Manuel Soto Barea (Jerez, 1957) es uno de los grandes del compás, del jaleo, del soniquete de Jerez. Lo quieren allá por donde va, y ahora cuando la vida le estrecha el camino, su gente está ahí para homenajearle y devolverlo al sitio de merece. Porque El Bo, como todos le llaman, es algo más que un palmero, es simplemente El Bo.

El día 27 recibirá un homenaje, cuéntenos cómo ha sido todo…
Bueno, hace unos meses me llamó Estrella Morente, a la que conozco desde hace años porque he trabajado mucho con su padre, que era una gran persona. Se enteró de que yo estaba malo y me dijo ‘Tato, mira que yo te quiero hacer esto en Madrid, ¿te importa?’ A mí que me va a importar si yo no cobro ná y tengo una paga más chica que un gnomo. Lo que tú quieras. Ella me dijo que no me preocupara de nada y ha sido la que ha organizado todo y ha hecho el cartel.

Y en Madrid, una ciudad que también forma parte de su vida…
Hombre claro, yo me críe allí. Es en el Teatro Apolo, que es más o menos comoVillamarta y bueno, sé que hay mucha gente que quiere a los Sordera por allí, por eso espero que se llene. También hay mucha gente de Jerez que va a ir. Y bueno, luego el cartel es muy bueno. Estrella tiene mucho tirón y luego va también mi primo José (Mercé), mis hermanos, mi cuñado Diego (Carrasco)…

Es bonito eso, que se acuerden de uno cuando las cosas vienen mal dadas…
Sí que es bonito, que se acuerden de uno estando vivo, porque después, cuando te vas payá, te quieren hacer muchas cosas y eso ya no vale pa na. A mí me viene bien porque estoy pasando muchas fatigas, más que nada porque no me puedo mover. Los pulmones no me funcionan bien, tengo un 70% menos de capacidad pulmonar y me asfixio con nada.

¿Y cómo lleva eso porque usted es una persona muy inquieta, muy nerviosa?
Eso es lo peor, soy muy nervioso y cuando hago algunas cosas lo paso fatal, no puedo respirar y es como si te faltara la vida. Ahora no puedo ni andar, cuando yo antes gastaba tres pares de zapatos al mes (risas). Ahora tranquilito, me llevan en coche a tos laos, voy a tener que buscar un chófer, como la alcaldesa (risas). No puedo ni ir andando a Santiago como a mí me gustaba, y no te digo a la plaza, donde me gusta ir a ver ese ambiente de por la mañana con los pescaeros. El otro día me llevaron y me llevé dando besos dos horas, como el que se va Alemania a la guerra (risas).

Cuando uno llega a una situación como la que está viviendo se pasará mal, ¿no?
Claro que se pasa, ya no sólo con el tema del dinero, que estoy tieso, sino porque uno quiere sentirse útil. Además, te da coraje porque me han salido cosas muy buenas para ir a Japón, para ir a América, pero no puedo. Fíjate cómo estoy que últimamente, lo único que he hecho, ha sido meter jaleos en algunos discos. Ya no toco ni palmas ni na, como hice en el último disco de Paco (de Lucía), que cuando lo habían grabado todo, me llevaron, me pusieron los cascos y me dijo Paco ‘ea, larga ahí’. Así estoy.

O sea que el Bo es ahora como el caviar…
(Risas) Eso es, y me da pena porque con lo que a mí me gusta esas cosas…Con decirte que no puedo ni escuchar, porque como escuche algo bueno, me motivo, me pongo a bailar y me tengo que llevar dos horas sentado con el oxígeno puesto o con el batallón de cosas que tengo aquí (saca el ventolín del bolsillo).

¿Cree que gente como usted Chicharito, Gregorio o Rafael habéis conseguido dignificar la profesión de palmero?
Yo creo que sí, al menos hoy día a las palmas y a los jaleos se le está dando la importancia que se debe, porque antes no se le daba valor. Cuando había que tocar las palmas se llamaba a cualquiera para que subiera, pero ahora no, y eso es importante, los artistas llevan a sus propios palmeros. Las palmas son como una base y en determinados cantes son necesarias, si no hay palmas el cante es como un jardín sin flores.

