La segunda cita de la vigésimo sexta edición de las Noches de La Plazuela que organiza la peña decana de la provincia se celebró con éxito en la noche del pasado viernes. Tal como se preveía, a tenor del corte cantaor de la protagonista de la gala, pudimos disfrutar de una serie de estilos que abarcaron desde lo más trillado por ésta, los cantes de levante, hasta los más jerezanos, como la soleá y la seguiriya.

María José Pérez, quien por cierto debutó de forma más profesional en Jerez en esta misma peña, no negó la «alegría» que le suponía «volver a mi casa». Esta ‘Lámpara Minera 2015’ reunió a un gran número de aficionados que aplaudieron al principio de la noche a petición del presentador, quien escribe estas líneas, en homenaje a Álvaro Aguilar, cantaor fallecido recientemente y al que se le dedica el ciclo al completo. Hay que recordar que los encargados de cerrar esta edición serán Antonio Reyes y Diego del Morao, y que para acceder al recinto es necesario contar con una invitación que puede retirarse en la propia peña los días previos, hasta completar aforo.

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María José Pérez y Domingo Rubichi, al inicio de la actuación. /Foto: Paco Barroso.

 

La almeriense comenzó su recital con una serie de tientos y tangos en los que demostró que mantiene un gran apego a los cantes del maestro Enrique Morente, y en los que hizo un recorrido por distintos estilos en los tangos. Dando las gracias por haber contado con ella en este «importante ciclo», se introdujo de lleno en la granaína. Podemos decir que en estos cantes se crece, encontrando una vía en la que reina la solvencia vocal y en la que enaltece la figura de Don Antonio Chacón, referencia para la cantaora. Haciendo gala de poseer distintos recursos y de formar parte de esta generación concienciada en que no sólo hay cinco cantes en el flamenco, mostró sus dotes en la serrana posterior. Y para cerrar la segunda parte nos deleitó con su voz poderosa a la par de dulce por cantiñas y alegrías. Domingo Rubichi la acompañó de la mejor manera posible, convirtiéndose ya en uno de los acompañante más fieles y seguros para un cantaor.

En la segunda mitad la cantaora, que no deja espacio para la improvisación, se volcó con un público al que había que encandilar con los estilos jerezanos, hablamos de la soleá, la seguiriya y las bulerías. Tampoco quiso despedirse sin interpretar algunos fandangos y, por supuesto, los cantes levantinos, como la taranta o la levantica. Recibió una gran ovación de un público exquisito que supo escuchar y decir los olés a tiempo.

Texto: Juan Garrido

Fotos: Paco Barroso