La LVII Velada de las Nieves de Arcos de la Frontera vivió el reflejo del alto nivel en el que se encuentra el flamenco jerezano. La presencia de Felipa la del Moreno, Ezequiel Benítez y Fernando Soto fueron las más destacada de una noche de calor que propició el lleno absoluto en la Plaza del Cabildo. La medalla de Oro del festival fue otorgada al productor Ricardo Pachón, que recordó que Arcos siempre ha jugado “un papel fundamental en el flamenco y folclore andaluz”.

Entre los que conformaban el cartel estuvieron también el cantaor  Manuel Amaya ‘El Marcelo’ que abrió plaza con un amplio repertorio que concluyó por bulerías y fandangos. El público se entusiasmaba cada vez que sonaba este último estilo mencionado. Tras él llegó Macarena Ramírez, bailaora de Chiclana que no deja de crecer artísticamente cada temporada demostrando su talento y proyección de futuro. La entusiasta artista demostró por farruca y alegrías su dominio en el escenario y su amplio bagaje en los más importantes tablaos de Madrid. Entre el cambio de vestuario pudimos apreciar la personalidad cantaora de Jesús Castilla que realizó varios estilos como la soleá y los fandangos.

De Jerez, como decíamos, llegó en primer lugar Felipa del Moreno, artista que está teniendo un verano de grandes actuaciones y que demuestra el buen momento por el que pasa en cada cante. Pues su eco, entre dulce y escandaloso, conquista por donde quiera que pasa. Bien estuvo por tientos y tangos, la soleá marcó el sello jerezano, gustó por fandangos y por bulerías culminó una aparición de categoría. Estuvo acompañado de un siempre genial Manuel Valencia. Tras ella apareció Ezequiel Benítez que supo elegir su repertorio. Pues hay que ser consciente, que a veces no se es, lo que necesita escuchar un público a determinada hora de la madrugada y tras haber visto a algunos artistas ya. Además, que pocas veces se resalta el ritmo que se le imprime a una aparición, o sea, no resultar pesado entre cante y cante, hilar bien cada estilo con el fin de no desconectar con el público. Ezequiel impresionó por alegrías, con ritmo, como decíamos, por soleá por bulerías, con más ritmo, insistimos, y por fandangos, uno detrás de otro sin falsetas de por medio. Y por bulerías, con la guitarra de Paco León, terminó de conquistar incluyendo algunos fandangos más a este compás, con letras originales y creativas, y con baile incluido. Por eso el público se puso en pie.

Y para poner el broche de oro a una noche especial entre rincones con encanto y niños jugando en la plaza de la Torre de Santa María, llegó Fernando Soto, un artista sin igual. Este jerezano es capaz de todo. Con su copla gitana se acordó de su diva Lola Flores en tiempo y formas con algunos de sus éxitos como ‘Pan y Chocolate’ y algunas llevadas al campo de las bulerías. No se olvidó de Bambino con ‘Compasión’, y de Rocío Jurado con ‘Dónde estás amor’. Su elegancia en el escenario invita al viaje en el tiempo al recordar a los grandes del arte, pues desgraciadamente su estilo, cuidado y personal, está cada vez menos visto. Inigualable su presencia, su desparpajo y su capacidad para captar la atención de un público que empezaba a enfriarse a las 2 de la mañana, pero que Fernando no tuvo ninguna dificultad para elevarlo a lo más alto de la peña de la localidad de la Sierra de Cádiz.

Fotos: RAFAEL BARRIOS