Pedro Garrido Fernández (Jerez de la Frontera, 1983) comenzó a cantar casi al mismo tiempo que a hablar. Su entorno familiar ha sido el más idóneo para una crianza flamenca, lo que se conoce como ‘cantar desde la cuna’. Es nieto de Tío Juane, de él oye los primeros compases y quejíos gitanos, en la propia fragua de la Estancia Barrera. A su vez, convive con su tío ‘Nano de Jerez’ o ‘El Gordo’, dos grandes cantaores de La Plazuela que han defendido siempre el estilo ortodoxo de lo jondo. Se muestra sensible y humilde, natural y sin más pretensiones que la de expresar sus inquietudes a través del cante, eso sí, sin la necesidad de tenerlo como un oficio, sino como la de un “canal de inspiración”. Es maestro de escuela y habla un inglés perfecto. No dispone de demasiado tiempo libre, pero no ha querido desestimar la confianza que ha depositado en él la Peña Los Cernícalos para que dirija su zambomba flamenca en el Teatro Villamarta de este año. No se queda ahí, prepara la publicación de su primer trabajo discográfico. 

¿Cómo saca usted tiempo para todo?
No es fácil (risas). He tenido un verano con bastante trabajo en todas las facetas de mi vida, como docente y como cantaor. Y no sólo el verano ya que me incorporé como maestro en un colegio con un horario fijo, hasta entonces lo hacía de manera autónoma por mi cuenta y riesgo. También he conseguido aprobar el B2-First Certificate, que no me ha resultado fácil. Este año me he casado con mi pareja y hemos estado de luna de miel. Por otro lado he organizado dos campamentos bilingües de verano que han ido muy bien, casi cuatrocientas inscripciones… y mis recitales de flamenco que no han faltado, uno o dos al mes. La verdad que diciendo todo esto también me pregunto cómo saco tiempo para todo, pero me siento muy feliz porque soy capaz de aunar mis dos pasiones: el flamenco y la docencia.

¿No choca un poco que un maestro sea, además, cantaor flamenco?
A mucha gente sí. Yo intento poner iniciativas en marcha en los dos aspectos de forma paralela, que se complementen entre sí y ninguna faceta adquiera más protagonismo que la otra. Imagino que tendré compañeros flamencos que piensen que soy un cantaor atípico, yo también creo que lo soy; pero me pasa de igual forma en el plano contrario, habrá maestros que se extrañen que sepa cantar por seguiriyas. Suelo decir que pretendo vivir del flamenco y ganarme la vida con la docencia. Para mí es un reto que en el flamenco las cosas me vayan bien para dedicar todo lo que gane a ONG, refugio de animales, comedores sociales… No quiero sentir que necesito el dinero que gano cantando para vivir.

En definitiva, cumplir el sueño de muchos cantaores históricos: cantar cuando se siente y no por dinero. 
Huyo de la idea de sentirme dependiente y encadenado a una cosa que amo. El flamenco me lleva a mí, está por encima de mí y me absorbe. Quiero disfrutar cuando canto sin pensar en el aspecto económico. Espero tener la suerte que otros no tuvieron. Para mí el flamenco es demasiado grande.

“Me crié en la fragua, escuchando a mi abuelo, el Tío Juane”

Esa responsabilidad le llega usted de su familia…
El flamenco se ha vivido en casa de la forma más intensa y tradicional. Puedo decir a boca llena que vengo de la fragua, con mi abuelo Juane y el resto de mi familia, uno de los contextos más propicios para que se de este arte. En mi familia hemos tenido el flamenco como una filosofía de vida, más allá de lo meramente musical. Tengo la sensación de que en mi propia casa me ven como un cantaor raro, como que me he salido del tiesto, pero todo es por mi curiosidad. Me gusta sentirme útil y saber que lo que hago emociona y tiene sentido.

¿Qué recuerdos tiene de su abuelo, el Tío Juane?
Viví con él la parte más significativa para una persona, la niñez. Aprendí mucho de él. Todos los recuerdos son verdaderos, auténticos y profundos, creo que él tiene la culpa de este amor y  esta pasión que siento por el flamenco. No soy un cantaor porque sí, sino que es la forma que tengo de expresar mis vivencias y mis experiencias desde pequeño. Tengo la responsabilidad de mantener ese tesoro que me dejaron, desde el brillo y el respeto.

