Cuando hablamos de Manuel Pantoja Carpio no todos los aficionados al flamenco saben de quien se trata, sin embargo, si nos referimos a éste con su apodo, ‘Chicharito’, raro es quien no lo conozca. Este palmero y bailaor jerezano se ha convertido en el “subalterno” de las grandes voces actuales, caso de José Mercé, Tomasa ‘La Macanita’ o Antonio Reyes. Comienza su andadura en el Tablao Los Canasteros junto a esa generación que viaja a Madrid para “buscarnos la vida”, y a partir de entonces no ha dejado de trabajar en los mejores escenarios. Entre sus hitos se encuentra ser el primero en introducir la percusión en el flamenco jerezano.

Es usted uno de los artistas que más trabajan durante todo el año, ¿eso cómo se consigue?
Yo suelo escribir en mi Facebook que la estrella que me alumbra no me deje de alumbrar. La verdad es que llevo una época que no paro, siempre tengo trabajo a la vista y junto a grandes artistas. Ellos cuentan conmigo y yo siempre intento estar en mi sitio. Mientras me sigan llamando voy a estar en el escenario, el día que no lo hagan tendré que retirarme. La cosa está muy mala pero yo no lo estoy notando mucho.

Va usted acompañando siempre a los más grandes del momento…
Como se suele decir en el habla taurina, estoy toreando en las mejores plazas y con los más grandes. Con Tomasa llevo toda la vida y nunca me deja a un lado, nos compenetramos muy bien en el escenario. También llevo años con José Mercé y eso para mí es un orgullo. Con Antonio Reyes hemos grabado el disco en directo en el Círculo Flamenco de Madrid y suena muy bien… Y Paco Cepero, que siempre me llama para cuando hay algo. Llevo muchos años en esto y creo que me merezco este sitio.

Háblenos de aquella época, de sus inicios…
Yo era un niño como cualquier otro del barrio de Santiago que le gustaba el cante, el baile, la fiesta… Los de mi generación nada más que queríamos eso, bautizos y dichos en la Calle Nueva. Éramos muchos niños los que nos juntábamos, de Santiago y de La Plazuela, porque mi compare Morao y yo siempre íbamos a buscar a Paca y Manuela a San Miguel que eran nuestras amigas. Nos fuimos a Madrid una buena tanda de nosotros para buscarnos la vida y triunfamos.

“Desde que hacen la Primera Comunión quieren ser artistas de primera y para eso hay que trabajar mucho”

A nivel artístico, ¿cómo ha cambiado todo?
Lo que se vive hoy en el flamenco no tiene nada que ver con lo de antes. En aquella época, en un festival o en una fiesta, si había uno que cantaba por soleá bien ya no cantaba nadie por soleá después. Cantaba por tarantos y alegrías, pero se respetaba. Igual que a los mayores, siempre había ese respeto a su cante y a su persona. Ahora cualquiera se sienta en una silla con un guitarrista y se pone a cantar, sin haber trillado el cante como hay que trillarlo. Desde que hacen la Primera Comunión quieren ser artistas de primera y para eso hay que trabajar mucho.

Ustedes empezaron así, luchando…
Había que empezar en los cuadros, cantando para el baile, en las fiestas de ‘señores’, en las bodegas… Era ahí donde te refinabas, donde aprendías a saber lo que era un escenario y a ser artista. Camarón, Juanito Villar, Pansequito… estos artistas empezaron en los tablaos y luego, como cantaban muy bien, pues fueron pasando a ser artistas en solitario, primeras figuras.

Manuel Pantoja Carpio 'Chicharito', entrevistado por Juan Garrido en Tabanco el Pasaje. Foto: Paco Barroso.

‘Chicharito’, entrevistado por Juan Garrido en El Pasaje. Foto: Paco Barroso.

¿La época de los tablaos en Madrid que recuerdos le trae?
Una época inolvidable. Nos fuimos para Madrid unos cuantos, El Torta, Capullo, Diego de la Margara, Macanita, Paca y Manuela, Pepe de Joaquina, Diego Carrasco, Moraíto, Periquín… Ahí aprendimos a ser artistas. Venían a vernos toreros, futbolistas, artistas de todo tipo. Había compañerismo, íbamos a vernos unos a otros actuar. Recuerdo una vez que el escenario se llenó de cuellos de camisas rotas que unos gitanos le tiraron a Paca y Manuela mientras cantaban, se las partían. Aquello era divino.

