Hace seis años que el flamenco fue reconocido como Patrimonio Inmaterial y Cultural de la Humanidad. Un reconocimiento que prácticamente ha pasado desapercibido durante estos años, pues el flamenco sigue estando en el mismo nivel – o diría yo que peor – que en el año 2010 que es cuando la UNESCO le dio este “toquecito” de distinción al arte jondo.

Lo cierto es que el flamenco se ha puesto de moda sobre todo en su industria cultural. Son numerosas las productoras que se han sumado en planificar eventos o en representar a artistas. Algo que se contradice con la falta de recursos que tienen prácticamente todos los festivales, salvo la Bienal de Sevilla que siempre se lleva la palma.

Con respecto al tema educativo, a día de hoy, el flamenco sigue siendo una asignatura pendiente. Los docentes no es que sean reacios a integrar en sus programaciones diferentes aspectos del flamenco. No es ése el problema. La historia radica en acercarles el arte jondo a través de cursos o unidades didácticas que incluyan el flamenco de forma transversal.

Otro tema a tratar y a fomentar es la gestión de las peñas flamencas, acostumbradas a recibir prácticamente duro y medio por parte de las administraciones públicas. Ya sabemos todos la situación de crisis que tienen los gobiernos locales, regionales y nacionales, por lo que la opción de recibir ingresos por parte de estas entidades es prácticamente nula. “Señor@s, hay que buscarse las papas.”

Y seguimos con las peñas. La gratuidad de los espectáculos que ofrecen es motivo de que el púbico local no pague entrada por el flamenco. Los festivales y espectáculos que se organizan en Jerez, si se cubren a nivel de taquilla, es por la asistencia de público extranjero. Desgraciadamente, es nuestra cultura y es lo que hay. Siendo éste un asunto que perjudica gravemente al caché de los verdaderos artistas profesionales, que haberlo haylos.

Como conclusión, ¿qué celebramos hoy?. Un reconocimiento del flamenco como arte universal que sirve cada año como herramienta de marketing político por parte de los gobiernos de turnos y que realmente subsiste como puede gracias al interés de los artistas, aficionados, investigadores, peñas flamencas y entidades como la Cátedra de Flamencología de Jerez a la que le deseo larga vida.

Malos tiempos para la lírica “flamenca”.