No puedo exponer el criterio más justo al hablar, como cronista al uso, del 1 Festival ‘Jerez, Gran Reserva’ celebrado el pasado sábado en la Plaza de Toros de Jerez, pues mi nombre aparece en el cartel como uno de los presentadores además de existir una implicación en la organización del evento en distintas facetas de comunicación. Sí es cierto que es importante resaltar algunas sensaciones vividas en la primera madrugada de julio gracias a la aportación artística de algunos de los mejores cantaores, bailaoras y tocaores de la actualidad.

En ocasiones las grandes expectativas quedan lejos de ser cumplidas, en este caso no hubo decepciones y el público se marchó del coliseo jerezano, más allá de las cuatro de la madrugada, con un sentimiento entusiasta y positivo, pues se acababa de vivir una noche histórica. Ganas de fiesta y ambiente popular para recibir a los históricos del cante. Juanito Villar y Pansequito rememoraron en Jerez aquella época ‘festivalera’ que tanto marcó a una generación del flamenco. Ambos saben conectar con el público y les da lo que éste pide. Villar arrasó con sus tangos y bulerías, acompañado fielmente y con un compás adictivo por Pedro Carrasco ‘Niño Jero’. A José lo arropó Miguel Salado y dio muestras de magisterio y señorío. Se conserva como nadie y no ha perdido ni fuerza ni carisma. Pansequito jaleaba a Villar desde las supuestas bambalinas: “¡Qué bien está de la voz, Juanito!”. Luego era Juan quien hacía lo propio cuando subió José con una mirada desbordante de añoranza y nostalgia.

El cante femenino de Jerez estuvo en manos, por supuesto en voz, de Tomasa Guerrero ‘La Macanita’, Felipa la del Moreno y Tía Juana la del Pipa. Las tres llegaron temprano a la plaza pero Juana salió tan tarde que sólo quiso cantar por bulerías, en un acto de solidaridad con los compañeros que venían atrás. Un hecho que podrían haber tenido en cuenta algunos compañeros que salieron en las primeras horas de la gala. Diego del Morao la acompañó literarmente desde los improvisados camerinos hasta el escenario y la de Santiago bromeó con la hora, levantó los brazos y se ganó al público. Tomasa, que ya hacía dos horas que había cantado, se deleitaba desde abajo con el quejío de una de sus inseparables compañeras. Felipa fue la primera en salir y quiso aprovechar el tiempo por bamberas, alegrías, fandangos y bulerías. Cantes de compás que domina y que la siguen situando en buena posición. Macanita recurrió a repertorio clásico y no obvió su soleá, sus tientos y tangos y una buena tirada de bulerías. Al nivel de siempre y con una presencia que emboba. Antes de subir, concentrada, no quiso ni un comentario. Manuel Valencia encendió el compás con cinco palmeros de lujo que fueron los máximos culpables del éxito de la noche: Chicharito, Manuel Cantarote, Manuel Macano, José Peña y José Rubichi.

Por el chiquero por donde se llegaba al tablao aparecían adeptos y aficionados para buscar la fotografía soñada., compañeros de la prensa aprovechaban para conversar con algún artista y en un camerino cerrado se preparaba Manuela Carrasco. Nadie la había visto hasta que salió con su mantón, tan perfumada que aún lo recuerdo y una inquietante mirada. A ella nadie la molestó en los escasos metros que la separaban de las tablas. Apareció, antes de subir al proscenio, intimidando con su semblante serio y gitano, porque en ella no cabe otro decir que el de su propia sangre. Por soleá volvió a enamorar a Jerez y el asistente sucumbió sin dudarlo. ¡Sorpresa! Rancapino Chico le cantó esa soleá siendo la primera vez que se presentaba en esta faceta delante de un público. Me reconoció sentirse “en un sueño” porque para él ha sido siempre “Camarón, Paco de Lucía y Manuela Carrasco”, y añadió al final: “¡ah! y Caracol”. En solitario salió luego acordándose de los tangos escritos por Cepero, y por bulerías. A la gente le gusta Alonsito, no hay quien lo dude. “Eres quien más festivales haces junto a El Granaíno”, le decía bromeando el compañero y también presentador José María Castaño al joven de Chiclana.

No faltaron los aires frescos de Enrique Remache, Manuel de la Nina y Rafael del Zambo. Los tres más jóvenes que inauguraron la cita por soleá, seguiriya y bulerías para escuchar, respectivamente, con el acompañamiento de Pepe del Morao. El público acababa de sentarse y tenía la predisposición de escuchar. Siguen estando ahí, eso es lo importante. Otro, menos joven, que representó al cante de Jerez fue David Carpio. Tarde y tras el éxito de Manuela Carrasco, le tocó coger el testigo y lo hizo de forma arriesgada por tonás, alegrías, fandangos y bulerías. Valencia lo acompañó y fue aplaudido, sobre todo en las bulerías del final, pues el público cada vez estaba más cansado. “A mí me ha tocado un toro complicado, tras Manuela…”, llegó a admitir al principio de la noche al ver el orden de actuación.

“Yo soy el tercero, un buen lugar”. Así de contento se mostraba Antonio Reyes cuando llegó a la plaza sabiendo que actuaría en el mejor momento posible. Como la nácar, así me gustó presentarlo, apareció con traje blanco y se despachó sin mirar el reloj por zambra, seguiriyas, tangos, bulerías y fandangos. Junto a su inseparable Diego del Morao, causaron algunas de las mejores sensaciones de la noche. Aplaudido y querido mostró su exquisita personalidad y tras acabar se quedó debajo del escenario con ganas de seguir disfrutando de sus compañeros, en especial de Pansequito. “¿Tú cantas ahora?, entonces me quedo cerca”, reconoció al veterano artista.

A las cuatro de la mañana aún había gente y nadie como Miguel Flores Quirós para poner el broche de oro. Nadie como él porque casi parece imposible inyectar compás a esa hora de la madrugada y tras seis horas de flamenco. Pues él es capaz, y tan capaz. “Capu, por fiesta”, le dijo uno de sus palmeros. Capullo de Jerez sigue movilizando a las masas y reivindicando “paz y libertad” y títulos para el Real Madrid. Vibraciones y saltos para seguir los tangos y bulerías de este ídolo que sigue construyendo su propio mito. Manuel de Periquín mostró una versión inmejorable y derrochó talento a raudales. La Plaza de Toros volvió a ser la que fue.

Y no me he olvidado de la triunfadora de la noche. Entre tantos genios salió, cuando se encontró bien, Remedios Amaya. Me tocó presentarla e invité al público a que se pusiera en pie para recibir, tras un “tiempo de descanso”, a esta musa de Camarón, a quien Castaño recordó en el 25 aniversario de su marcha. “Ya estoy buena, ya estoy aquí de nuevo, gracias a Dios”. Lágrimas y emociones encontradas con la sevillana en el escenario en el momento de su vuelta al trabajo. Por bulerías y rodeada de su gente no pudo más que dejarse llevar por la intuición de una luchadora que gana la batalla y que lo expresa cantando. Diego del Morao, también con escalofríos, quiso que ella recogiera todos esos aplausos que se ganó dejando a la plaza enmudecida recordando sus grandes éxitos. Volvemos a llorar cuando el público la despide con una ovación que sólo recuerdan a las mejores tardes de Rafael de Paula.

En el aire se recordaba a Moraíto, el homenajeado de la noche, pero también a El Torta, Camarón, Paco de Lucía… la historia sigue más viva que nunca.

Reportaje gráfico: Paco Barroso.