Noche de disfrute en el Tablao Bereber el pasado viernes. Pero, ¿por qué no se llenó al completo teniendo en cuenta el precio de la entrada (10 euros) y la relevancia del recital? Sin duda, la afición y su involucración en el arte flamenco es cada vez más cuestionada. Son tres jóvenes que han nacido, se han criado y han respirado cante desde la cuna. Y, ahora, cuando se acercan al cuarto de siglo de vida, entienden que han de ser ellos los que sigan soportando el duro tejado de la herencia recibida.

Está claro que disfrutan haciéndolo, empero, la responsabilidad se convierte en un peso que han de sostener en cada aparición, sobre todo, cuando entre el público se encuentran artistas como Vicente Soto, Enrique Soto, Enrique ‘El Zambo’…  Son sólo tres del centenar de asistentes que se reunió en la sala discotequera que ofreció su cara más flamenca para la cita, el desaprovechado tablao.

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Rafael del Zambo canta por alegrías con Parrilla a la guitarra. /Foto: JaviCamacho

Tras la presentación de quien escribe estas líneas, los tres jóvenes, Enrique Remache, Rafael del Zambo y Manuel de la Nina, salieron al escenario para recibir, pronto, el calor del público. A capela, rompieron el hielo por martinetes, un estilo fragüero que se asienta con los años. Con los primeros aplausos, Manuel Parrilla se sumó al elenco para ser la guitarra que guiaría e inspiraría a los tres jóvenes. Parrilla, de los mejores guitarristas del momento, apostó por el cante mozo que asoma con valentía y garra, que quieren volver a dar vida al barrio de Santiago al cual pertenecen.

El compás apareció pronto con las palmas de Juan Diego Valencia y El Chato, acompañando a Rafael del Zambo por alegrías y mirabrás. De los tres, Rafael muestra más seguridad y solvencia. Como pasó en un número por soleá, con regustos de estilos gaditanos, en la que puso el nivel en lo más alto. ¡Claro! con Manuel Parrilla cerca, todo se hace más fácil. Además, el que dirige el cotarro, otro plus.

 

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Manuel de la Nina y Parrilla, por malagueñas. /Foto: JaviCamacho

Si Rafael es serenidad, Manuel de la Nina es vehemencia. En el escenario se muestra fuerte, capaz y repleto de vida. Su cante está impregnado de visceralidad y arte, ese punto que le permite dejarse llevar por la inspiración en ocasiones. El más joven de los tres se gustó en las malagueñas del Mellizo, y por tientos y tangos. Sonríe a menudo y disfruta, se deja llevar y se acuerda. Atentos a Manuel.

Si Rafael es serenidad y Manuel es vehemencia, Enrique es intimidad. De esos cantaores que se miran hacia sus tripas para sacar lo que sólo el cante puede decir. Porque no es chaval de aspavientos, sino todo lo contrario, sensibilidad y pellizco. Bien por bulerías para escuchar y mejor por seguiriyas. A gusto, se despachó con seis letras acabadas con el macho de Manuel.

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Enrique Remache se gusta por bulerías con las palmas de El Chato y Juan Diego Valencia. /Foto: JaviCamacho

Fin de fiesta para acabar de repartir talento. El resultado de la actuación, dejando atrás lo numero o no del público, recae en la esperanza que ofrecen estos tres muchachos de abolengo artístico que tienen un largo camino por recorrer y que está capacitado para afrontar nuevos retos y experiencias.

TEXTO: Juan Garrido

FOTOS: JaviCamacho