Apenas ha tenido “treinta días” para preparar un espectáculo que de seguro ha marcado su carrera, sobre todo la de los últimos tiempos. Centrada en su faceta como maestra de baile aunque sin abandonar los escenarios con recitales de gran relevancia, Macarena de Jerez entrega su alma y su humanidad en una noche en la que se respira la grandeza de Lola Flores, la jerezana más universal de la historia. Su esfuerzo mereció la pena, su arrojo de leona nos mostró a una artista polifacética, sencilla y transparente que sabe ganarse al público desde la verdad de su cante, de su baile y su interpretación.

El ‘Año de Lola’ parece que al fin va teniendo algo de sentido, pues hasta ahora han faltado actos palpables de los que disfrutar y revivir la historia de ‘La Faraona’. Con el concierto de Macarena en el Villamarta, bajo el título de ‘Loleando’, y el que tendrá lugar en la noche del martes 11 a cargo del jerezano Fernando Soto, que presenta ‘La Niña de la Venta’, la ciudadanía tiene la posibilidad de acercarse, una vez más, a un referente de la música del siglo XX.

Macarena no hizo más que mostrarse tal y como es, sin caer en el error de intentar imitar a Lola, porque esta señora de calle Sol fue, es y será inimitable. Lo que sí hizo fue recordar sus grandes éxitos musicales, desde la inicial A tu vera, hasta Los tangos de mi abuela, pasando por la rítmica y emblemática Pena, penita, pena. El público se entregó, de igual manera, desde el principio haciendo que la cantaora se sintiera a gusto en el escenario, unas tablas que ha pisado en otras muchas ocasiones pero que, como ya apuntábamos, esta concretamente tenía un peso especial.

No pudo olvidarse de su maestro de baile Cristóbal ‘El Jerezano’, hombre de bondad infinita que la acercó hace unos cuarenta años al mismo teatro para que pudiera ver en persona a la Lola Flores de por entonces, ya una gran estrella del arte. Macarena es así, agradecida por naturaleza. Actitud que se constató al tener palabras de agradecimiento para un sinfín de personas que “han hecho posible que yo esté aquí”. Caso del grupo musical y artistas invitados con los que se hizo acompañar y que por cierto estuvieron a un gran nivel en todo momento, eficiencia que faltó en algunos momentos con el juego de sonido y de luces. Empezando por las extraordinarias guitarras de Juan Manuel Moneo y Paco León, las palmas a compás de Manuel Vinaza y Torombo, este último también bailó en el fin de fiesta; las voces de Juan Peña y El Londro, siempre en sus sitios. Añadió la percusión de Edu Gómez, y un dúo de cuerdas inconmensurable: el contrabajo de Paco Lobo y el violín de Samuel Cortés. No faltó el piano de Rosario ‘La Reina Gitana’, acaparando un alto protagonismo en todo el transcurso del espectáculo. Así como la voz, siempre encantadora y recibida con entusiasmo, de Antonio Reyes, quien compartió el número de ‘La niña de fuego’ que popularizó Manolo Caracol.

En el espectáculo, que no se alargó en demasiado dejando a buena parte del público con ganas de más, sonaron otros temas como La Zarzamora, con manejo de bata de cola, mantón y abanico, o el Requiem por Federico García Lorca. Un conjunto de interpretaciones que reivindicó la personalidad de fuego de Macarena, el corazón sano de nuestra música.