Aunque aún queda por celebrarse el último Viernes Flamenco de los previstos para esta edición, y teniendo en cuenta que el nivel de todos y cada unos de ellos han cumplido las expectativas de sobra, podemos destacar la edición de este pasado viernes como una de las más exitosas, por su entrada de público y por la calidad artística que se vio en el escenario. El cartel mostraba a grandes figuras, artistas constantes y disciplinarios. El Alcázar volvió a recibir a más de mil personas con motivo de la aparición de un jerezano que siempre es respaldado en sus apariciones en la ciudad, Diego del Morao. Posiblemente, nos enfrentemos al mejor guitarrista de su generación, y el tiempo dirá si uno de los más grandes de la historia. Su dominio del mástil, su precisión en las seis cuerdas, su alma gitana y nativa de un barrio que lo vio nacer, Santiago, hacen que su discurso musical sea admirado por todos los guitarristas de este tiempo y alabado por el propio Paco de Lucía.

El sonido volvió a no estar a la altura, notándose más esa imperfección en los momentos en los que la guitarra adquiría protagonismo en solitario. En los momentos del baile y del cante no existieron fallos evidentes.  Lo que sí es cierto es que cuando Diego del Morao se subió a las tablas para interpretar cuatro de sus temas predilectos del disco Orate, que lo define como un maestro a su corta edad, nos olvidamos de todo lo superfluo para centrarnos en la jondura de su toque. Soleá (Gañanía), seguiriyas (Pago de La Serrana), rondeñas (La Mahora) y bulerías de la tierra fueron sus interpretaciones, siempre aplaudidas. Sin duda, es el heredero más digno que una casa artística puede dar. En sus hombros carga con la responsabilidad de generaciones atrás, desde su tío Manuel Morao a su abuelo Juan Morao, pasando por su padre Moraíto Chico. Una familia que es orgullo para la tierra que la vio nacer.

Antes de Diego apareció en escena Pepe del Morao, encargado de abrir la gala y quien tuvo a bien realizar bulería por soleá, tangos y bulerías dejando un sabor de boca inmejorable y apuntando alto en la bandera que lo representa. Con solvencia y soltura, también con ese toque inspirador de la gitanería que posee, se introdujo en la historia de su apellido para recibir el aplauso unánime del asistente. El cajón de Ané Carrasco y las palmas de Juan Diego Valencia y Juan Grande fueron partícipes del éxito de la noche con un gran acompañamiento. Pepe, que ha heredado ese gusto para tocar la sonanta de su abuelo Manuel, también está caminando en otros proyectos, todos relacionados, como el de dirigir el grupo ‘Suena Jerez’ que abrirá la 49 edición de la Fiesta de la Bulería el jueves 1 de agosto.

El baile lo puso Gema Moneo, un brillante fulgurante de nuestra danza que pese a su edad, un cuarto de siglo, ya se sitúa en lo más alto de esta disciplina a nivel nacional. Hay que recordar que ya obtuvo en el pasado Festival de Jerez un triunfo importante con su espectáculo ‘Aviso: Bayles de jitanos’ junto al onubense ‘El Choro’. Esta gitana de la Plazuela cuyo apellido ya describe las entrañas de un único sentir desplegó su amplia baraja técnica en el hacer así como un derroche de elegancia y perfección que adquiere especial envergadura cuando mueve sus muñecas y recurre a la escuela más jerezana. Con las bulerías por soleá le sobró para cosechar otro éxito en su carrera. No podemos olvidarnos de el cante de ‘El Quini’, siempre con personalidad y ejecutando los cantes de su barrio plazuelero. Domina el escenario, y la comunicación existente entre él y la bailaora siempre es perfecta, sombrerazo. También se sumó a la fiesta Jesule de la Tomasa, con certeros jaleos y con palmas a compás.

Para concluir esta noche de arte apareció Antonio Reyes, el cantaor que más festivales ha recorrido en este verano. El chiclanero mostró sus respetos por estar en “la cuna del cante” y con su voz aterciopelada y afable llegó al respetable en la soleá, encandiló en los tangos, evidenció en las bulerías y se despidió con dos fandangos con los que puso al público en pie. Estuvimos por media hora, ante el dúo más prolífico de la última década y que siguen escribiendo líneas doradas en la historia del flamenco.