Aquella Filarmónica de Santiago que decía Moraíto fue muy grande…
Fue una etapa muy buena, la verdad, ganamos mucho dinero y todo el mundo nos llamaba. Estuvimos grabando con muchos artistas y teníamos nuestro caché. Fue una época buenísima, con decirte que a nosotros nos daban a veces 50.000 pesetas por tocar las palmas por bulerías. Eso yo creo que no volverá a pasar, y la juventud, ojalá me equivoque, no va a conocer esa etapa.

Pero usted también ha grabado con muchos artistas y de todo tipo…
Yo he tenido la suerte de grabar con casi toda la gente gorda del flamenco, pero de esta época y de la anterior. He grabado con Paco (de Lucía), Vicente (Amigo), Tomatito, ManoloSanlúcar, Enrique y Estrella Morente, mi primo José (Mercé), Niña Pastori, India Martínez…Hasta con Alejandro Sanz he hecho algunas cosas. A veces escucho discos y digo, ¿ese soy yo? Ya ni me acordaba.

De todos los artistas con los que ha grabado, ¿ha habido alguno que le haya resultado especial?
Paco de Lucía, sin duda. Con él hice tres o cuatro colaboraciones y era una persona increíble. Además, le gustaba reírse mucho. Una vez le dije, ‘Paco, ¿sabes que decía mumá Lela cuando ibas a mi casa en Madrid? Que eras clavao a David Carradine, el que hacía Kung Fu’ (risas). Se meaba. Era un ser pa haber sido eterno, la verdad. A mí me dejó impactado.

A la hora de grabar, ¿cómo se ha sentido en el estudio?
A mí no me gusta, es un sitio muy frío, te tienes que tomar seis loros. El único que crea ambiente en los estudios es mi cuñao Diego (Carrasco). Recuerdo que en aquellos discos que se hicieron de las familias, con los Zambos, los de la Morena, que muchos no habían pisado un estudio en su vida, creó un ambiente increíble. Pa eso es único.

¿Y en los festivales de antaño?
Uff. Eso era diferente. Había que estar ‘hasta que venga el lechero’, como decía mi padre. Cuando salías a las seis o la siete de la mañana ya había gente frita en las sillas. Ya menos mal que eso ha cambiado, pero en aquella época tenías que tener aquí (se señala las manos) dos guantes de boxeo.

Hace poco hablé con un guitarrista y me decía que no todo el mundo sabe jalear, que eso es una virtud, ¿lo cree así?
Eso es verdad. No todo el mundo sabe, porque como yo digo, hay jaleos perdíos, jaleos ‘esparramaos’ y jaleos que están a tiempo. Yo tengo ese punto bueno a la hora de pegar un jaleo a tiempo, y cuando está la cosa mala pa que no se dejen entregar (pone las manos como si fuera a ir preso) dices ‘huyeeeeee’ y lo tapas (risas).

Y en las palmas, ¿cuál es el secreto para tocarlas bien? ¿Es algo que se aprende, se lleva dentro…?
Tocar las palmas no es tan fácil como parece, y creo que hace falta de to. Se aprende y se lleva dentro pero hay que tener compás, y más ahora que te metes en un estudio de esos y te cambian to, vamos no te conocen ni en casa. Hemos sido nosotros y nos hemos tenido que llevar un día entero grabando. Y una pista, y otra pista y otra pista…y han salido de aviones en la pista (risas). Es difícil. Nosotros lo tenemos, lo llevamos pero luego hay que pulirlo porque todo el mundo no tiene feeling.

Todo el mundo le conoce como El Bo y conocen al Bo, pero detrás de él está Manuel Soto Barea. ¿Cómo es Manuel Soto Barea? ¿Es muy diferente al Bo?
Sí que son diferentes, sólo lo saben los que me conocen. Mira, Manuel Soto Barea es una persona alegre, abierta, pero también es tímida para muchas cosas. Además, intento comportarme siempre. He tenido mis cosas, como todo el mundo, pero siempre he intentado ser persona, en la calle no me gusta hacer el payaso. Mi padre me enseñó eso, ser persona y respetar, y hoy día más. Él decía, ‘niño, primero hay que ser persona y luego lo que tú quieras ser, americano, australiano…’ (risas). Por eso todo el mundo me quiere, ya no sólo en Jerez sino también fuera. A mí cuando me preguntan ‘tú de dónde eres, le digo: yo de todas las pedanías’.

