El mundo del flamenco vuelve a estar de luto. Se va otro bastión importante de este universo, una figura que durante toda su carrera artística se dedicó a velar por el legado que le cedieron sus ancestros pero también, quizás uno de los primeros en usar esa vía, a dar el salto a otros paisajes y conceptos. Sí, ha muerto Juan Peña ‘El Lebrijano’, una noticia inesperada que ha dejado helado a toda la familia flamenca. Cierto es que había sido operado recientemente de una dolencia cardíaca, sin duda su gran problema en los últimos años, su delicado corazón, pero a la vez estaba inmerso en el espectáculo que pretendía estrenar en la próxima Bienal con José Valencia y Pastora Galván, ‘De Sevilla a Cádiz (1969-2016)’, y que ahora la propia Bienal ya ha informado que será su mejor homenaje el próximo 18 de septiembre en el Lope de Vega.

La fatídica noticia saltaba antes de las nueve de la mañana, Juan Peña ‘El Lebrijano’ había fallecido en su casa de Sevilla de madrugada. Desde entonces el mundo del flamenco ha sido un auténtico reguero de recuerdos y elogios a una figura cantaora que pasará a la historia, sobre todo en las redes sociales, la principal vía de artistas y aficionados para expresar su pesar.

Juan Peña Fernández había nacido en Lebrija en 1941 en el seno de una familia de tradición cantaora, sobre todo en la rama materna, por su madre La Perrata.  Comenzó su carrera artística muy joven, compaginando el cante con el toque de la guitarra, pero a raíz de su triunfo en el concurso de Mairena del Alcor (1964), como cantaor, decidió dedicarse en exclusividad al cante.

Dotado de una voz impresionante y un matemático sentido del compás, El Lebrijano irrumpió en el mundo del cante en los años 60, al igual que José Menese, Antonio Fernández Díaz Fosforito, José Sánchez Bernal Naranjito de Triana, Antonio Núñez Montoya El Chocolate, Antonio Cortés Pantoja Chiquetete y José Monje Cruz Camarón de la Isla. Fue el primer cantaor en ofrecer recital flamenco en el Teatro Real de Madrid y tenía una larga lista de premios, entre los que figuran el de la cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera, además de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (1999).

Entre sus decenas de trabajos, destacan su primer álbum, De Sevilla a Cádiz (1967), en el que consiguió reunir al Niño Ricardo y a Paco de Lucía; y su siguiente disco -La palabra de Dios a un gitano- (1972), pionero en la incorporación de orquesta sinfónica a las creaciones flamencas; así como Persecución (1976), álbum de la historia gitana con textos del poeta y flamencólogo Félix Grande. Entre sus grandes obras está además su Evangelio gitano (1981), grabación de la primera ópera andaluza que contó con la voz de Rocío Jurado y la guitarra de Manolo Sanlúcar, y Encuentros (1988), resultado de dos aplaudidos conciertos que dio en París acompañado por la Orquesta Andalusí de Tánger, en los que mezcló música flamenca o arábigo-andalusí con la marroquí, descubrimiento que ha sido una constante en su obra. Este mismo año se publicó Carta de un andaluz a un general, en solidaridad con el pueblo chileno y apoyo a la campaña por el No en el referéndum convocado por Augusto Pinochet. La letra era del escritor José Manuel Caballero Bonald. El Lebrijano impartió cursos de flamenco en universidades como la de Salamanca, la Internacional Menéndez Pelayo de Santander y otras de Francia y Gran Bretaña.

Capilla ardiente en el teatro de Lebrija

La capilla ardiente con los restos del cantaor flamenco se instalará en el teatro Juan Bernabé de su localidad natal. Así lo han confirmado fuentes del Ayuntamiento de su localidad natal, que han indicado que se están intensificando las gestiones para que el cuerpo sea trasladado cuanto antes a su pueblo, donde los vecinos ya lo esperan para darle su último adiós. El gobierno municipal celebrará esta tarde un pleno extraordinario donde se decretarán tres días de luto.