Elegancia y glamour. Las Bodegas González Byass se vistieron de gala para recibir a un artista de prestigio que en el escenario siempre emite su mensaje innovador, rompedor y sobresaliente, a pesar de que muchos aficionados de lo jondo no estén muy de acuerdo. Pero los éxitos no son regalos bajados del cielo ni se compran en un kiosko. El triunfo de este santiaguero no es más que el resultado de una lucha constante por encontrar un lenguaje con el que aportar su particular visión de lo clásico, abriendo nuevas puertas y llegando a todos los rincones del mundo. La difusión, que se llama.

Un despliegue impresionante de personal y una infraestructura propia de los grandes eventos musicales nacionales fueron las primeras impresiones que seducen al asistente a esta segunda gala del III  Tío Pepe Festival. La noche del viernes estuvo dedicada al flamenco, con la voz del incombustible José Mercé, jerezano que hacía siete años que no actuaba en su tierra. «Vengo cuando me llaman y cuando me contratan», recalcó una evidencia dejando entrever la poca cordialidad que existe entre él y los distintos gobiernos locales de los últimos años.

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Foto: Paco Barroso.

Mercé ofreció un concierto de hora y media en el que pudimos disfrutar, más de mil quinientas personas, de un repertorio variado aunque centrado, en mayor medida, en la interpretación de canciones de su último trabajo titulado ‘Doy la cara’, compuesto por una serie de duetos junto a artistas como Joaquín Sabina, Alejandro Sanz o Vanesa Martín. Presume esta bodega de contar con unos emplazamientos únicos en los que dan ganas de paladear vinos, de introducirse en una historia única por sus calles y rincones. El caché de sus instalaciones, y de cómo se decoran sus zonas de recreo, elevan el nivel de esta propuesta que aspira a convertirse en referente de la música en el periodo estival.

El artista no defraudó y realizó un recital completo y con momentos de auténtica belleza. Y no se olvidó del flamenco, porque abrió con ‘La Salvaora’, zambra caracolera que dejó al público encandilado desde primeros instantes. Al piano estuvo José Maestre, nivel musical de un maestro de las teclas. Guiado a la perfección por la sonanta de Alfredo Lagos, se introdujo José en las malagueñas del Mellizo y en una posterior soleá, una de sus mejores cartas de presentación cuando de cante gitano se refiere. A partir de entonces, fue desarrollando su último disco  a partir de temas tan emotivos como el bolero ‘Contigo aprendí’, en ‘Tú frialdad’ hubo lío de compases, nos trasladamos a la noche neoyorquina  con ‘El bulevar de los sueños rotos’, cambió de registro en ‘La milonga del moro judío’, sin demasiado efecto, y regaló un tema no incluido en este trabajo cuyo título es ‘El breve espacio en que no estás’.

Recordó sus grandes éxitos y el público comenzó a inspirarse de otra manera. Hasta ese momento el asistente aplaudía prudentemente, quizás por el rigor del momento o el espacio, no era el típico festival flamenco de verano. Sonrió Mercé, y Chicharito comenzó a mandar en las palmas. ‘La vida sale’, ‘Al alba’ y ‘Aire’ fueron las delicatessen que sonaron con el resultado de una gran ovación para el cantaor/cantante. !Y cómo no!, sus bulerías. Él puede decir que sabe cantar por soleá, malagueñas y hasta vidalita si se lo propone, pero también viaja a otros estilos contemporáneos de una forma cuidadosa y con gusto. Se fue entre aplausos y con la gente en pie. Un público que certificó un nuevo triunfo de un jerezano que reconquistó su tierra amada.