Conozco a Rosario desde que la Peña ‘El Pescaero’ era no más que un garaje bien decorado en el que se celebraban actuaciones sencillas, con sabor y con artistas poco mediáticos. Una entidad que muestra como titular al padre de la bautizada como ‘La Reina Gitana’ para el mundo del arte, y que sigue palpitando con fuerzas en un nuevo y coqueto local de la Avenida de Arcos de Jerez de la Frontera. Desde aquellos años acá he tenido claro que a esta flamenca la define su autenticidad, a partir de este concepto convertido en sentimiento ella construye una realidad cuya fuerza sigue siendo la ilusión por hacer las cosas bien desde el amor y el respeto, por el público, por ella misma y por el arte.

Esta reina cuya corona es el sonido que vuela desde el teclado de su piano lleva años creando un discurso bello a partir de armonías que la identifican como una artista dinámica, con aromas frescos y actuales que no olvida sus raíces y viste de gala su herencia genética. Su apellido Montoya está presente en este primer trabajo discográfico que presenta en Jerez acompañado de los suyos. Se emociona cuando recuerda a su tío Domingo Montoya Vargas, ser de excepcional carisma y personalidad que puso bandera en la Plaza del Arenal con su cante corto y sentido. Ella, que lo extraña desde su prematura marcha, lo homenajea en ‘Mis dukelas’, uno de los temas que conforman los diez de este ‘Muchelumbre’.

Un título sugerente que define el vacío en palabras que se crea al producirse la música de su instrumento. Bulerías, tangos, malagueñas, rumbas y alegrías son los estilos que plasma en su primer trabajo. Muestra que no quiere engaños ni se deja guiar por lo comercial, entiéndase como camino fácil para triunfar y hacer caja, sino que aprovecha para traer a la memoria de nuestras almas a un cantaor que sí hizo historia. Juan Moneo ‘El Torta’ participa en este disco con unas bulerías que dejó grabadas, de manera espontánea, en un ensayo común. Vibramos con ‘Abrázame’ y esas letras que lo hicieron popular.

Su inseparable Jesús Quintero la define como una “artista dionisiaca: vibrante, dramática, desbordante y fogosa”, y el escritor y músico Juan M. Torreira cree que al escuchar este disco ocurrirá que “la música de Rosario prenda el fuego que no quema, pero da calor; que no hiere, pero deja huella”.

He tenido que escucharlo más de tres veces para asimilar la amalgama de sensaciones surgidas de su soniquete. He aprovechado para rememorar noches emblemáticas de Rosario, a la que siempre seguí y admiré. Ahora, que ya podemos disfrutar de su obra cumbre cuantas veces queramos es hora de celebrar lo presente que estará su corazón en cada rincón donde se encuentre este disco porque, como comenzaba estas líneas, ella no sabe expresar sin alma. Larga vida a esta Reina.