Jerez es una tierra en la que cuesta poner en pie eventos tipo homenajes o festivales a beneficio de un artista en concreto. Y es debido, a Dios gracia, a que son numerosísimos los que merecen esta distinción por parte de alguna entidad o colectivo flamenco. Pero de lo que no cabe dudad, y así lo creo, es que quien debe encabezar esta actividad en pro del artista, normalmente ya fallecido, es la propia familia. Así, todo será más fácil.

David y Alfredo Lagos, dos artistas que encabezan hoy día los carteles de los mejores encuentros flamencos a nivel mundial, se propusieron recordar la figura de Álvaro Aguilar, cantaor del Cerro Fuerte que hizo vida artística en Japón mayormente, y que falleció el pasado mes de noviembre en el país del sol naciente. Los dos sobrinos de Aguilar tuvieron a bien congregar, bajo el apoyo inestimable de la Peña Los Cernícalos, entidad en la que se celebró tal homenaje y que organiza en primera instancia, a una serie de compañeros que se han considerado “hijos artísticos” del añorado cantaor.

Paco Barroso

David y Alfredo Lagos, en un momento de la actuación en Los Cernícalos /Paco Barroso

La gala del sábado fue la primera de un cartel que vuelve a citar a la afición para el próximo viernes 8 de abril con el cante de María José Pérez y Domingo Rubichi, y para el sábado 16 de abril con Antonio Reyes y Diego del Morao como protagonistas. O sea, un cartel de lujo. Hay que destacar que para acceder a la entidad hace falta una invitación que puede adquirirse en la propia peña de forma gratuita en los días previos al recital, hasta completar aforo.

Dicho lo cual, no hay más que reconocer y subrayar el portento que posee David Lagos en su garganta, que, en unión a la sensibilidad tocaora de su hermano Alfredo, subyace en un resultado de innegable autenticidad. Nos enfrentamos, en la primera parte, a un recital de corte clásico en el que incluyen estilos como la caña inicial en la forma de Don Antonio Chacón, los tientos y tangos de Frijones y ‘El Garrido de Jerez’, una minera desbordante de maestría, la tremenda seguiriya en la que el público se puso en pie y unas alegrías “jerezanas” que puso el punto y aparte. Harían falta muchas líneas para describir la magnificencia de estos dos intérpretes flamencos que dieron una lección de saber hacer, de elegancia y de innovación. Innovación por el hecho de la personalidad tan pasmosa que muestra su voz, el dominio y la solvencia a la hora de ligar los tercios, y la modernidad mental que acaba derribando el flamenco más rancio desde el respeto y la transición. Siempre es una suerte contar con Alfredo en una peña jerezana, despachándose a gusto con un estilo limpio y cuidado, y que muy pocos poseen.

Y para la segunda parte, José María Castaño presentó a todo un plantel que difícilmente se volverá a ver encima de las tablas de una peña. Hablamos de bailaores como Fernando Galán, que se gustó por serrana, Andrés Peña, que hizo lo propio por tangos, y Domingo Ortega, quien puso la bandera más jerezana con las bulerías para escuchar. En esta familia aún había espacio para más grandeza, con los cantes de Melchora Ortega, con la furia por tangos, David Carpio, enorme por martinetes con letras de Álvaro, Londro por bulerías echando más madera al fuego, y Laura Aguilar, hija del cantaor recordado que quiso emocionar por serranas. Tampoco faltó la buena guitarra de Juani de la Isla. Con un fin de fiesta por bulerías se cerró una noche imborrable para los asistentes, en la que se vivió momentos impagables y la sensibilidad se hizo presente desde principio a fin.