Entre tanta oferta por parte de tabancos y bares que se suman al carro de celebrar actuaciones flamencas durante el fin de semana, dos peñas de Jerez se llevan la palma en calidad de este mes de octubre. La Peña Buena Gente acogió en la tarde del sábado un recital que hizo vibrar a un público numerosísimo que no quiso perderse la cita cuyo protagonista fue Alonso Núñez Fernández ‘Rancapino’. El hijo del maestro chiclanero ya acapara los grandes carteles festivaleros del verano, así como sus apariciones en las grandes muestras flamencas de la actualidad y en el que sólo participan los grandes del cante.

Es un cantaor noble y con semblante muy flamenco, muy gitano. Moreno de piel y con una buena cabellera negra, de pocas palabras y sencillo, entrega su talento innato en una entidad que vio cómo los grandes aficionados de la ciudad apostaron por la actuación con su asistencia. Juan Salido Freyre, Pepe Castaño, una representación del mundo de las peñas flamencas locales, los jóvenes… hubo sitio para todos. El de Chiclana estuvo respaldado por la guitarra de Antonio Higuero, cuyos sonidos no son más que la muestra innegable de una evolución magistral y que lo hace estar entre las mejores guitarras del momento. Incluso quiso regalar un solo por taranto al inicio de la segunda parte a petición popular. Muy aplaudido, estuvo sublime.

El repertorio de Rancapino fue el habitual, siendo en la segunda parte mucho más generoso que en la primera. Estuvo extraordinario en las malagueñas, así como en las alegrías y cantiñas en las que mostró gran soltura, y en la larga soleá en la que tiró de voz cuando se acordaba de los estilos de Cádiz.  Tras el descanso y con las palmas de Israel López y Manuel Cantarote, puso de manifiesto la expresión que bien define a estos cantaores en las influencias de Paco Cepero, en tanto en cuanto interpretó unos tangos que bañó de dulzura el ambiente. No quiso dejar atrás las seguiriyas, con gran acierto en ejecución, ni las bulerías. Con el respetable tan entregado como los artistas, invitó el cantaor a Caracolillo de Cádiz, compañero que puso la guinda al pastel en un número por fandangos con los que pusieron en pie al público. Rancapino es y será uno de los grandes del momento, un enorme cantaor.

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Joaquín ‘El Zambo’ con el violín de Sophia Quarenghi. Foto: J. A. Romero

Por la noche, a las 22.30 de la noche, la peña de la calle Merced acogió el último recital de esta edición del otoño flamenco, con un cariz especial. El cante no fue quien se llevó la palma, aunque hay que subrayar la magnífica aportación que puso Joaquín ‘El Zambo’, presidente de Tío José de Paula, pero es de justicia destacar la presencia de Sophia Quarenghi y su violín en el escenario de la entidad.

Entre los dos, y junto a la guitarra de José Carlos Pozo y las palmas de Moi y Manuel de Cantarote, hicieron del flamenco la música más bella que puede sonar a partir de la sensibilidad de una expresión cultural que evoluciona con los tiempos y en la que puede caber cualquier instrumento que sume al resultado desde el respeto y la coordinación. Pudieron conseguir envolvernos en momentos inolvidables. Joaquín puso toda la fuerza en las tonás o en las colombianas, en la seguiriya y en las bulerías para escuchar. Sophia, por su parte, se dejaba un trozo de su alma en cada nota, y eso el público lo premió con aplausos sonoros.