A principios de septiembre del año 2015 el barrio de Santiago volvía a latir con fuerzas. Tras la marcha de Manuel Moreno Junquera ‘Moraíto’, vecino ilustre del lugar, las calles Nueva, Cantarería, Taxdirt (antigua calle La Sangre) o Barreras dejaron de latir con la intensidad que lo hacían hasta el momento. Por la época, agosto de 2011, la Iglesia que da nombre al barrio estaba absolutamente en peligro de derrumbe sin ningún plan alentador para los próximos años en cuanto a su rehabilitación.

Por entonces esos ratos de convivencia en el bar de Agustín dejaron de darse extirpando parte de la historia viva del lugar y borrando horas que situaban a Santiago en el mapa. Joaquín ‘El Zambo’ cerraba la pescadería que colindaba en muros con la casa de Moraíto, algo que también provocó la tristeza de los vecinos. Años de letargo en los que apenas se daba la conversación, copa en mano, de los habituales Fernando de la Morena, Luis ‘El Zambo’, Manuel Soto ‘El Bo’, Diego Carrasco… y el propio Moraíto.

Pero un grupo de jóvenes nativos quisieron revitalizar la zona, “cumplir un sueño”. Agustín Vega, regente por entonces del Bar Arco de Santiago, decidía retirarse tras más de treinta años detrás de la barra impulsado, en parte, por la situación que se vivía de absoluta tristeza. Tras unos meses con el cerrojo echado, Joselete de la Mayeta, conocido en la actualidad por su voz en el grupo musical MushoGitano, tuvo la “osadía” de recoger el testigo, de hacerse cargo de un punto de encuentro del barrio. “Desde pequeño he estado enamorado de este bar porque veía cómo se daban las fiestas, las reuniones y buenas conversaciones entre los flamencos, artistas y aficionados de Santiago”, cuenta.

Con el apoyo de algunos coetáneos se vuelca en la idea y reinaugura este proyecto para formar parte de la vida cotidiana de “mi barrio”. Desde ese mes de septiembre no han dejado de pasar personalidades por este bar que vuelve “con la intención de acoger a todas esas personas enamoradas de Jerez y de su comida, de sus vinos y de su arte”. En este año y medio han comprobado “cómo quiere el mundo a Santiago”, y no sólo los días señalados en el calendario como importantes sino que “a parte del día del Prendimiento contamos con la visita de grandes amigos durante todo el año”. Y es que a lo de Joselete no se acude sólo para saborear sus exquisitas tapas frías, sus guisos gitanos diarios o su “pescao frito del día”, sino que lo más importante “es compartir un rato agradable en uno de los barrios más conocidos de España con una buena conversación”, añade el hostelero.

“Es una gran responsabilidad mantener un negocio que ha funcionado durante más de tres décadas”, relata Joselete. El bar se encuentra en la actual calle Moraíto Chico y está abierto durante todo el día, desde los desayunos hasta la última copa. “Durante el Festival de Jerez esperamos contar con la visita de cientos de foráneos que buscan el sabor de nuestra cultura”, aunque insiste sobremanera que “en este bar hay comida durante todo el año”.

El encanto de sus paredes es comparable al que poseen esas veteranas peñas de Andalucía cuya decoración no es otra que la de cuadros, fotografías y pinturas de los artistas más relevantes de Jerez, desde cantaores a toreros, incluso a pintores. Pinturas de Juan Grande, de su hijo Luis Márquez… la figura de Diego del Morao o Diego Carrasco, clientes habituales, siempre abanderan la imagen de este coqueto negocio. Mientras se toma un buen caldo de jerez puede hablar uno con artistas como Mateo Soleá, Lorenzo Gálvez Ripoll, El Gómez de Jerez, Los Zambo, Los Sordera y un sinfín de ellos. «Ya notamos que el barrio vuelve a latir y la gente joven vuelve para buscar sus orígenes», concluye Joselete.