Muestra personalidad y, sobre todo, dedicación y amor por el flamenco en cada frase. Melchora Ortega (Inmaculada Ortega Pérez, Jerez 1972) lleva toda una vida en esto, nos lo cuenta en el Tabanco El Pasaje. El hecho de ser pareja de David Lagos le ha supuesto una motivación especial para seguir «en la brecha», aunque no olvida que si hay alguien al que agradecer su carrera artística ese es Alfredo Benítez. Su actuación en el Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón de hace unas semanas le ha servido para reencontrarse con el público jerezano y, por delante, tiene unos meses cargado de citas como la Fiesta de la Bulería o la Bienal de Sevilla.

Hacía tiempo que no se le veía por una peña flamenca…
Pues sí, tienes razón. El año pasado estuve cantando en la Peña Fernando Terremoto, pero hacía muchísimo tiempo que no estaba en Jerez en una peña. Cuando me llamaron para actuar dentro del Ciclo Don Antonio Chacón, hace unas semanas, me ilusioné mucho porque el público de una peña es muy cercano, entendido… Y estuvimos muy bien en ese recital, hubo mucha gente y eso se agradece.

Aunque en sus inicios siempre estuvo vinculada al mundo de las peñas, ¿no?
Mi padre era socio de la Peña la Bulería y siempre hemos tenido muy buena relación con esa peña. Incluso a mi hijo, al nacer, le hicimos socio. Desde que tengo uso de razón he estado asistiendo a los recitales que daban, a ver a los artistas y tengo muy buenos recuerdos, porque en las peñas se aprende mucho. En aquel entonces las peñas funcionaban muy bien…

Hablando de sus primeros pasos artísticos, ¿cuáles fueron?
Yo comencé con Periquín Niño Jero, cuando el tenía su grupo y quiso llevarme para que le hiciera los coros y demás. Hasta entonces pues lo que yo hacía era ‘cantiñear’ con los amigos y en familia. Recorrimos muchas ciudades, grabamos para la televisión, cada vez iban saliendo más cosas. Tendría yo diecinueve o veinte años. También nos llamaban para algunas bodegas, fiestas privadas y no parábamos. Pero un día Sebastián Carrasco ‘El Chano’ me animó a que cantara en Tío José de Paula en un ciclo dedicado a los jóvenes, pero ya era algo más formal.

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Foto: Melchora Ortega.

Ahí se daría cuenta de que subirse a un escenario no es cosa fácil…
Claro. Te das cuenta que con unas bulerías y unos tangos no lo tienes todo hecho, sino que hay que estudiar, conocer y saber lo que se hace. Comencé a irme al Centro Andaluz de Flamenco para escuchar estilos distintos, para tener una visión más abierta de lo que son los cantes, hacerme el oído a los cantes más profundos. Hasta que dí con Alfredo Benítez, que me guió y me fue bastante bien. Alfredo es un maestro para eso.

¿Qué consejos le daba Alfredo?
Principalmente me decía que hay que tener personalidad. Él sabía los cantes que me venían a mí mejor, mis limitaciones, mis puntos fuertes… y eso es importante para crear tu propia imagen. Cuando eres joven no sabes aprovechar lo que tienes, pero Alfredo lo ha vivido y sabe cómo son los artistas, ha tenido muchas vivencias y con su espiritualidad me hacía encontrarme conmigo misma, y no escuchar sólo a lo que estaba de moda.

¿Cuáles han sido sus referentes artísticos?
Cuando empezaba pues me encantaba Camarón, Aurora Vargas, Remedios Amaya, Amina, Juan Villar… era lo que más sonaba. Luego, conforme iba desarrollándome, me marcó mucho Manuel ‘Agujetas’. Me gusta Terremoto, Tío Borrico, El Chaqueta… Pero como Agujetas, ninguno me ha marcado tanto.

¿Cuándo se dio cuenta de que el flamenco era su profesión?
Yo cuando fui a Tío José de Paula, lo que te comentaba antes, era muy ignorante y no lo tomaba como una actuación importante. Fui consciente de lo que estaba haciendo en un escenario cuando en 1998 gané el II Concurso de Jóvenes en la Bienal de Sevilla. Fui muy preparada porque Alfredo se centró en mí y me sacó mucho partido. A partir de ahí recorrí muchas peñas de Andalucía, de la escuela jerezana, llevaba mis palmeros y quedaba muy bien en todos los sitios.

