El pasado viernes dio comienzo el ciclo de recitales que ha preparado el Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón para el mes de febrero. La sesión inicial tuvo como protagonistas a dos jóvenes del barrio de La Plazuela que pusieron sobre el escenario todo el talento que han heredado de sus diferentes sagas cantaoras, además de el resultado del trabajo realizado desde hace ya años.

La noche supuso un gran acontecimiento para la cantaora Tomasa Peña Santiago, sobrina de la reconocida artista María José Santiago, nieta por tanto de Diego Santiago Vargas, un gran aficionado de Jerez. Artista desde la cuna, prácticamente, ha realizado varias giras junto a su tía María José así como en solitario junto a la guitarra de Pepe del Morao, quien la acompañó también en la entidad del barrio de San Lucas. Acostumbrada a enfrentarse al público desde un, más bien, segundo plano, quiso tomar la actuación como un impulso a su carrera artística en tanto en cuanto pretende que sea el inicio de una carrera en solitario más centrada en el aspecto ortodoxo del flamenco. Por ello comenzó su actuación por alegrías, recordando los aires y el aroma de ‘La Perla de Cádiz’, claro referente para la joven cantaora. Sorprendió por taranta, en una interpretación fresca y con una musicalidad excelente. También recurre al legado de ‘La Paquera de Jerez’ en los tientos y tangos, y en las bulerías. Un medio recital en el que notamos a una Tomasa con la energía y el nivel suficiente para plantearse seriamente luchar por mantener el prestigio del cante femenino de Jerez.

Manuel Moneo Carrasco.

En la segunda mitad nos volvemos encontrar con Manuel Moneo Carrasco, quien hace apenas unas semanas estuvo en la peña hermana de Los Cernícalos junto a su padre Luis Moneo y el resto de su familia. El cantaor de San Miguel, que también está ligado con Santiago por parte materna estará en la próxima edición del Festival de Jerez en un recital compartido en el Palacio de Villavicencio, acto que se antoja relevante para impulsar su trayectoria . Este gitano de voz morena, aparentemente introvertido, saca de sus reaños los quejíos en los fandangos caracoleros- poco habitual en ellos pues se suelen acordar más de la escuela mairenista-, martinetes y tonás, soleá de Alcalá y Cádiz,  y por seguiriyas echando mano a la de Tomás ‘El Nitri’. Poco a poco estos incipientes artistas consiguen establecer la unión entre su pasado y su futuro, por lo que se comprueba una vez más la grandeza del cante flamenco que en Jerez sigue manteniendo todo el sentido de su origen. Pepe del Morao, como de costumbre, mostró su escuela, evidenció su grandeza tocaora.

No faltó el fin de fiesta al que se subieron algunos familiares convirtiendo el momento en una juerga natural y familiar, algo muy valioso para el numeroso público que se agolpaba en la peña.