A suscasi 50  años (Jerez, 1969) ha conseguido posicionarse en un lugar importante dentro de la guitarra flamenca. Podemos decir que Antonio Higuero ha entrado en la historia de la sonanta por méritos propios al ser acompañante oficial de José Mercé, tras el fallecimiento de Manuel Moreno Junquera ‘Moraíto’. Se define como un “gran aficionado al cante”, hecho que le hace respetar sobremanera al cantaor a quien le aporta confianza y emoción en el escenario. A partir del tradicionalismo musical, encuentra su propia personalidad partiendo del toque clásico jerezano impuesto por Moraíto y Parrilla, aunque valora “la frescura” de Periquín o el “bordonazo” de Cepero. Además de a Mercé, este guitarrista criado en el Polígono de San Benito suele acompañar a otros artistas de primer nivel como Rancapino Chico o una ferviente Luisa Muñoz.

Hacía tiempo que usted no hablaba en un medio de comunicación… ¿quizás sea por la falta de tiempo?
(Risas). Posiblemente. La verdad es que no tengo tiempo prácticamente para nada que no sea viajar y trabajar. También es cierto que yo no soy persona de hablar públicamente, evitando así el protagonismo que por otra parte entiendo que debo tener por mi profesión. Hacía bastante tiempo que no me enfrentaba a una entrevista pero me apetece porque creo que el equipo de Jerez Jondo defiende la denominación de origen de nuestra tierra, así que estoy muy a gusto.

Pasa usted por un momento dulce en su carrera… 
Sin duda. Hoy me ha llamado José para darme catorce fechas de trabajo para los próximos meses y eso hoy día es complicado. Me encuentro en un gran momento aunque a veces pienso que es demasiada responsabilidad el tocar a varios artistas de distinta índole con lo que eso conlleva en horarios, viajes, no descansar… Me alegra saber que empiezo a recoger los frutos en mi carrera pero la responsabilidad en el escenario es mucho mayor a la de hace unos años. En esto hay que demostrar cada día que estás preparado.

“En esto hay que demostrar cada día que estás preparado”

Claro, porque no sólo recibe la llamada de José Mercé…
Por suerte no. El teléfono no deja de sonar para proyectos y actuaciones. Uno de los que cuentan conmigo es Alonso Núñez ‘Rancapino Chico’, al que tengo que reconocer que le estoy cogiendo mucho cariño porque me demuestra cada día la bondad que tiene, y también su forma de cantar. Entre él y el ‘jefe’, como llamo a Mercé, siempre tengo la agenda ocupada. La primera vez que me llamó me sorprendí porque nunca pensé que iba a contar conmigo, pero cada día que paso con él nos llevamos mejor y disfrutamos más, es una gran persona.

Hablemos de sus orígenes. ¿Cómo fue ese primer contacto con una guitarra?
Fue algo natural porque en mi casa siempre se escuchaba flamenco. Mi padre, en su faceta como pintor, se relacionaba con buenos cantaores y me llevaba a grandes reuniones flamencas, fruto de la sensibilidad que desprendía. Con doce años me apunta a las academias de Manolo ‘El Carbonero’ y de José Luis Balao y comienza mi formación. A partir de entonces empiezo a colaborar con grupos de baile como los de Juan Parra y Ana María López, en aquel ‘Semilla Flamenca’. Fui cogiendo poco a poco el aire y el compás de Jerez y me llamaron algunos cantaores para que los acompañara, todos ellos estaban también empezando. Hasta que un día tuve la suerte de acompañar a don Diego Rubichi y me escuchó Fernandito Terremoto… y él fue quien marcó un antes y un después en mi forma de tocar.

“Fernando Terremoto fue quien marcó un antes y un después en mi forma de tocar”

Fernando sabía tanto de guitarra como de cante, ¿qué cree que vio en usted?
Pues lo digo con total honradez y claridad, yo le he quitado muchas falsetas de guitarra a mi amigo Fernando. Pasaba mucho tiempo con él en un cuarto y cuando él tocaba siempre me gustaba algo de su toque, por lo que le pedía que me lo enseñara. Era un excelente cantaor, pero tocaba de una forma especial con ese aire de los Morao que tanto me ha marcado. Tuvimos una relación muy estrecha en la época de los villancicos tanto que creo que revolucionó la Navidad jerezana. Me ofrecieron llevar hace unos años la zambomba de la Federación de Peñas en el Villamarta y no me atreví porque Fernando dejó el listón muy alto.

¿Podríamos decir que su toque tiene el sello de Moraíto?
En parte, aunque si me tengo que quedar con una guitarra es con la de Melchor de Marchena. Ese ha sido el tocaor que más me ha gustado acompañando al cante. A partir de ahí tengo que mencionar a Parrilla de Jerez y a Moraíto. Son las dos guitarras que más he escuchado de niño en los festivales y actuaciones, aunque me encanta la frescura y el aire de Periquín, o el bordonazo de Paco Cepero. Mi padre me llevaba a la Fiesta de la Bulería con un bocadillo de pringá y una botella de vino todos los años, aunque sólo bebía él, y ahí veía a los más grandes de la guitarra.

