Ni el viento pudo con Manuela, la gran Manuela Carpio. Este bailaora de corte clásico que representa la personalidad racial de su estirpe gitana tuvo el honor de cerrar el ciclo Viernes Flamencos 2016, ella junto a su familia. Una noche realmente desapacible a causa del fuerte viento de levante que combatía en el patio de San Fernando del Alcázar de Jerez, pero la de La Plazuela nos envolvió con su fuerza, su mirada y su coraje en un mundo donde sólo el arte podía acaparar protagonismo.

El noveno episodio del estival ciclo estuvo dedicado al baile, y contó con una intérprete perteneciente a una generación que viene de lejos, sobre todo, por su manera de expresarse y entender la disciplina que la compete. Por desgracia, Jerez no cuenta con demasiadas bailaoras gitanas que defiendan a ultranza la tradición en el escenario, que tengan como objetivo rememorar noches gloriosas de las creadoras históricas y que no necesiten buscar nuevos caminos para encontrarse… Manuela es así, clara y transparente. En ella impera más el ofrecer un gran espectáculo al público que la sigue y admira que la necesidad de rentabilizar su actuación, por eso llevó un atrás majestuoso.

El matriarcado de Loli (conocida en la intimidad) recoge las voces de un portentoso Juanillorro, el compás inconfundible como inquieto de ‘El Quini’, la sapiencia de Miguel Lavi, la personalidad y grandeza de Manuel Tañé, la maestría y el dominio de Enrique ‘El Extremeño’, y la juventud arrolladora de Iván Carpio. Otro de los que no pueden faltar en esta buena casa de gitanos es Israel de Juanillorro, cuyo baile recalca la esencia de su saga. Y para estos barones, nada mejor que dos guitarras bien compenetradas y con sentido, las de Juan Diego Mateo y ‘El Perla.

Tras el éxito cosechado en la pasada Fiesta de la Bulería, cuya actuación le sirvió para volver a colgarse las botas y reaparecer en grandes escenarios tras años dedicadas exclusivamente a su tarea de maestra, Manuela debía estar de nuevo en Jerez para construir una noche gloriosa para el baile de su tierra. Comenzó derrochando magisterio en las alegrías. Con gusto en la vestimenta no dejó lugar a duda en su alto nivel técnico, en su dominio del medio y su poder de transmisión. La personalidad de Manuela es aplastante y hace que nos olvidemos de cualquier intento de mentira. ¡Vamos a disfrutar! Se paseó con donaire y poderío, siempre levantando las manos para dibujar con sus muñecas.

Hubo tiempo para deleitarse con la malagueña de Enrique ‘El Extremeño’, la voz del baile. Fue una suerte escuchar a Tañé, un jerezano al que deberíamos tener más a menudo por esta tierra. Miguel Lavi es otro de los viejos (por conocimiento) que tiene la cantera de Jerez. Juanillorro se gustó con los tangos dedicados a Tío Borrico. ‘El Quini’ regaló una tanda de tonás. Iván gustó por bulerías, de La Plazuela puro.

Manuela volvió a salir en la soleá, para seguir enalteciendo con remates perfectos y miradas de escalofríos al baile de Jerez. El asistente disfrutó a pesar del maldito viento. En ese quiebro de última hora por bulerías me viene a la mente eso que cantaba ‘El Lebrijano’: “Atención que ha ‘salío’ /la reina a bailar/ que hermoso pelo tiene/ su real majestad”. Sigo pensando y me pregunto cuándo estará Manuela en el Teatro Villamarta dentro del Festival de Jerez. Su discurso es tan respetable como el del resto de compañeras que son fijas en el primer coliseo. Lo dicho, Manuela puso el broche de oro a una edición en la que el nivel artístico ha prevalecido en todas las noches.

 

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