¿Y cuál es el secreto para lograr eso?
Seguramente eso, ser persona. Porque yo no sé bailar, no sé cantar, los artistas son mis hermanos, ojalá cantara yo como ellos. Además, soy el único que no soy Sordera, soy ‘El Bo’, que me lo puso Terremoto el padre. El boca, el boca, el boca y se me quedó ‘El Bo’ pa los restos. A mí no me dice nadie Manué, pero bueno, lo llevo a gala porque Terremoto era mi cantaor. Yo he tenido dos cantaores favoritos, y a ambos he tenido la suerte de escucharlos, Caracol y Terremoto. Mis hermanos son todos Sordera, Sorderita y yo ‘El Bo’, digo yo, a lo mejor no era mi padre (risas). Hasta mis nietos me dicen ya Bo.

Antes ha mencionado a su padre Manuel. Aparte de ser persona, como ha dicho antes, ¿qué aprendió de él?
Aprendí mucho porque mi padre era una persona estupenda. A mí y a mis hermanos nos decía que para saber de esto no sólo había que escuchar discos sino que también había que emborracharse y tomarte tres copitas. Quería que lo viviéramos, y sobre todo respetar y escuchar a todo el mundo, porque todo el mundo tiene algo. Nos enseñó a comportarnos. Mi padre era exquisito como persona, porque ya como artista ahí está su obra.

Su vida ha tenido a Madrid, donde se le hará el homenaje, como un punto importante. ¿Cómo era la vida de ese Madrid de los sesenta?
Era muy bonito. A mi casa le decían ‘La casa de los Martínez’ porque todos los cojos que iban a operarse, to los del autostop y to los cantaores pasaban por allí. Había gente pa hacer un guiso. Teníamos unas literas en los cuartos y por allí pasaron mi primo José, el Morao…Y ya no te digo las fiestas que se formaban allí con Lola Flores, Camarón, Paco, ElSerna, La Perla…Esas vivencias he tenido la suerte de tenerlas.

¿Cómo ve el futuro del flamenco en su tierra?
Yo lo veo bien, la prueba está lo bien que lo hicieron los jóvenes el otro día en la Fiesta de la Bulería. Tienen cosas y esto no se va a acabar, esto es una cadena. Luego también está ahí La Macana, está Jesulito Méndez…. Hubo un momento en que parecía que entre mi generación y la siguiente no había nadie, pero eso ha cambiado. También hemos tenido una racha muy mala, se nos han ido muy pronto Luis de la Pica, Curro de la Morena, miTorta, mi Morao, Fernandito Terremoto…

Cambiando de tema. ¿Dejará de ser Jerez la mina de paraos?
(Risas) Eso cambia poco. En la época de mi padre los artistas tuvieron que najarse, mi padre, La Paca (Paquera), Fernando (Terremoto), El Serna y ahora hay mucha gente que también se está teniendo que ir. Para los artistas Jerez no ha sido un pueblo bueno, pero para otras cosas sí. Ojalá todo cambie algún día y pueda decir ‘ahora ya Jerez no es una mina de paraos, de brillantes’ (risas).

Con Lola Flores, que ahora el Ayuntamiento está dedicando un ciclo, también trabajó, ¿no?
Sí claro, estuve un tiempo trabajando con ella. Eso era algo increíble, era pa comérsela. En Madrid nos la encontrábamos a veces de madrugada. Una vez en medio de la GranVía a las tres de la mañana nos la encontramos mi hermano y yo. Na más que le hice compás (toca las palmas) se puso a bailar y al final acabamos en su casa de fiesta. Cuando venía a Jerez llamaba a todas las viejas y no veas las fiestas que se formaban. Luego le metía en la pechera el dinerito, ‘toma, pa que hagas mañana una berza’, le decía. Tenía mucha categoría. A mí me llamaba ‘Carapájaro’.