La calidad humana y artística de Manuel Soto Barea, conocido en el mundo entero como ‘El Bo’, quedaron de manifiesto en un festival dedicado a su figura con el fin último de recaudar fondos a cuenta de la enfermedad que sufre el entrañable palmero de Santiago y que le impide desempeñar su labor como tradicionalmente venía haciendo. El Teatro Villamarta fue el escenario donde se celebró este homenaje, así como la continuidad de apertura del propio teatro tras aprobarse los presupuestos del gobierno local. Todo fue, por tanto, una fiesta en pro del compás de Jerez.

Todo salió como se esperaba, a falta de algunos artistas que a última hora no pudieron cumplir con su compromiso, aunque a decir verdad, con los que pasaron por el escenario tuvimos suficientes. Cuatro horas de flamenco de calidad con momentos que difícilmente suelen verse, como el número en el que vimos al Farru bailarle por bulerías a Juan de la Morena. Quien escribe estas líneas, que tuvo la satisfacción de presentar el evento, notó la tranquilidad de la organización, la entrega de todos los artistas y el compromiso del público. Desde bambalinas no sufrimos instantes inquietos ni nervios momentáneos, la seriedad se impuso y el resultado no fue otro que el éxito de la propuesta.

Sin entradas desde hace semanas, los asistentes vibraron con los cantes de un Miguel Poveda especialmente sensible y entregado, recordando que fue el Bo uno de los que “me acogieron en mis primeras veces que vine a Jerez a mediados de los 90”. Incluso se colocó una camiseta con la cara del hijo del Sordera. Antes, se inauguró la gala con los cantes por martinetes de Maloko, que dieron paso a los ritmos de Diego Carrasco y la Family Band (Juan Grande, Luis de Periquín y Curro Carrasco). Representando a la familia Sordera acudió Vicente Soto, elegancia y poderío en las tablas acordándose de su progenitor y esa herencia de las bulerías por soleá. Sin duda, Vicente es de lo mejor del cante jerezano. Manuel Valencia y Nono Jero acapararon las sonantas de los primeros instantes del festival, ambos, con grandeza en la frescura del clasicismo.

La “señora del cante de Jerez”, así la presenté, hizo una soleá de ensueño con un final inalcanzable. Tomasa Guerrero ‘La Macanita’ fue recibida con una gran ovación y quiso acompañarse por las palmas y jaleos de la Filarmónica de Santiago. Asistíamos a un momento de belleza absoluta con una voz dulce pero que duele como la que más. ¡Qué grande Tomasa! Por bulerías, de la tierra, no tuvo rival e invitó a Diego de la Margara. Desde un lateral salió este doctor del baile de Jerez licenciado en braceo y con un máster en movimiento de muñecas. Momentos, como decíamos antes, que no son habituales ver en un escenario. Para cerrar la primera mitad la elegancia y la finura tomaron el teatro. Lleno de alegría, Antonio ‘El Pipa’ desplegó el donaire que le caracteriza para pasear sus mañas dentro de una estampa repleta de gallardía y sabor. Las voces fueron las de Felipa la del Moreno, Sandra Zarzana y Carmen la Cantarota, y las guitarras de Javier Ibáñez y Juan José Alba. Se metió sin esperarlo por tangos y puso al público en pie por bulerías al golpe. Ahí vimos al Antonio que más nos gusta.

Fernando de la Morena y Domingo Rubichi abrieron tras el descanso por soleá, sonaron algunos fandangos y sentaron cátedra por bulerías. El compás de este genio de Cantarería sólo es equiparable a los jaleos de Chicharito, Gregorio Fernández, Curro de Joaquina, Rafa Junquera y Macano. Un conjunto que nos regaló un billete para viajar al ayer, ese verdadero compás del Jerez más dorado. Y llegó la juventud de la Plazuela, barrio que estuvo representado, a falta de Manuel Moneo, por Jesús Méndez. Éste dio una clase de cómo se canta por seguiriyas, acordándose de Mojama y del Serna. Palmas por bulerías, merecidas porque ya tenemos que celebrar que Jerez cuente con artistas de su talla. Por bulerías emocionó y puso la bandera de su barrio en lo más alto. Manuel Valencia, soberbio. Las palmas de Diego Montoya, Manuel Cantarote, Manuel ‘El Tripa’ y Carlos Grilo jugaron un papel fundamental en algunos momentos de la noche.

El baile del Farru con los cantes de Manuel de la Nina, Enrique Remache, Rafael del Zambo y Juan de la Morena, cuatro ases, fue de lo más destacado de la noche. Por bulerías para escuchar y bulerías terminaron de convencer al público de que era una noche para el recuerdo. Fin de fiesta al que se sumaron Lela Soto y María de Terremoto, a las que pudimos oír poco por la falta de tiempo pero que ya dejaron claro que vienen para quedarse. Así como el baile de Carmen Jiménez o Fernando Jiménez. El arte de Leli Soto y Juana Sordera, las hermanas del Bo, también tuvieron su espacio. Las guitarras de Pepe del Morao y Fernando de la Morena echaban humo para ofrecer energía pura. El cante de Joselete de Musho Gitano gustó. José Carpio ‘Mijita’ dejó un gran sabor de boca con su particular cante solemne. Pepe de Joaquina, que capitaneaba el grupo, se gustó con sus bulerías, cantadas y bailadas, mostrando oficio y sabia veteranía.

El Bo salió al final para recibir el calor en forma de aplauso de las 1200 butacas de un teatro emocionado durante las 4 horas de festival.