Sophia Quarenghi cambió una vida estable y segura por la inapelable necesidad de buscar la espiritualidad y felicidad a través de la música, concretamente, del flamenco. De Basilea a Jerez para conocer la esencia que modificó el devenir de su propia existencia.

¿Se imaginó algún día ofreciendo una conferencia sobre el violín en el flamenco?
Teniendo en cuenta mis orígenes y mi pasado pues nunca lo hubiera pensado. Si echo la vista atrás, mi vida ha cambiado mucho y siempre estoy abierta a emprender proyectos nuevos, por lo tanto, estoy muy contenta de poder explicar mi experiencia en el flamenco a través del violín. Es algo que me apetece mucho, tenía ganas de hacer algo de esto para que supieran todo el peso que los instrumentos de cuerda tienen en el flamenco actual. Violines, violas, chelos, contrabajos… tienen mucha presencia en este arte. Me sentía con la responsabilidad de contar mi experiencia.

Para hablar sobre la relación del violín y el flamenco, ¿sólo se ha basado en la práctica?
En absoluto. Mis inquietudes me llevan a ir más allá. He contado con la colaboración de algunos entendidos en tareas de investigación, caso de Juan Salido Freyre por ejemplo, que a su vez me puso en contacto con Luis Suárez Ávila, conocedor y erudito del flamenco. Él fue quien me dio una línea a seguir y me sumergí en los archivos de la biblioteca, viendo las influencias, estudiando el flamenco en sí, su historia, estilos e intérpretes.

Una tarea nada fácil para alguien que no tiene ninguna base en el flamenco…
Es todo tan complejo… El flamenco es un arte que nunca acabas de conocer. Siempre te está sorprendiendo, enseñando cosas nuevas, pero es una música que te completa como persona. A veces me paro y pienso que debo dejar de estudiar cosas nuevas para volver a recordar lo que aprendí al principio de mi relación con el flamenco. Aun así estoy encantada con la vida que decidí vivir hace casi dos décadas.

¿Y cómo le da por venirse a Jerez desde tan lejos?  ¿Cómo fue aquello?
Yo soy natural de Basilea, Suiza, y desde muy pequeña he tenido inquietudes en la música. Con tan sólo cinco años tuve los primeros contactos con el baile clásico y el manejo del violín en el conservatorio de mi cuidad, algo que me ha ayudado mucho a tener una amplitud musical en la actualidad. Más tarde me incorporé a la Orquesta de Cámara y a la Orquesta Sinfónica de Juventud de Basilea, ya como solista. Una vez que llegué a la etapa universitaria y me centró en mis estudios en medicina, psiquiatría, y comencé a viajar hasta toparme con el flamenco. Fue en 1989, en Almuñécar. Desde ahí, supe que mi vida iba a cambiar…

O sea, que Jerez no fue quien te metió en esto…
En principio no. Allí en Almuñécar, que era la Feria de San Miguel, fui a una fiesta con una amiga y vi a unas mujeres bailando rumba, bulerías… Me causó tanto impacto que decidí conocer más en profundidad todo ese ritual dancístico. A mí, que me movía dentro de la danza clásica, me pareció importante acercarme al baile flamenco. Luego cuando terminé mis estudios universitarios y comencé a ejercer en la psiquiatría pues aprovechaba cualquier etapa vacacional para venirme al sur y seguir conociendo.

Teniendo allí una estabilidad económica y profesional, ¿lo deja todo por el violín, la música y el flamenco? 
Sí. A mucha gente le cuesta creerlo pero me volqué en mis nuevas aspiraciones. Te cuento. Me tomé algunas semanas libres en el trabajo para volver a Andalucía y aprender baile flamenco. En principio vi como posible montar en mi ciudad un estudio de baile y poder, desde allí, tener el contacto con el flamenco. Lo conseguí. Luego me paseé por Sevilla, Córdoba, Granada, Almería, Cádiz y Jerez. En Jerez conocí el vino y respiré un ambiente tan cercano y especial que tuve que vender aquello y empezar a vivir en Jerez en 2002. Todavía me emociono. La psiquiatría no me llenaba emocionalmente, me sentía insatisfecha… Lo dejé todo por esto.

Una vez que está en Jerez, ¿quién la introduce en el mundillo flamenco?
Pues las cosas fueron saliendo solas, poco a poco. Tuve suerte en realidad. Aunque trabajaba en Jerez, al principio estuve viviendo en Cádiz por intermediación de unos conocidos y me incorporé al grupo de villancicos de la Peña Juan Villar, me daban 10 euros por actuación. Luego trabajé en bodegas, en un tabanco, también con el violín, y hasta que me conoció Rosario Lazo Montoya ‘La Reina Gitana’, quien me ofreció mi primera oportunidad más notable.

