A pesar de contar con una trayectoria impecable iniciada hace cuarenta y cinco años, el cantaor Vicente Soto Barea no había tenido la oportunidad de subirse al escenario de la peña más antigua de la provincia de Cádiz, que además es de Jerez. Nos referimos a la Peña Flamenca Los Cernícalos, verdadero templo del cante ortodoxo que desde 1969 mantiene el hervor de la afición más exigente y que no ve doblegada sus fuerzas pese a los momentos económicos presentando un cartel para las semanas de febrero de auténtico prestigio.

El inicio de las 27 Noches de la Plazuela reunió a un sinfín de aficionados, de esos que no suelen verse a estas alturas, para disfrutar de un cantaor que desprende profesionalidad desde que pisa la primera tabla del escenario. Elegante, como siempre, Vicente Soto se enfrentó al respetable de pie y en solitario, haciendo son con su palillo como si de un yunque se tratase para adentrarse en los cantes de fragua. Tonás, martinetes y deblas.

Con los primeros olés de la noche presentó a su grupo. La guitarra de Nono Jero nos supo a gloria evidenciando su evolución constante y el alto nivel con el que cuenta su técnica, siempre ligada a la personalidad arrolladora de su casta. El hijo de Antonio Jero, sobrino de Periquín, muestra unas cualidades firmes en el campo del acompañamiento a partir de una práctica perseverante habiéndose situado al lado de artistas como el propio Vicente, su hija Lela Soto, o la revelación María Terremoto. Las palmas estuvieron a cargo de Carlos Grilo y de Manuel Soto ‘El Bo’, con una reaparición tan inesperada como efímera.

Vicente Soto junto a su grupo, en las 27 Noches de la Plazuela. Foto: Kim Macedo.

El de Santiago llegó a La Plazuela para dejar su apellido en lo alto del campanario de la torre de San Miguel. Dominando los cantes sin ningún contratiempo, dejó la sal de Cádiz con unos aires de cantiñas, alegrías y romeras. En la soleá se acordó de Frijones, entre otros, pero ahí nos embaucó. Despidió la primera mitad por tangos, recorriendo los estilos de Cádiz y llegando hasta Triana, “porque lo bueno está bueno en todos lados”.

El heredero del Sordera se hizo aún más grande en las bulerías para escuchar tan de la casa y en la seguiriya. Su conocimiento es innegable y tira de memoria para homenajear a La Moreno y a Juanichi ‘El Manijero’, respectivamente. Unas 150 personas en pie aplaudiendo su arrojo y entrega. Vicente no es sólo un valedor de las entrañas del cante más gitano de Jerez sino que además presume de carisma al conectar con el aficionado sin barreras al actuar desde la más profunda elegancia y finura. Eso se agradece.

Este “hombre de mundo” no tuvo por menos que agradecer a la entidad y a su presidente, Jesús Atienza, la oportunidad brindada. “¡Qué alegría me da venir de Santiago a La Plazuela porque sólo en Jerez ocurre esto, que en apenas unos kilómetros se cante tan bien y tan distinto!”.  Ya por bulerías, con todo el pescado vendido, se dejó llevar por el compás de las palmas y la guitarra para dejar un sabor de boca inmejorable.

Vídeo: Jesús Palomo