Todos los pronósticos barruntaban éxito. Para la peña, para la afición, para el artista, para el resto del grupo. Jesús Méndez hoy día es un artista de los que no defraudan, más si cabe, si se tiene la intención de romper contra todo pronóstico. Y ya es difícil, pues la afición suele ser más exigente con los que saben que pueden aportar visiones nuevas, o renovadas en cada estilo flamenco. El cantaor al que tratamos no se muestra en ningún momento dubitativo. Seguro de sí mismo, se sitúa en el centro del escenario de la Peña la Bulería para romper moldes por tonás. Un estilo al que Jesús tiene especial apego por el drama que conlleva su interpretación. Ocurre como en la seguiriya, de la que más tarde hablaremos.

Hacía tiempo que no se veía algo igual en la peña de la Plazuela. Puede ser, como dicen los que viven, valga la expresión, en esa peña, “desde ‘El Torta’ o ‘El Capullo’ no se ha visto tantas ganas de escuchar cante”. La gente se agolpaba en cada esquina para poder encontrar un hueco de disfrute. Un cantaor de raza llegaba para romper los moldes. Su voz, herencia paterna, no se debilita a medida que transcurre su recital, todo lo contrario, crece y mejora. Jesús Méndez, dueño y señor del cante de Jerez, sabe pasearse con soltura entre los estilos rítmicos, y, por supuesto, también en los que merecen una concentración mayor, por decirlo de alguna manera. Por eso no dudó en dejarse llevar en las alegrías con las que comenzó a dar chispa a la noche. El público, entregado.

Así siguió, con un discurso cantaor de primera línea en el que se creció por tarantas y taranto rematado por fandangos de Linares y una versión de fandangos de Frasquito Yerbabuena. Manuel Valencia, que llegaba del Villamarta de participar en el espectáculo ‘CaiJeré’, estuvo de bien para arriba. Una guitarra clásica que se asoma a la vanguardia desde el respeto más tradicionalista. De lo mejor que se puede escuchar en el mundo flamenco. Acabó la primera mitad con el romance del Conde Niño, en la versión de Antonio Mairena, con el que levantó al público por su bien hacer, por su magnífica ejecución, y por su esplendorosa actividad transmisora. Las palmas de Diego Montoya, Manuel Salado y Manuel Soto ‘El Bo’ ayudaron a conformar el éxito resultante. Jesús dedicó un cante a Juan Salido, erudito flamenco que está aportando conocimientos al cantaor.

En la segunda parte, con el público encantado por la anterior mitad, lo escuchamos cantando por seguiriyas, acordándose de Tomás Pavón, y de ‘La Paquera’ por tangos, cómo no. En éstos también recordamos a Pastora Pavón ‘Niña de los Peines’ con alguna de sus conocidas letras. Pero, al fin y al cabo, estábamos escuchando a Jesús Méndez, cantaor de suma personalidad y con una fuerza atronadora, que gusta al público joven, al mediano y al mayor. Su humildad se hizo latente en los fandangos que realizó incluso sin megafonía. Su voz era limpia, clara y entendible. El artista, el cantaor, la persona…

Si había alguna posibilidad de mejorar aquello Jesús supo aprovecharla. Dio todo desde el principio hasta el final. Se acordó de su tío ‘El Mondi’, de ‘El Monea’ y de ‘El Jali’, tres peñistas que mantuvieron vinculación con ‘La Bulería’, y que motivaron al artista a rebuscarse en las letras más plazueleras. Ahí lo vimos exprimiendo su arsenal con sabiduría y compás. Bailaron todos, palmeros y guitarrista incluido. Pocas noches, insisto, se ha visto la peña tan entregada como en la noche del viernes, será por el poderío de los grandes.

TEXTO: JUAN GARRIDO