Parece que le sonríe la vida profesionalemente hablando…
La verdad es que sí. Creo que me encuentro en mi mejor momento profesional. Ha pasado un verano en el que no he parado en ningún fin de semana. He participado en los mejores festivales flamencos y compartiendo escenario con los mejores artistas del momento. Desde el Potaje de Utrera a los Jueves Flamencos de Cádiz, también he estado en Mairena… en fin, en la mayoría de plazas de Andalucía y España. He visto pasar el verano y casi no me he dado cuenta, muchas horas en el coche recorriendo ciudades y pueblos. Pero muy contento, la vida del artista es así.

¿Y eso cómo se consigue? Al éxito me refiero.
Pues a base de esfuerzo y trabajo. Hay que cuidarse mucho a nivel personal. Puedes beber alguna que otra copa, pero lo mejor es no abusar de nada que te provoque consecuencias negativas a la hora de contar. Sobre todo, destaco el amor que le tengo a mi profesión, al cante. Es importante estudiar a diario, escuchar mucho flamenco, a todo tipo de artistas y diferentes estilos. Hay que poner dedicación, ser muy constante. Yo muero por el cante.

Parece que la timidez de sus inicios la ha dejado atrás…
La seguridad te la dan las tablas. La primera vez que canté en mi vida fue a principios del año dos mil. Fue en casa de un familiar, que estábamos en un rato de juerga y salió cantando mi tío Eduardo, que era el que más me gustaba de toda la familia. Pues fue tal mi disfrute que salí cantando sin que nadie se lo creyera. A partir de ahí comencé a cantar cada vez más en público hasta que poco a poco me fueron viniendo las oportunidades. Siempre he sito tímido pero cada vez que te subes a un escenario aprendes algo nuevo y te da más seguridad, ahí se aprende a ser artista.

Habla usted de ser artista. ¿Cree que se está perdiendo ese perfil de artista clásico y elegante de Jerez?
Yo, personalmente, intento cuidar mucho la vestimenta a la hora de subir a un escenario. No te puedes poner pantalones vaqueros para cantar por seguiriyas en un teatro. En Jerez siempre se ha cuidado mucho la vestimenta, el ser artista paseando por la calle. Siempre tengo en mente cuando hablo de artistas de aquí a Juan Moneo ‘El Torta’ y a Moraíto. Eran de esa gente especial, que tú veías de lejos y te tenías que parar a mirarlo. A Moraíto le caía bien todas las camisas, era algo extraordinario. Los dos eran bohemios y hoy día quedan muy pocos así. Tenían mucha personalidad.

Con ambos artistas tuvo la suerte de convivir hasta sus últimos días…
Sí, con Moraíto estuve en sus tres últimos años acompañándolo a sus galas como cantaor invitado. Para mí fue una experiencia que no olvidaré, era muy humilde. Y con El Torta pues conté para mi disco ‘Añoranza’, en el que grabamos unas bulerías que creo que gustan mucho. Además, creo que es la última vez que grabó Juan. Pensé que yo debía hacerle un homenaje en vida y me encajé en su casa de Sanlúcar. Parecía que se acababa de despertar y empezó a entonarse… sacó una fuerza que nos dejó a cuadros.

Con ‘Añoranza’ le ha ido bien…
Por supuesto. El disco cuando lo presentamos en Jerez tuvo mucho éxito. Y tras ello, no he dejado de trabajar hasta hoy. Fue un disco que se preparó con muchas ganas y con buenas colaboraciones. Siempre agradeceré a David Lagos su apoyo, porque me aconseja en ocasiones de manera que me ayuda a decidir cómo actuar en cada momento.

