Fernando de la Morena es uno de los símbolos más reconocidos del flamenco jerezano. Su arte, su personalidad y originalidad a la hora de interpretar los cantes de la tierra hacen de él un artista sin rival. Y queda abierto el debate de los gustos, sin duda. Pero es innegable que aún recurriendo a un repertorio habitual, sigue calando en lo más sensible del aficionado. Su compás por bulerías lo convierte en un auténtico «Embajador perptuo del cante de Jerez», como apuntaba una placa conmemorativa que se le hizo entrega por parte de la Junta Directiva de la entidad que ayer lo invitó a subir al escenario. Un escenario, por cierto, que ha visto pasar a los más grandes de esta cultura, y cuyo titular, Don Antonio Chacón, merece lo más grandes respetos.

Fue la segunda noche del ciclo preparado para los meses de mayo y junio  y que concluye el próximo sábado 11 con el recital de Melchora Ortega y José Ignacio Franco. Noches que sirven para el reencuentro: entre aficionados, con el cante más racial, con amigos del arte, con peñas de otras comarcas… todos estuvieron allí, en el Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón, pues no quisieron perderse ese reencuentro con Fernando de la Morena.

Foto: Paco Barroso.

Foto: Paco Barroso.

El de Santiago se caracteriza por destacar en los cantes rítmicos, y fue ahí donde destacó. Pero sonaron otros estilos. Con la inicial trilla, y con la presentación de Luis Lara, nos dio la bienvenida un artista, de los que ya no quedan, por cierto, que se dejó el alma en cada quiebro. Es uno de los que se responsabilizan con lo que tienen delante, esto es, una peña a rebosar. Bien trajeado pronunció sus primeras palabras en agradecimiento a Juan Alfonso Romero, presidente de la entidad, y dedicó las cantiñas a Rafael Lorente, afamado letrista jerezano y compositor de las mismas, presente entre el público. Continuó con esa sonanta de oro que lleva los cantes por las sendas del cielo, la de Domingo Rubichi, realizando una fabulosa soleá, tan exitosa como los tradicionales fandangos de Fernando, ya una banda sonora de esta zona. Antes de un merecido descanso, deleitó con esas bulerías que sólo él puede hacer. Buenas palmas y a destacar las de José Rubichi y Ali de la Tota.

Cambiándose de camisa, y sin corbata, comenzó la segunda parte con la entrega que lo caracteriza. El público estaba disfrutando y él lo agradecía. Cantes de levante y una malagueña fueron los cantes que sonaron. Pero lo fuerte fue la seguiriya dedicada a Moraíto, su ‘compare’, su amigo y compañero. Ahí el asistente se puso en pie y el artista derramó alguna que otra lágrima. Y para rematar, saciados todos, una tanda larguísima por bulerías en las que su donaire se hizo protagonista. ¡Qué compás! Único. Así como el baile espontáneo de Ana María López. Fue entonces cuando subieron al escenario miembros de la junta directiva y homenajearon de forma oficial al artista de la calle Cantarería. Él sólo agradecía el reconocimiento sin apenas poder articular palabra de la emoción.

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Foto: Paco Barroso.