A pesar de su juventud, es un cantaor de ideas claras. Rafael Fernández Ruiz (Jerez, abril 1990). Pertenece a una saga artística de peso en el flamenco jerezano, y de esa fuente ha bebido y sigue bebiendo. Desde pequeño tiene claro que quiere dedicarse a los escenarios, porque ha nacido y se ha criado escuchando lo mejor de Jerez. Poco a poco va encontrando su sitio y se confirma como una de las promesas de esta tierra, a la que achaca cierta «falta de afición». Acaba de regresar de una gira por EE.UU. en la que ha compartido cartel con los hermanos Pañero y Pepe del Morao, una experiencia «inolvidable» que le ha permitido conocer «cómo se vive el flamenco fuera de aquí, algo sorprendente». También ha sido galardonado en el concurso ‘Alcobendas Flamenca Nuevos Talentos’ con el Primer Premio de Cante, hecho que lo avala como una figura con futuro en el arte jondo. 

¿Cómo se siente al recibir este premio? ¿Es amigo de los concursos?
Pues si te soy sincero no soy amante de presentarme a concursos. Este caso ha sido especial, te cuento. Algunos compañeros jerezanos ya se habían presentado y les había ido bien, entonces me convencieron entre ellos y también Antonio Benamargo, que estuve hablando con él para temas de trabajo en Madrid y me aconsejó que enviara un vídeo mío, quiero decir, no tuve que presentarme oficialmente allí en Alcobendas y cantar para ganar el premio, sino que era a través de unos audiovisuales que yo mandé.

¿En qué repercute este reconocimiento a su carrera? ¿Más trabajo? ¿Dinero?
Yo no miro este premio por el tema económico, sino que te sirve para darte a conocer fuera de Jerez. Siendo un cantaor joven cualquier ayuda de promoción es buena. Sobre todo lo que me animó a participar es que Madrid sigue siendo el centro del flamenco, allí hay que ir para triunfar, y hacerte con un hueco en la capital me viene de lujo. Ya estamos metiendo la cabeza, poco a poco (risas).

 

Y no sólo en Madrid… ¿Cómo ha ido esa gira por Norteamérica?
El balance es muy positivo. Todo lo que te cuente de esta experiencia es favorable. Cuando recibí la llamada de Nina Menéndez, una promotora de EE.UU. que muere con Jerez, me hizo ilusión porque era la primera vez que iba a cruzar el charco. Sobre todo, me gustó la idea porque iba a ir acompañado de los hermanos Pañero, Perico y José, dos cantaores que poseen un sabor único, una sabiduría que muy poca gente tiene ahora, su cante ya no se hace. En el cante se ha evolucionado tanto que se han perdido muchas cosas que se hacían antiguamente, y ellos las mantienen.

Aquí en Jerez se les tiene poco en cuenta, ¿no?
El estilo de ellos sólo lo aprecian los buenos aficionados. Yo creo que la afición es la clave para hablar de flamenco, y en Jerez cada vez hay menos, es una pena. Si no se es aficionado al cante, difícilmente puedes hacer una valoración en condiciones. Luego está el tema de los gustos, que es otro tema. Pero hay que partir de la base de que cuando escuchas sabes qué está cantando el artista. Cuando conoces la profundidad del cante de ellos hay que morir.

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Foto: Paco Barroso

¿Se puede decir que en EE.UU hay afición?
Yo no pensaba que nos iban a dar ese recibimiento. La afición es espectacular, tanto en San Francisco, Nueva York… Nos esperaban en la puerta del teatro para darnos la enhorabuena. Aseguraban que era lo más flamenco que habían escuchado en años, aunque suene vanidoso por mi parte. Lo decían ellos. Aquí seguimos defendiendo el baile, pero a la gente le gusta más el cante. Quiero volver, el calor del público es el mejor premio.

