Es curioso pero cuando nació Juan Garrido, la Exaltación de la Saeta llevaba ya cuatro ediciones. En efecto, con apenas 25 años, el periodista jerezano hizo historia el pasado viernes en la Iglesia de San Mateo convirtiéndose en el exaltador más joven de esta cita anual que va camino de cumplir tres décadas. Y lo hizo fiel a sus principios, sin moverse ni un ápice de esa línea que defiende, y que promueve la seriedad, el conocimiento y sobre todo la vivencia. Bajo estos pilares se sustentó su exaltación, que contentó a los presentes que llenaron la parroquia del barrio de San Mateo y donde no faltaron la primera autoridad municipal, Mamen Sánchez, ni la diputada nacional María José García-Pelayo.

Lo peor no obstante, fue la duración del acto, que en los últimos años ha tomado un cierto cariz politizo. Y digo esto porque con la unión de eso que llaman ‘Jerez, Mairena, Utrera y Málaga rezan juntos por saetas’, lo único que ha hecho es (salvando que los saeteros jerezanos ganan dinero saliendo a otras ciudades y ciñiéndonos a este acto en concreto) alargar en demasía la misma superando las dos horas. Infumable.

Precisamente, la noche la abrieron tres saeteros foráneos, Rufino Rivas, de Málaga, Juan Castulo, de Mairena y Consolación García, de Utrera. A continuación, y tras la presentación de este que escribe, tomó la palabra Juan Garrido. Con traje azul, camista blanca y corbata a juego, el periodista y cofrade jerezano fue aplacando sus nervios conforme avanzó su intervención, que alternó prosa y verso pero de una forma fresca y natural.

Juan se detuvo en saeteros como Curro de la Morena y El Mono, a los dedicó versos, igual que hizo con Diego Rubichi y Manuel Carpio ‘El Garbanzo’. Homenajeó a su forma a Juan Romero Pantoja ‘El Guapo’, a los Moneo y a La Macanita, presente en la iglesia, e incluso tuvo tiempo para pedir un aplauso para Antonio Agujetas, “que está pasando un mal momento”. También recordó alguna que otra anécdota graciosa con Manuel Agujetas, que sacaron la sonrisa del público rompiendo así la formalidad.

Su exaltación estuvo intercalada con el cante, como no podía ser menos. Buscó la complicidad de Joaquín ‘El Zambo’ y Pedro Garrido ‘Niño de la Fragua’, brillantes en sus saetas por seguiriyas, cortitas y dolientes, como se canta en Jerez. A ellos tomó como nexo para acordarse de Moraíto y para dar su sitio a la Peña La Bulería y a las peñas de Jerez, “que tanto hacen por esta ciudad”. En plena ebullición, se produjo el momento más intenso y emocionante. Fue cuando el exaltador, bajo los sones de la marcha Virgen del Valle que interpretó la Banda Municipal de Música, afortunadamente presente tras los problemas del pasado año, rescató del olvido a La Chati. Casi con lágrimas en los ojos dedicó sus mejores versos a Manuela, recibiendo el calor del público, entregado.

La noche culminó con la entrega por parte de Francisco Zurita, Hermano Mayor del Desconsuelo, de un recuerdo del titular de la hermandad al exaltador, y con la imposición de la Insignia de Oro de la Peña Buena Gente a cargo de su presidente Nicolás Sosa.