parece ser un punto de inflexión para el futuro, pues, con el formato que ayer se “descubrió”, el futuro parece que irá por ese camino.

TEXTO: JUAN GARRIDO
FOTOS: MARTA VILA