Cuando se sale de Jerez, se ven las cosas de otra manera…
Hay que salir de Jerez si quieres crecer y evolucionar. Hay mucha afición fuera de aquí y no nos podemos creer el centro de todo. Es verdad que se echa mucho de menos lo tuyo cuando se está lejos, estaba loco por venirme para acá (risas). Luego llegas a Jerez y de nuevo parece que se te queda pequeño.

Hay veces, imagino, que el teléfono no suena y uno se agobia…
Esos momentos son muy duros. Yo no llevo en esto tantos años como mis mayores y no tengo tan mala experiencia, pero si es cierto que cuando no te llaman para trabajo, no salen las actuaciones… parece que todo te sale mal y te agobias. Aunque yo creo que la clave es creer que hay que trabajar a diario, escuchar y ensayar todos los días, y estar preparado para cuando suene ese teléfono. Hay que hacer las cosas con buena energía, y seguro que te vienen de cara. Yo no me puedo quejar porque cuando pensaba que no iba a tener nada en este año y, de pronto, todo va saliendo.

«El cante de mi tía María Bala es el que más me ha marcado de todos»

Usted trabaja, pero también lo trae en la sangre…
Tengo la suerte de pertenecer a una familia muy importante dentro del flamenco. Mi padre, mis tíos: ‘Los Zambo’. Pero también tengo a mi gente de ‘Los Sordera’. Esos son los momentos, los que he vivido con todos ellos desde pequeños, los que hacen que luego yo tenga una forma de cantar y no otra. Esos ratitos son muy importantes. El hecho de escuchar cantar a mi tía María Bala en una reunión, me ha marcado mucho. Esas sensaciones y emociones son las que nunca se olvidan. El Torta, que estuvo en mi Comunión, o mi padrino Moraíto… Él nos hubiera apoyado mucho. Creo que él ha sido la pieza clave en el flamenco desde los años 80 en Jerez.

¿En sus inicios encontró algún apoyo especial?
Bueno, se puede decir que las peñas me ayudaron a posicionarme un poco más. Comencé en la Peña Terremoto, allí me di cuenta que quería dedicarme al cante, luego he estado en la de Chacón, Cante de Grande de Algeciras, Juan Villar en Cádiz, otra de Vejer. Luego he pasado por algunos festivales como el homenaje a Diego del Gastor, el de las Nieves en Arcos. Pero una figura clave para mí ha sido Gerardo Núñez.

Centrémonos ahí…
Desde que el contó conmigo para sus cursos estivales en Sanlúcar de Barrameda parece que muchas más personas confiaron en mí. No es que yo esté trabajando con él todos los meses, pero ha contado conmigo para algunos espectáculos fuera de Jerez y me ha servido para adquirir experiencia, profesionalidad y conocimiento. Está muy pendiente de mí y para mí es un lujo.

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Un momento de la entrevista en Tabanco El Pasaje. Foto: Paco Barroso

Hablemos de gustos. ¿A quién suele oír Rafael?
A casi todos. Tengo claro que no puedes centrarte sólo en un estilo, o en un cantaor, y olvidarte del resto. Además, esto ocurre que vas descubriendo por día distintas sensaciones. Uno de los que más me han sorprendido es Antonio Maire, un maestro al que no solía seguir mucho. Me costaba escucharlo. Yo escucho desde siempre a Terremoto, Borrico, Sordera… cantaores bravíos y que llegan fácil. Pero hay que escuchar de todo: fandangos de Carbonerillo, Cepero…

«Hay que escuchar de todo, no sólo a los cantaores conocidos de Jerez»

¿Cómo ve a los de su generación?
Estamos apostando muy fuerte por esto muchos jóvenes. No quiero mencionar para no olvidarme a ninguno, pero sí es verdad que parece que ha resucitado el cante un poco en mi barrio de Santiago. Y por ello necesitamos que nos apoyen, desde el Festival de Jerez al mundo de las peñas, y la afición. Debemos estar en la Fiesta de la Bulería, Viernes Flamencos y las cositas de aquí. El curriculum hay que ir haciéndolo poco a poco.