Cada año resulta más complicado llevar al Villamarta una zambomba con la que poder decir algo, con la que anunciar de forma digna la llegada de la Navidad jerezana, y, como aquí se estila, ha de hacerse por villancicos, con buen gusto y con un punto de creatividad. A tenor de lo que hemos podido apreciar en las calles de nuestra bendita ciudad durante el puente de la Inmaculada, el asistir al primer coliseo jerezano te asegura a priori escuchar buenos coplas de la época, magníficas voces. Sin ir más lejos, y permitan el paréntesis, en algunas de las zambombas se llegan a escuchar rumbas y charangas como si se trataran de verbenas de barrio, una pena.

Pero en el Teatro Villamarta, con todo el papel vendido, disfrutamos de una serie de interpretaciones que partían desde la esencia musical y estética con un fin comunicador eficaz a la vez que agraciado. Bajo la dirección artística y musical de Juan Lara y Domingo Rubichi, la Federación Local de Peñas puede presumir de haber llevado un espectáculo elegante que ha sabido cohesionar la tradición cultural con la innovación temporal.

En ese aspecto, la aportación de Coral de los Reyes ha sido cuantiosa por los cuatros villancicos que han salido de su puño y letra y que produjeron muy buenas sensaciones entre el público. Uno de ellos fue cantado por Eva de Rubichi en una aparición llamativa y sugerente. Con un corte morisco, su villancico de nombre ‘Reina y madre’ fue de lo más aplaudido en la noche. Así como el ‘Sirva su cuna’ de Pedro Garrido ‘Niño de la Fragua’, creado para su persona por Fernando Terremoto años antes de que nos dejara el heredero de Parrilla. Momentos de sensibilidad especial.

Manuel Carpio ‘Juanillorro’ también se coronó con una versión por bulerías del ‘Debajo de la hoja’, en la que sacó su faceta como gran bailaor, espontáneo y muy flamenco. Coral de los Reyes, que llena el escenario desde que aparece hasta que se va, muestra dulzura y empaque con ‘Que se levante el aire’. Tamara Tañé hizo lo propio con ‘Caminito de Belén’, también de especial ternura.
Las guitarras de Domingo Rubichi y Juan Manuel Moneo estuvieron a un gran nivel aportando sones navideños con un gusto sobrado. La percusión sonó, no tanto como en otras ocasiones, dejando que la zambomba, verdadera protagonista de la fiesta, tuviera también su parte de presencia. José Peña y José Rubichi, y Lorenzo de Victoria, respectivamente, estuvieron acertados.

Los más jóvenes de la noche fueron Manuel de la Fragua y Manuel de Cantarote, aportando frescura al espectáculo con responsabilidad y seriedad ante una cita de repercusión. Ese es el camino, sin duda. Juan Lara, el director artístico y quien se ha encargado de que todo estuviera a pedir de boca, entonó los ‘Campanilleros de Manuel Torres’ desgarrándose el alma y la garganta. Ana de los Reyes realizó magníficamente su villancico creado por su hermana donde derrochó voz y poderío. Y como colofón, Ángel Vargas, dueño y señor del villancico jerezano en la actualidad, dedicó a su hermano José el tema ‘San José era carpintero’ con unos melismas profundos y señoriales, que nos trasladó por momentos al mismo portal de Belén.

La ‘Navidad Gitana’ estuvo dividida en dos partes por un descanso absolutamente innecesario, pues en la segunda mitad sólo se escucharon bulerías donde aparecieron los artistas invitados, a excepción de Fernando de la Morena al que “disculparon” por estar “en cama”. Manuela Carpio fue la que inició el segundo tiempo por bulerías al compás de las voces de Juanillorro y ‘El Quini’, con soniquete y magisterio para dar y regalar, maestra del baile jerezano que maneja el escenario como pocas hoy día. En ese momento Israel Carpio ‘El Cachorro’ se sumó homenajeando al baile de su sangre, de su parde Juanillorro. Luego desfilaron José Méndez, prudente en su aparición, y José el Pañero, que venía desde Algeciras, con donaire y saber estar. Antes del término pusieron su granito de arena las bailaoras más veteranas, esto es, Manuela de Pastilla y Tía Salvaora.

FOTO: PACO BARROSO