La puesta en escena del trabajo ‘Estirpe. De pare a hijos’ quedó sólo en un espejismo aquella vez que se presentó en el Teatro Villamarta. Se trataba de la puesta en escena de un CD que grabó la familia Mijita, que son Carpio, para recoger ese estilo de cante tan personal que los caracteriza. Pero fue sólo eso, un espejismo. Hasta la noche del pasado viernes no pudimos recuperar ese sabor que dejaron en la noche del estreno, allá por el mes de octubre. Desde entonces, el menor de la terna, José Carpio Fernández, ha sacado del horno otro trabajo bajo el título ‘Se llama flamenco’ con la guitarra de José Gálvez, al que se echó de menos cuando José interpretó algunos de los temas del disco, por aquello de los tonos y demás. En su lugar estuvo Domingo Rubichi, que entiende a esta saga cantaora como el mejor.

Esta familia guarda la esencia de los cantes de Jerez, más concretamente del barrio de San Miguel, de La Plazuela. Pocos como ellos saben explicar con sus ecos la particularidad de los soníos negros jerezanos que suelen caminar de generación en generación. Desde ‘Chalao El Viejo’, pasando por ‘El Berenjeno’ o ‘La Martínez’, entroncados con los Agujetas o Rubichis… Por eso cantan así, por eso comenzaron los tres por martinetes, tonás y deblas.

Y les cogió bien. A los tres. Al patricarca, Alfonso Carpio Gallardo, que dejó boquiabierto al respetable por soleá acordándose de Manuel Torre. Historia viva de la afición jerezana y artista de artistas. Esa soleá quedará en la retina espiritual de los que la escucharon. Hasta el Alcázar acudieron cuatrocientas personas, y eso que Alejandro Sanz congregó a más de diecisiete mil devotos en el Estadio Municipal de Chapín. Alfonso siguió por fangangos y bulerías, con las magníficas palmas de José Peña y Ali de la Tota.

José Carpio mostró su evolución cantaora abriendo por bamberas, con gran musicalidad y bien entonado. Contó, además, con los coros de Rafa ‘El Negro’. Todavía teníamos en el paladar el sabor de la soleá del padre. Se palpa la progresión considerable que ha tenido este cantaor en tan poco tiempo. Siguió con seguiriyas, estas de nivel monumental, y por tangos, echando de menos la guitarra de Gálvez. Por bulerías se gustó y levantó al público. Tenemos cantaor para rato, por suerte.

Otro de los elementos que soportan este imperio es Alfonso Carpio Fernández, ‘Mijita Hijo’. Llenando el escenario de madurez y solvencia salió como un auténtico artista cantando por bulería homenajeando a Juan Moneo ‘El Torta’. Noche gloriosa la de Alfonso. Deleitó también por soleá, porque ahí se acuerda de Mairena y de Agujetas creando un estilo de peso. La seguiriyas no faltaron, ni la debla, tampoco un par de fandangos que subrayó la gran ‘faena’ de este gran cantaor de Santiago criado en La Plazuela. Domingo Rubichi, siempre en su sitio.

Para rematar subió al escenario Carmen Herrera, la gran sorpresa de la noche. Se paseó con mantón de flecos por alegrías derrochando arte y donaire, supo meterse al público en el bolsillo en el primer asalto. Consigue expresar sus propios ideales con su baile, dejando atrás influencias de distintas escuelas por las que pasó, sobre todo, la de Ana María López. Todos despidieron por bulerías, al estilo de Jerez, con compás y soniquete. No faltó nada ni nadie a la fiesta en este ‘Imperio cantaor de La Plazuela’.