La última jornada de las programadas en esta 49 Fiesta de la Bulería concluyó evidenciando que el flamenco local, al menos en su estructura, ha sufrido un giro de 180 grados. No por ello este cambio es negativo, sino que sólo puntualizamos la mirada que existe hoy a la hora de programar y organizar cuya intención, entendemos, es romper con la imagen del típico festival veraniego en el que el pueblo se reúne para escuchar cante durante larguísimas horas. Aún queda parte de estas sensaciones porque el cambio acaba de comenzar, pero ya vemos cómo la esencia de este certamen de casi medio siglo se diluye. Insisto, no es un comentario en tono negativo, pues se pueden sacar conclusiones muy positivas de estas tres galas.

Si la primera noche, la del jueves, veíamos como la juventud jerezana desprendía seguridad y futuro desde el respeto y la profesionalidad, en la jornada del viernes comprobamos los rasgos que identifican a las expresiones flamencas de Mairena, Lebrija, Utrera y Jerez, todas ellas distintas aunque fueron los artistas de la ciudad de Bernarda y Fernanda los que mejores quedaron en este especie de viaje geográfico por estas zonas históricas de lo jondo.

La gala principal sería, pues, la del sábado 3 en la que el homenaje a la artista Lola Flores logró convocar a unas mil personas en la Alameda Vieja. Un buen cartel, sin esos nombres tan recurrentes en las últimas décadas y que han formado parte de la historia de este evento, dignificó una fiesta que ha perdido fuerza de convocatoria en ediciones pasadas. Fue Fermín Lobatón, gran comunicador jerezano, quien dio la bienvenida de forma puntual y anunció a los primeros en intervenir. La Federación Local de Peñas aportó, por segundo año, el grupo ‘Arte Añejo’ con el que pudimos saborear aromas pasados a los que siempre es necesario volver para no perder el norte. Benito Peña mostró fuerza en sus martinetes y bulerías, ‘El Gasolina’ puso la nota de personalidad acordándose de los cantes de ‘El Chozas’, Diego Vargas quiso estar “porque me apetecía” y su elegancia no pasó desapercibida, así como la seguiriya bien ejecutada de Mateo Soleá, o el donaire en el escenario de Pepe de Joaquina mostrando que tiene arte de sobra. La voz femenina y melódica de Rosario ‘La Melchora’ puso al público en pie. Las guitarras fueron las de Antonio Jero y Manuel ‘El Carbonero’, dos grandes de nuestra escuela. A todo ello se sumaron los bailes de Tía Yoya, Tía Currita y Antonio Flores ‘El Negro’, quienes produjeron sensaciones de un sabor único y netamente jerezano.

Pronto salió David Lagos, quien puso al público en pie casi en cada intervención. El respetable estaba falto de fuerza y ritmo, y con la caña de este jerezano comenzamos a vibrar. En su gran dominio de la baraja de cantes nos sumergimos en las marianas a compás de tangos y salimos a flotes cuando su garganta nos impactó con los aires de Cádiz. Agradeció a lo que tanto le ha dado, la minera, en una interpretación impecable. Esta fiera del cante, acompañado a la guitarra de Juan Requena, y el compás de Javi Peña, Perico Navarro y Diego Montoya, homenajeó a ‘La Paquera’ por bulerías en una extraordinaria intervención. Un artista inquieto que no podía despedirse sin acercarse a Lola Flores, protagonista aparentemente de la noche, e invitó a su mujer Melchora Ortega al escenario para compartir un número por rumbas de esos que ‘La Faraona’ hizo grande. La conexión entre ambos fue indudable y aportaron creatividad y sorpresa. Gran momento.

En solitario, y con el mismo acompañamiento, el temperamento de Melchora se hizo presente en los tientos y tangos. La artista jerezana pasa por uno de los mejores momentos de su carrera profesional al participar en los grandes encuentros flamencos del mundo y es, simplemente, porque se lo merece. La lucha diaria y el estudio continuo tienen como resultado la solvencia en el escenario, una interpretación magistral y la ovación del público. Se dolió en las seguiriyas y gustó en los fandangos. Por bulerías no olvida que es torbellino y que necesita comunicar con sus muñecas. Larga vida al cante de Melchora.

Y llegó la elegancia del baile jerezano: Mercedes Ruiz. Fue la bailaora encargada de recordarnos que Jerez también sabe pasear el mantón, la bata de cola y hacer sonar los palillos. Aromas de mar en sus iniciales alegrías con la guitarra de Santiago Lara, quien crea la música, y las palmas de Manuel Salado y Javi Peña. Mención a parte necesita David Carpio, quien puso voz a toda la obra maestra de Mercedes y que estuvo mejor que bien. Carpio introdujo con su soleá de Triana lo que sería una aparición jugosa de esta jerezana con unos movimientos subliminales, así como un vestuario perfectamente cuidado. Por último salió por bulerías con un mantón cruzado haciendo gala del baile de San Miguel.

La noche la cerró Jesús Méndez, el cantaor de Jerez por excelencia en la actualidad y que lleva un verano frenético de trabajo y noches de carretera. El cantaor de La Plazuela al que no veíamos por aquí desde el homenaje a Juan Moneo ‘El Torta’ está a punto de sacar su nuevo trabajo discográfico, que presentará en la próxima Bienal de Sevilla. Con una carrera intachable, tuvo el honor de poner el broche de oro a una noche de alto nivel artístico. Para esta importante cita convocó a Diego del Morao, quien no necesita más presentación y quien se ha convertido en la guitarra con más atractivo del panorama actual. Plamas de Diego Montoya, Manuel Salado y Juan Diego Valencia. Méndez abrió su garganta en la bulería por soleá con un aire jerezano innato. Su compás por tientos y tangos nos cautivó, y por seguiriyas profundizó en su saber, en su amplio conocimiento cantaor. Enorme por fandangos y  en las bulerías tiró del recuerdo caracolero, y público en pie, volcado. Todo acabó con un fin de fiesta donde el compás se hizo dueño del universo flamenco.

Reportaje Gráfico: Paco Barroso.