Es lo que tiene el flamenco de raíz. Llega una niña de apenas diecisiete años y lo remueve todo, todo aquello que permanecía, en gran parte y a tenor de la mirada del aficionado exigente, decadente. Es nieta de Fernando Fernández Monje ‘Terremoto de Jerez’, e hija de Fernando Fernández Pantoja ‘Terremoto’, por lo que en su sangre guarda el misterio del cante de una tierra que sigue siendo fundamental a la hora de entender el flamenco en la actualidad. Su prestigiosa genética puede que abra puertas, pero el peso en responsabilidad que adquiere a la hora de representarlo puede ser un arma de doble filo. Ella es consciente y cuida las formas, intenta mantener el buen nombre de la saga de la que viene.

Estamos hablando de María Fernández Benítez, que sigue siendo ‘Terremoto’. Puede ser lo que le de la gana, lo mismo un ciclón o un vendaval, por como arrasa por su fuerza, o una joya de metal precioso por la presencia y dominio de su estampa. Está siendo protagonista de multitud de carteles en este verano. Ya se le reconoció como ‘Artista Revelación’ en la Bienal de Sevilla otorgándole el Giraldillo, y hace apenas unas semanas triunfaba en el Liceu de Barcelona en un dúo por bulerías junto a Miguel Poveda, retransmitida exitosamente por TVE.

En la noche del martes fue la encargada de ofrecer un recital flamenco en el Alcázar de Sevilla, un lugar que si de por sí ya guarda magia en sus paredes, se vio envuelto aún más en un manto de duende con el eco gitano de María. La magnífica guitarra de Nono Jero le sirvió de amparo y supo mostrar esa compenetración precisa entre el grupo para que el público disfrutara. Jero principió en solitario por seguiriyas y bulerías en una noche de buena temperatura y ante un ‘no hay billete’. Unas trescientas personas disfrutaron de la malagueña de María, también de sus alegrías, tientos tangos, bulerías por soleá y bulerías. Todos los estilos fueron interpretados con ritmo y dinamismos, compás y entrega. Por eso el público reaccionó poniéndose en pie y pidiendo incluso un bis, lástima que el alto nivel protocolario del Alcázar impidiera alargarse en el tiempo preestablecido.

Cierto es que María defiende el cante de Jerez por excelencia, de su gente y del resto de grandes de Santiago pero es importante destacar en ella el alto grado de personalidad que le imprime a cada tercio, ligándolos sorprendentemente y dando lugar a la ansiada sorpresa, al pellizco como se suele conocer. En ella no sólo está el cante de sus ancestros, sino que recurre a los tangos de La Revuelo o La Marelu, ella se canta y se baila dibujando una estampa clásica en un momento en el que el flamenco necesita esto, el cante como se ha conocido siempre, sin mentiras ni engaños. Además cuenta con una guitarra que la conoce y que sube peldaños por derecho y sabiendo los grandes trucos del acompañamiento, así como los palmeros. Esta joya del cante jerezano empieza a brillar con luz propia, para orgullo del género.

Foto © (Actidea)