A todo esto, su preparación era autodidacta…
Claro. Yo escuchaba flamenco y plasmaba las armonías de una guitarra en mi violín. Intentaba expresar mis sentimientos flamencos con el violín. Yo venía con la formación clásica, y fui conociendo el ritmo, el compás, el aire del flamenco para hacer una mezcla perfecta. Bueno, a todo esto, el baile lo fui dejando un poco a un lado y practicando sin parar pude colaborar con artistas como Ezequiel Benítez, Juan Zarzuela, Juanillorro, Fernando Terremoto…

Echando la vista atrás, ¿se arrepiente de algo?
En absoluto. Ahora, tras años viviendo en Jerez y dedicada a la música, creo que mi preparación en la medicina me ha servido para madurar, hecho que se plasma en mi manera de interpretar. Todo ha tenido un sentido. Soy muy empática y cuando he tratado con enfermos mentales me ha servido para sensibilizarme más aún, y tener sentido de la responsabilidad. Tener una mente abierta, todo es aprendizaje.

¿Se puede vivir actualmente del violín en el flamenco?
Es muy difícil, sinceramente. Hay que adaptarse al momento y las necesidades han de ser menores de lo habitual. En mi caso, estrené mi espectáculo ‘El Arco Flamenco’ en el momento en el que la crisis estaba más presente, ahora ya se habla de «brotes verdes». Yo me adapto a las circunstancias, es más, creo que salgo fortalecida de las situaciones más graves. He hecho de todo, desde tocar en un grupo de reck celta, hasta interpretar blues o jazz, he acompañado a Paco Cepero o a Fernando Terremoto, he participado en la compañía de baile de María José Franco, colaboro con Antonio Reyes, Rancapino Chico, Paco Cepero… sé reinventarme, por ello no me da miedo.

Ahora que habla del jazz o del blues, ¿a qué estilo se asemeja más el flamenco?
El flamenco es dolor, es sentimiento, es expresar. Es preferible fallar en alguna nota que tocar sin alma. En este sentido, creo que el blues tiene más cercanía. Entiéndase por la esclavitud que sufrieron la población negra en América. Eso en la expresión tiene mucho en común con el flamenco. También el jazz, que deriva del blues. Ese ‘quejío’, el sentido emocional, el sentido intelectual y armónico del flamenco me parece que se asemeja más al blues.

Y la fusión entre flamenco y blues, ¿cómo la ve?
Desde mi posición es complicado poder hablar de fusión. Entiendo que lo importante es conocer bien el flamenco, en profundidad, desde la raíz, lo más tradicional… al igual que ocurre en el blues. Luego, si esa fusión está bien hecha, desde el conocimiento de ambas músicas, pues bienvenido sea. El problema está en cómo vamos a llamar a ese producto. El tema es delicado. Yo estoy centrada en conocer la esencia del flamenco.

La esencia del flamenco puede ser, en parte, la convivencia, ¿ha procurado vivir esas juergas espontáneas? 
Claro que me he preocupado por ello, muchísimo además. Cada vez que he tenido oportunidad he participado en reunión de aficionados. Muchas veces me han llamado desde un bar, o una venta, o cualquier sitio, y he ido sin pensarlo. Siempre acompañada del violín. Ahí se aprende a sentir con más fuerza.

Volviendo a su conferencia del día 5 de noviembre en la Peña Tío José de Paula, ¿cómo la va a enfocar?    
Pues hablaré en parte de mi experiencia personal. Quiero que noten el respeto que le tengo a esta tierra, al flamenco, a la cultura en general. Quiero expresar que el flamenco puede cambiarle la vida a alguien, que en partes del mundo hay gente que se muere por escuchar una soleá como se oye aquí. Por otra parte quiero exponer una teoría sacada de un estudio que realicé sobre la presencia del violín en el contexto del flamenco. Con el desarrollo de los medios de comunicación y la globalización el flamenco se ha ido abriendo siempre más hacia otros estilos de música y se han ido incorporando nuevos instrumentos como el violín u otros instrumentos de cuerda. Muy importante también el piano y los diferentes instrumentos de viento como es la flauta, el saxo y un gran etcétera. Pero sobre todo quiero transmitir el amor que le tengo al flamenco, que lo dejé todo por esto.

TEXTO Y FOTOS: JUAN GARRIDO