¿Y aún hay gente que cuestiona el papel de las peñas flamencas de Jerez para con el flamenco? Pues tras la jornada de ayer podemos asegurar que quedan en un lugar de prestigio y respeto. Tener en menos de 12 horas, a menos de dos km de distancia, a dos cantaores tan relevantes en el panorama actual como Alfonso Carpio ‘Mijita Hijo’ y a Vicente Soto, es cuanto menos para valorar y agradecer. ¡Ah! Y todo esto gratis. Bueno, gratis para los visitantes y asiduos, para los peñistas no.

Entrando en materia, la Peña Buena Gente sigue su curso dentro de su programación de Otoño que con tanto esfuerzo estan celebrando. El protagonista del sábado 31 fue Alfonso Carpio Fernández, ‘Mijita Hijo’, cantaor nacido en Santiago y criado en la Plazuela que mostró oficio y fuerza, pasión y duende. Fue presentado por Rafa Marín. Se paseó por estilos tan rítmicos como las alegrías o la malagueña acabadas en abandolaos. Las palmas de José Peña y José Rubichi fueron dignas protectoras del compás más autóctono jerezano. Y la guitarra de José Gálvez, inconmensurable en la ejecución, hizo temblar las columnas de la Nave del Aceite. Alfonso se creció de forma evidente en la soleá y en la seguiriya, también en los tientos y tangos. Por fandangos hizo llorar. Y por bulerías levantó al público que llenaba la peña del barrio se San Lucas. En el transcurso, la junta directiva presidida por Nico Sosa, hizo entrega del trofeo de saetas que ganó Alfonso hace años en la modalidad de Manuel Torres, y que, por entonces, se le hizo sólo la entrega del premio en metálico. Su padre Alfonso Carpio ‘Mijita’ se marcó un baile por bulerías en apoyo a su hijo. Una tarde para el recuerdo de todos los presentes, por el cantaor, por el guitarrista, por las palmas y por la organización. Por cierto, si José Gálvez se toma enserio esto de acompañar al cante puede situarse en lo más alto. Quedamos prendados por su toque.

Otro guitarrista que estuvo de bien para arriba fue Antonio Higuero que acompañó a un maestro del cante jerezano, Vicente Soto Barea ‘Sordera’. Este señor y galán, que llena el escenario sólo con su presencia, destapó el tarro de las esencias jondas para satisfacer a los sabios y entendedores que se concentraron en la Peña Flamenca Tío José de Paula. Vicente fue el encargado de cerrar el XXXI Otoño Flamenco que ha presentado Pepe Marín. Vicente sabe lo que hace, no sólo hace lo que sabe. Conocedor, nos ilustró una conferencia cantada por martinetes, tonás y deblas. La peña se desboronó con gusto en las alegrías, mirabrás y cantiñas. En la soleá no tuvo por menos que acordarse del árbol del que viene. Cerró la primera parte por tangos cuya mirada a Triana gustó bastante. Antonio Higero, perfecto en ejecución y sensible en sentimientos. En la segunda parte salió para romper los moldes por aires mineros. Luego bulerías para escuchar emotivas y con mirada al Sordera, patriarca de la saga, y fandangos dedicados a Juan Barea, su tío allí presente. Cerró su recital por bulerías con un compás que se lleva en la sangre y a las que se sumó el baile de Antonia ‘La Yoya’.

Antes de despedir la noche, Joaquín ‘El Zambo’, presidente de la entidad, y Ana Fernández, RR.PP., hicieron entrega al cantaor de una pintura realizada por Pepe Basto en la que se refleja la esencia cantaora de Vicente Soto.

TEXTO: JUAN GARRIDO
FOTOS: PACO BARROSO/ JUAN GARRIDO