¿Qué supuso ese reconocimiento en su carrera?
Pues el teléfono no dejaba de sonar. Comencé a compartir escenario con Chocolate, La Paquera en los Jueves de Cajasol. De buenas a primeras me vi en grandes festivales de verano y me entró miedo. Entendí que ya esto no era un juego sino que había que demostrar muchas cosas cada vez que me subía al escenario. Amplié mi repertorio y me creí que era artista.

David Lagos me ha ayudado a seguir siendo artista, me ilusiona cada día

¿En qué momento se topa con David Lagos?
Nos conocimos trabajando en esas fiestas. El roce hace el cariño y ya fuimos conociéndonos más, y comenzamos a salir de pareja. La figura de David ha sido la culpable de que yo me mantenga en esto, porque es muy buen compañero y me motiva a subirme a los escenarios cada vez más. Él vive esto con mucha intensidad y eso se agradece. Es muy creador y estudioso, y nada más que quiere cosas buenas para mí.

¿Y no es muy exigente a la hora de criticarte?
En absoluto, todo lo contrario. David no es muy exigente, confía mucho en mí y me regala muchos los oídos.

 

Otro elemento a destacar en su trayectoria ha sido el Festival de Jerez…
Pues sí porque participo en él desde las primeras ediciones. Para mí es un placer haber encontrado mi hueco cada año, bien sea como solista o en espectáculos. Cambia mucho cuando formas parte de un espectáculo a cuando estás sola haciendo tu recital. En el último en el que participé fue con Andrés Peña y Pilar Ogalla, ‘De Sepia y Oro’, que ha sido el ‘Premio del Público’ del pasado Festival, y antes de salir al escenario noté las buenas energías entre los compañeros y fue un éxito. No me parece menos prestigioso cantar para atrás cuando se hacen las cosas bien.

Además, se nota que son públicos distintos al de una peña o un festival…
En parte sí. Un teatro te amarra más porque el público está pendiente a todo, desde el juego de luces hasta las entradas y salidas del escenario. El público no te limita tanto como el propio escenario, el público realmente se queda con lo bueno y lo agradece aplaudiendo o no.

¿Podemos decir que Melchora Ortega es una cantaora ‘festera’?
A ver, yo creo que no. Soy un poquito de todo. Se me da muy bien los cantes a compás como las bulerías y los tangos, pero puedo hacerte un recital perfectamente sin tocar estos estilos. Lo que ocurre es que tradicionalmente se espera eso de mí, como de otras muchas cantaoras que nos bailamos mientras cantamos. David muchas veces me dice que no cante por bulerías, para romper un poco con lo preestablecido.

A pesar de su edad, ha recorrido el mundo entero, ¿no? 
Siempre he tenido mucha suerte a la hora de viajar porque he ido con grandes personas. En América estuve con la compañía de baile de María Bermúdez, en Rusia, en Holanda con Angelita Gómez, en Suiza… he tenido mucho éxito fuera. Y en Japón, ya es para reventar. Nos tienen como maestros, y te lo dan todo. Otra experiencia que me marcó fue con Paco Cepero en Alemania, hicimos casi veinte galas con Chiquetete, Irene Carraso, Juan Antonio Tejero…

A una buena parte de la juventud creo que le falta conocimiento

Hablemos de proyecto…
Tengo unos meses por delante magníficos. Voy a los Jueves Flamencos de Cádiz, a la Fiesta de la Bulería de Jerez el día 3 de septiembre, voy a la Bienal de Sevilla… Luego tengo ya el proyecto de la grabación de mi trabajo discográfico, con su puesta en escena. Vamos a Holanda, a Francia con el ‘Made in Jerez’ de David Lagos. Trabajando viene la inspiración, y la suerte.

¿Cómo ve a los nuevos valores?
Antes los que empezábamos no éramos artistas, no teníamos oportunidades como las que tienen ahora. Antes debíamos hacer un camino y ahí aprendíamos. Ahora veo falta de conocimiento en la juventud, no en todos.