El fin de semana previo al boom de las zambombas ha acogido propuestas interesantes en cuanto a la programación ofertada por algunas peñas además de por la celebración de la iniciativa benéfica organizada por la hermandad del Cristo de la Expiración.

La agenda flamenca comenzaba el viernes noche en la Peña La Bulería, cuya jornada se convirtió en histórica por lo que supuso para tan notable entidad la celebración del inicio del 40 aniversario. Al acto acudieron los siete presidentes que ha tenido la peña desde su creación en noviembre de 1977: Alfonso García y Manuel García (los hermanos Bola), Juan y Domingo Rosado, Bernardo Martín Morón (más conocido como Matamoros), Juan Luis Martínez y José Manuel Rodríguez, éste último el actual. El acto sirvió, además, para celebrar la 24 Exaltación de la Bulería que pronunció Paco Camas, uno de los socios más veteranos de la peña y vinculado a ella desde sus orígenes en calle Baro. Tras la presentación de Fermín Lobatón, Camas aprovechó para recordar a los grandes cantaores del barrio de San Miguel y sus encuentros personales con artistas como El Chozas o Manuel Agujetas. En el transcurso, Antonio Méndez ‘El Chusco’ recibió un humilde reconocimiento con el que se ponía en valor su dedicación durante toda una vida en los escenarios acompañando, con sus palmas y jaleos, a los más grandes del flamenco de la zona. Tras el descanso subieron al escenario cuatro veteranos del cante de Jerez que dieron rienda suelta a la personalidad de un ayer cada vez más lejano y que impregnaron de historia los muros de la peña. Ellos fueron Tío Chico de Pacote, de la casa de los Lara; Benito Peña, gitano de Jerez con sangre de Lebrija y Utrera; Manuel Fernández ‘El Gordo’, hijo del Tío Juane, de la misma fragua; y Juan Peña, hermano de Ana Peña que aun siendo de Utrera y llevando «cuarenta años» en esta tierra se acordó de los cantes de Camarón para deleite de todos los asistentes. Además, Juan fue uno de los que fundaron la peña. Tocó la guitarra de bien pa arriba Jesús de Rebeco, sabiendo esperar los tiempos, bailó Pepe ‘El Zorri’… ¡una fiesta!

Al día siguiente la jornada se inició a media tarde en la Peña Tío José de Paula, quien recibió la visita de Fernando Canela. El cantaor de San Roque, que ya apunta maneras, es hijo del añorado Canela y continúa la saga junto a su hermano José, quien ya destaca en grandes carteles festivaleros. Fernando estuvo acompañado magistralmente, como él sólo sabe hacer, por la guitarra de Periquín Niño Jero, vinculado a la familia hace décadas y quien recorrió los mejores escenarios con el padre del protagonista. El acto estuvo organizado por la Federación Provincial de Peñas Flamencas, dentro del circuito que llevan a cabo en este mes de diciembre.

Ya a la noche, cuando la lluvia se colmó de protagonismo, la Asociación Cultural Flamenco Fernando Terremoto puso en su escenario a una artista que debutaba en Jerez, con toda la ilusión y las ganas del mundo por darse a conocer. Esta gitana nacida en Francia pero con raíces jerezanas y trianeras dio todo de sí en una noche mágica para una artista entregada y con una personalidad destacada. Sin tener un recorrido amplio ya puede comprobarse que dispone de talento y metal para convertirse en una habitual de peñas y festivales. La guitarra de ensueño de Antonio Higuero y la de un ferviente Paco León, y las palmas de José Rubichi y Manuel Cantarote acompañaron a Luisa en un amplio recorrido por los cantes flamencos. No faltó ni el baile de la maestra, en el amplio sentido de la palabra, Manuela Carpio. Inmejorable.

Luisa Muñoz y Antonio Higuero, en Terremoto. Paco Barroso.

Luisa Muñoz y Antonio Higuero, en Terremoto. Paco Barroso.

Un poco antes, a eso de las 9 y media, la hermandad del Cristo de la Expiración celebró un recital flamenco en pro de la restauración de la Ermita de San Telmo. Los protagonistas no fueron otros que Jesús Méndez y Diego del Morao, quienes dieron una lección de lo que es el cante y el toque gitano, eso que conocemos como flamenco. El escenario se colocó en uno de los magníficos salones de las bodegas Williams & Humbert, abarrotado por 500 personas que sumaron a la causa y que disfrutaron de la entrega absoluta de los artistas. Méndez, quien ya tiene una seguridad y un dominio indudable en las tablas, propio de los grandes, no tuvo un segundo malo. Un auténtico y grandioso recital en el que los artistas se volcaron durante la hora y veinte de duración. El cantaor, hermano de la cofradía, mostró su absoluta disposición a colaborar con la hermandad y puso el alma en todos los cantes, desde los iniciales martinetes, con letras alusivas a las imágenes del Cristo de la Expiración y la Virgen del Valle, hasta las alegrías o las tarantas de la primera parte. Los tientos fueron para enmarcar, y se crecieron en los tangos saltando desde Triana a Jerez, pasando por los cantes del Piyayo. Diego del Morao recibía aplausos en alguna de sus intervenciones. En la segunda mitad se recreó en los cantes de Jerez destacando en las bulerías por soleá y en la seguiriya, acordándose de Juanito Mojama en esa interpretación de «no terelo una puerta a donde llamar«. Fandangos agradecidos, y compás por bulerías en memoria de Caracol. Las palmas y los bailes corrieron a cargo de Manuel Salado y Diego Montoya, y la percusión de Carlos Merino, también entregados a la causa.