Su padre también le llevó alguna vez a la Peña Tío Chalao según tengo entendido…
Aquello no era normal. Se formaban unas juergas muy buenas gracias a los socios de esa peñita que le puso El Pijo a su hermano. Mi padre paraba mucho allí, en la barriada Federico Mayo, y tuve la suerte de estar en fiestas con El Torta, Luis de la Pica o Tío Sordera. Me hacían sacar la guitarra y los acompañaba siendo aún muy joven. Son experiencias que te marcan y se quedan grabadas para toda la vida. Ver a ese Chalao bailando…

Una época que, por desgracia, desapareció… ¿la echa de menos?
Se han ido muchos artistas que lo hacían muy bien, cada uno con su personalidad. Tanto en la guitarra como en el cante, porque yo ante todo soy un gran aficionado al cante. Lo de ahora es distinto, pero hay que reconocer que los nuevos artistas son bastante profesionales y le dan prestigio al mundo del flamenco.

El guitarrista Antonio Higuero es entrevistado por Juan Garrido. Foto: Paco Barroso.

 

¿Por qué momento cree que pasa el mundo de la guitarra flamenca?
La técnica es tan avanzada que el que tenga alma se diferenciará de los demás. Tenemos a Diego del Morao que tiene un estilo exquisito pero, sobre todo, tiene alma tocando, eso lo ha heredado. Tras la marcha de Paco de Lucía quien ha cogido el timón de la guitarra de concierto ha sido, bajo mi punto de vista, Vicente Amigo. Aún no he visto una mano derecha como la de Moraíto o Parrilla, nadie ha podido superarles. Te das cuenta que es más importante dar menos notas pero darlas con sentido y alma.

Y a la hora de acompañar al cante, ¿han cambiado mucho las formas?
Ya dije antes que yo soy un gran aficionado al cante, eso lo sabe todo aquel que se monta en mi coche o viene de viaje… me paso horas escuchando a los grandes. Creo que lo importante a la hora de acompañar es hacer sentir cómodo al cantaor y, sobre todo, hacerle sentir lo que tocas. El tocaor tiene que tener conocimiento cuando el macho está siendo cantado bien o no.

Ahora que menciona usted los viajes y las horas de coche…¿le cuesta llevar esa vida?
Terminas acostumbrándote pero hay ocasiones que se hace muy complicado tocar la guitarra sin descansar porque te has ido de una punta a otra con el coche para estar en dos festivales distintos. Por ejemplo, el otro día me fui por la mañana de Jerez a Jaén para ensayar un nuevo espectáculo con José Mercé y una orquesta, tras ello tiré para Málaga para acompañar a Rancapino Chico que fue el que cerró el festival por la madrugada, y directamente tuve que volver a Jaén para seguir con los ensayos… dormí en el fin de semana cuatro horas diarias. El cansancio no es aconsejable para nada.

Usted tiene fama de ser “muy formal”…
Suena ya hasta pedante (risas). No es que yo sea así cuando cojo la guitarra, sino que lo soy desde pequeño en cualquier faceta de mi vida. En mi familia los valores son muy importantes y los llevo a gala. Soy profesional, por eso hay que tener una formalidad, pero luego hay que demostrar que se toca bien y que los cantaores cuentan contigo… No es sólo la formalidad, también hay que tocar bien.  A mi no me llama Jesús Méndez, Antonio Reyes, Rancapino o La Macanita por ser sólo formal, supongo.

“En mi familia los valores son muy importantes y los llevo a gala”

¿Con qué cantaor ha tenido mejores experiencias en un escenario?
Con varios. He tenido la suerte, y tengo, de acompañar a los grandes de mi época. No puedo quedarme sólo con uno, tengo que matizar. He disfrutado con la personalidad de Fernando Terremoto, también con el metal de Tomasa, con la bondad de Rancapino Chico y con la profesionalidad de Antonio Reyes. Pero estoy acompañando a José Mercé y esa maestría sólo me la aporta él. Intento quedarme con lo mejor de cada uno.

Comentaba usted antes el nuevo espectáculo que prepara Mercé… ¿nos adelanta algo?
Ya está cogiendo forma. Está montando un espectáculo bajo el título ‘Mercé Sinfónico’, con la empresa de producción jiennense Partiture Philharmonic Orchestra y la dirección de Juan Paulo Gómez.  Son treinta y cinco músicos, realizadores, puesta en escena… el resultado está siendo muy positivo. Se aleja de su parte más flamenca al igual que de su último ‘Doy la cara’. He aceptado formar parte del proyecto porque suena a flamenco pero con mucho gusto.

¿No se ha planteado meterse en un estudio de grabación en solitario?
Buena pregunta. No creo que tenga el tiempo suficiente para centrarme en mi primer disco en solitario. Es necesario tener todos los sentidos puestos y ahora mismo estoy que no paro, por lo que no saldría el producto que yo busco. Me considero una guitarra de acompañamiento, aunque tengo idea de grabarlo en un futuro no muy lejano. No se puede grabar por grabar porque estaría mintiendo al público. No es el dinero lo que me importa en ese sentido. Soy perfeccionista, y eso debe plasmarse en el disco.

Higuero interpreta una pieza por taranta. Foto: Paco Barroso.

Otro de sus objetivos es dar a conocer el cante de Luisa Muñoz, ¿qué vio en ella?
El cante puro de la mujer gitana. No entendía como una artista con esa fuerza y esa expresión no estaba donde merecía, recorriendo festivales y peñas. Como me ha gustado tanto pues intento apoyarla en lo que sea necesario junto a Juan Carlos de Templo Flamenco, que también hace una buena labor. Está estudiando los cantes y poco a poco van conociéndola.

Por último, ¿sigue siendo Jerez tan difícil como siempre se ha dicho?
Por supuesto que sí, aunque me da pena reconocerlo. Me siento muy jerezano. Mi guitarra tiene que sonar a Jerez, y esa es mi identidad. Pero Jerez es una de las plazas difíciles para ser artista y cuesta mucho que te reconozcan.