Sin embargo, a la hora de interpretar el cante, no sigue usted el mismo estilo de su abuelo…
Yo parto de ahí, de lo tradicional y de la base, pero me gusta llegar más allá y no ceñirme a unos estilos del flamenco concretos sino dominar la mayoría de cantes que se conocen. Mi abuelo destacó, sobre todo, por seguiriyas, martinetes, soleá y bulerías. Mi casa es de Manuel Torre, Agujetas, Mairena, Terremoto o Mojama. A mí me gusta mucho la granaína o la malagueña, los tangos… escucho mucho a Enrique Morente o a Camarón. Lo que sí procuro es tomarme todo esto como un ejemplo a seguir, pero no copiar el mensaje que ellos emitieron, no quiero ser una imitación bien conseguida ni un plagio. No puedo expresar algo que no siento, no puedo contar cosas que no creo, quiero cantar mis verdades no las de otros.

¿Esa es la clave del éxito?
Creo que es la llave que tengo para conectar con el público. Uno tiene que sentir lo que hace, que se emocione y así la gente lo percibe y entiende tu mensaje. La comunicación en el cante es eso: uno cuenta lo que siente y el público lo entiende.

Este año tendrá usted la responsabilidad de dirigir la zambomba de la Peña Los Cernícalos en el Villamarta. Ahí es nada…
Es un proyecto que me han ofrecido desde la propia peña y me ha hecho bastante ilusión. No es la primera vez que organizo y dirijo algo así y creo que puedo hacerlo de manera que esté a la altura de esta peña tan emblemática en el mundo flamenco con el apoyo de todos mis compañeros. Es la primera vez que esta peña organiza algo de esta envergadura y me enriquece que hayan confiado en mí. Mi familia siempre ha tenido una fuerte vinculación con esta entidad, desde aquellos años que estaban en la Estancia Barrera.

“Quiero que la zambomba del Villamarta recuerde la esencia de estas fiestas, a lo espontáneo”

¿Cómo ha enfocado la idea y producción?
Quiero reivindicar de una forma simpática la esencia de estas fiestas populares de Nochebuena. He notado que durante muchos años se ha perdido un poco lo que fueron las zambombas, en su naturalidad y espontaneidad. La zambomba era una fiesta en la que se compartía arte en Navidad, cantando las coplas de siempre sin tantos instrumentos, ni tantos trajes de chaquetas. Echo de menos eso en los espectáculos de hoy. No veo el concepto de zambomba original por ningún lado de las tablas del teatro. Quiero que las treinta personas que estarán sobre el escenario sepan equilibrar lo espontaneo y lo trabajado, recordando aquella frescura del ayer. La evolución está ahí, pero no me termina de convencer.

¿Cuándo será y quiénes participarán en esta zambomba?
Será el sábado 10 de diciembre, a las 20.30 horas. He querido contar con una serie de artistas y aficionados que tienen vinculación con la peña y con el barrio, también que representen esa esencia de la zambomba tradicional. Bajo el título Con-Vivencia, quiero que esté inspirada en lo que antes pasaba, insisto. Estará compuesto por gente joven, quiero que esté mi madre, Ana María López, Pepe ‘El Zorri’, Luis Moneo, David Lagos, Melchora Ortega, Juan Lara, David Carpio… Cabrá la magia y la sorpresa, y que el público participe.

Unos meses dedicados a que todo salga bien…
Pero tengo más proyectos en marcha, sobre todo la publicación de mi primer trabajo discográfico que lo tengo ya bastante adelantado. Me apetecía hacerlo porque creo que tengo mucho que decir. Espero que pueda conocerse a principios de 2017. El disco estará compuesto por una serie de cantes todos cantados por mí, sin ninguna colaboración especial, sólo las guitarras de José Luis Montón, Manuel Parrilla (malagueñas, tangos, bulerías y martinetes)… Algunas de las letras están compuestas por mí y por esto estoy tan ilusionado.