Un piano, un taburete con un ‘refresco’ de naranja, un atril sin aparente contenido y su voz. Sobre todo la voz. Fueron los elementos que se unieron en comunión en el escenario del Alcázar de Jerez en una noche donde la magia y la excelencia musical se hicieron dueñas del ambiente. Un artista carismático que no dejó indiferente a ningún asistente de entre los más de mil quinientos que decidieron acudir a una cita prácticamente histórica: Diego El Cigala en Jerez.

La última vez que se anunció en un cartel el nombre de este personal y original artista en Jerez fue en el concierto que ofreció Diego Carrasco con motivo de las Fiestas de la Vendimia en el año 2013, formaba parte de los artistas invitados de la noche pero a última hora no pudo asistir y fue sustituido por Javier Ruibal. Aún recuerdo los abucheos que se llevó la organización al comienzo de la gala al anunciar este cambio en último momento. Jerez tenía ganas de disfrutar de un versátil cantaor que es reconocido en el mundo entero.

Otra de las veces que estuvo Diego en Jerez fue en la XXXIX Fiesta de la Bulería que se celebró en Chapín, compartiendo cartel con la familia Méndez, Joaquín Grilo o Fernando Terremoto. Esta tierra siempre lo ha querido, lo ha respetado y ha valorado la transmisión de su eco, en cualquiera de sus vertientes musicales. El Festival de Jerez también ha contado con su presencia en alguna ocasión, acudiendo a su registro más flamenco. Y en la noche del sábado, una auténtica Noche de Bohemia, tuvimos la suerte de disfrutar, quienes lo presenciamos, de un concierto desbordante de grandeza musical. No hizo falta más que su voz, y las teclas blancas y negras de Jaime Calabuch ‘Jumitus’, cuyos dedos sensibilizaron el alma del piano de cola que presidía el escenario.

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Diego El Cigala y Jaime Calabuch, en Noches de Bohemia. Foto: Paco Barroso.

Lo vimos emocionarse en algunas canciones que recordaban a quienes ya no están a su lado. Tuvo que salir del escenario inclusive para secarse las lágrimas. El espectáculo que nos presentaron ambos interpretes hacía un recorrido por títulos clásicos del bolero, la copla y la canción española llevados al estilo y la forma de Diego, a través de unos arreglos musicales exquisitos. Silencio sepulcral, público de toda la provincia y de cierto poder adquisitivo. Canción tras canción. ‘Te quiero, te quiero’, fue el primer título que sonó. Tras ello nos deleitaron con ‘Veinte Años’, ‘Compromiso’, momento en el que algunos viajamos a la versión de Fernanda de Utrera. Su voz dulce y los sones del piano nos embaucaron desde muy pronto. «Viva Jerez», dijo emocionado.

Con ‘Cóncavo y convexo’, ‘Amigo’, letra de Roberto Carlos, y con la ‘Nana del Caballo Grande’ de Camarón nos dejó extasiado. Apluasos, sensaciones románticas y buche al vaso de ‘refresco de naranja’. Siguió su obra con ‘Esta vida loca’, ‘Corazón loco’ y ‘Soledad’. Volvió a emocionarse y a respirar hondo. En ‘Te extraño’ puso al público en pie, y con ‘La bien pagá’ y ‘La Salvaora’ sacó su faceta más flamenca. Se acordó del maestro compositor Manuel Alejandro en ‘Se nos rompió el amor’, y concluyó su noche con ‘Veinte años’ de nuevo, dejando con la miel en los labios a los incondicionales de este genio de la música universal que es gitano con estilo. ¿Las ‘Lágrimas Negras’?, no llegaron.