Y para cuándo otro disco…
Pues puedo adelantarte, y es algo que ningún medio sabe aún, que estoy preparando mi tercer trabajo discográfico en el que incluiré bastantes estilos de cantes con los que no se me suele identificar. Hay demasiados estilos para grabar siempre los mismos. Están las bamberas, la media granaína… Contaré con las guitarras de Diego del Morao, Manuel Valencia y Antonio Rey. Creo que lo que hace grande a un cantaor es poder interpretar una gran baraja de palos de cantes, además, es el momento en el que más concentrado estoy para grabarlo. Aún no tiene fecha de salida, pero me gustaría presentarlo en la Bienal de Sevilla.

Con su edad, parece tener las ideas muy claras…
Es que es lo principal. Como te dije antes, cuando ves que te llevas todo un verano trabajando y durmiendo poco, recorriendo cientos de kilómetros y que apenas tienes tiempo para la familia o para el disfrute, puedes agobiarte. Hay que tener la mente preparada para amoldarse al trabajo y a las posibilidades. Por ejemplo, la experiencia con Rubén Olmo en el Teatro Real fue muy rica para mí.

Parémonos ahí. Nunca antes había interpretado, ¿cómo fue el resultado para usted?
La experiencia me sirvió mucho para darme cuenta lo que es realmente un artista. Los camerinos, a puntualidad, tener un maquillador y un peluquero para ti… Además estábamos dirigidos por profesionales de primera. Pablo Heras-Casado llevaba la dirección musical, también estaban Robert Castro y José Antonio López dirigiendo… Total, que aprendí bastante con Rubén Olmo, Arcángel y los músicos en una obra que representaba muy bien la personalidad de García Lorca. También fue muy importante para mí llevar al Teatro Real el flamenco, que normalmente no aparece por ese escenario. Hicimos diez funciones aproximadamente y todo el papel agotado.

Ahora que llegan las Navidades, ¿lo veremos en el Teatro Villamarta un año más?
Pues en principio había ahí un proyecto muy bonito pero se ha quedado parado. Íbamos a hacer una obra con Potito, Felipa la del Moreno, María Toledo, Rocío Márquez… pero ya te digo que finalmente se va a dejar para otra ocasión. Tampoco me gusta que me encasillen en el villancico, porque parece que obligatoriamente tengo que hacer algo de Nochebuena todos los años. Pasa como con la saeta, que voy por la calle andando y me preguntan cuándo voy a cantar, y eso es algo que nace de la inspiración.

Bueno, lo siguiente en Jerez será en la Peña la Bulería este viernes 13 de noviembre. ¿Cómo se enfrenta a esta cita?
Con muchas ganas e ilusión. Tengo ganas de dejarme la piel en esa peña que tanto lucha por el flamenco en Jerez, para mí es la mejor peña por su actividad semanal, su constante apuesta por los jóvenes y por el buen flamenco. La última vez que estuve allí cantando no salí muy contento con el resultado. La gente me daba la enhorabuena porque al parecer gusté bastante, pero yo no estaba convencido. Así que les dije que tenía que volver para dar el resto. Estaré con Manuel Valencia a la guitarra.

Con respecto a la afición, ¿no se siente más nervioso cantando en ‘La Bulería’?
En parte sí (risas). Pero me lo tomo de la mejor manera. Cuando uno canta en Jerez y en una peña donde hay bastante afición, donde irán mucha gente a verme, gente del barrio donde siempre he parado, el de mi familia… pues te da calor. Por otro lado también es cierto que a veces te enfrentes a un público tan exigente como el que seguramente haya en la peña el viernes, pues te ayuda a ver la realidad de otra manera, a ponerte los pies en el suelo por decirlo de algún modo.

¿Es el público jerezano el más exigente para un artista de la tierra?
Es diferente, eso sí. Saben decir los ‘olés’ a tiempo, saben escuchar de una manera más aficionada. Pero afición hay en todas las partes del mundo, y de las buenas. Yo me he llevado muchos años recorriendo el mundo con Gerardo Núñez, y con compañías de baile, y en cualquier rincón hay gente que ama el flamenco.

TEXTO Y FOTOS: JUAN GARRIDO