Anécdotas, para escribir un libro…
Miles. Periquín empezó un día a asar sardinas en la casa que nos dejaban al lado del tablao y puso aquello….

Entonces, usted fue el único palmero que tiró para Madrid…
Yo tocaba las palmas, bailaba por bulerías y tocaba el cajón. Yo era allí como un comodín. Iba a por un whisky, iba a por una pastilla si a uno le dolía la cabeza… lo importante es que todos querían tenerme a su vera. Para ellos yo era imprescindible, y eso a mí siempre me ha emocionado mucho, que me quieran tanto los compañeros. Creo que el secreto para ser tan querido está en no hablar mal de nadie y respetar a todo el mundo, cada uno tiene su camino.

Ahora que habla usted del cajón, ¿fue el primero en tocarlo aquí en Jerez?
Sin duda. Era la época en la que Paco de Lucía introdujo esos instrumentos en sus grabaciones y a mí me interesó. Entonces empecé a grabar con Salmarina, con Manolo Sanlúcar y con Los Doñana. En Jerez también acompañé en un festival a Luis de la Pica por tangos. Comenzaron los cambios en el flamenco y nos sumamos a ellos, siempre con respeto y sin molestar al cantaor. Lo que ocurrió es que artistas como El Torta, Capullo o Luis de la Pica estaban adelantados a su tiempo, entonces todo sonaba muy bien. Se mezclaban con el grupo Imán, Cai… de rock andaluz.

“Para jalear hay que saber, decir un ‘olé’ a tiempo es muy difícil pero eso parece que no lo valoran en Jerez”

¿Ha cambiado también la forma de tocar las palmas? ¿Y el compás?
Ha cambiado todo. Yo suelo decir que está quien sabe tocar el cajón, y quien se sube encima. En las palmas pasa lo mismo, está quien sabe tocar las palmas y quien da ‘palmetazos’. Para jalear hay que saber, decir un ‘olé’ a tiempo es muy difícil pero eso parece que no lo valoran en Jerez. No es normal que los palmeros de mi generación no estemos ni en un Viernes Flamenco ni en la Fiesta de la Bulería. Un buen torero lleva a buenos subalternos, sino no sale por la puerta grande.

¿Cuál ha sido el artista que más ha marcado a ‘Chicharito’ en un escenario?
La Paquera. La echo de menos mucho. Ella contaba siempre conmigo y para mí era la mejor en un escenario. Nunca cantaba igual, siempre sacaba algo nuevo, era imprevisible y eso me hacía estar atento, nervioso… me suponía estar en un estado que nadie me ha vuelto a producir. También me impactaron mucho esas fiestas en las bodegas donde trabajábamos con Tía Juana la del Pipa, Tía Luisa la Torrán, Tío Borrico, Juanata, El Mono, los hermanos Morao, El Berza, Moraíto… aquello era impresionante. Ahí aprendí a ser artista, nadie se subía con pantalones vaqueros al tablao ni con una camiseta de una calavera.

Cómo ve a la juventud, ¿hay futuro?
Claro que hay. Esto no se va a acabar nunca porque el flamenco sigue naciendo de forma natural. Se aprende a bailar, a tocar las palmas y a tocar la guitarra, pero a cantar no. Se debe educar al que nace para cantar, se debe refinar su cante, eso sí. Yo soy siempre de los que más apoyo a la juventud y estoy para lo que me necesitan. He grabado en el último año con Ezequiel Benítez, me ha llamado Juanillorro, mi sobrino Manuel Valencia, también con Dolores Agujetas y La Macanita. Estoy siempre para todo el que me necesita. La juventud lo que tiene que hacer es escuchar mucho cante, aprender siempre y tener humildad.

La próxima cita importante, con José Mercé en González Byass. ¿Ilusionado?
Claro que sí. José no canta en Jerez hace ya mucho tiempo y por fin vuelve. Estaré con él como siempre y espero que sea una gran noche. La bodega ha querido contar con él y estamos muy contentos. Luego tengo ya cerrada actuaciones con Tomasa y Antonio para los próximos meses, y con Cepero también hay algo, que me ha dicho que si no voy con él, tampoco va.