Luis Fernández Soto debe estar en las programaciones locales al menos una vez al año. Así lo reseñé en este medio en una de sus últimas apariciones en Jerez, hace ya varias temporadas. El Zambo, como Fernando de la Morena y algunos más de esa generación no pueden faltar en peñas o festivales organizados por entes públicos o privados, son los artistas que nos quedan con un idioma musical añejo y único necesario para que las nuevas generaciones, de artistas y aficionados, no se pierdan en la historia de lo jondo.

Pues ellos son los protagonistas de una época gloriosa en la que cada intérprete se expresaba a su manera sin parecerse a ningún otro, aun perteneciendo a la misma saga de cante. Curro de la Morena, Capullo de Jerez, José Vargas ‘El Mono’, Luis de la Pica, Diego Rubichi, Manuel Carpio ‘El Garbanzo’, Manuel Moneo, Juan Moneo ‘El Torta’, Vicente Soto, Lorenzo Gálvez ‘Ripoll’, Mateo Soleá, Manuel Malena, Enrique ‘El Zambo’… ninguno se parecía al otro y cada uno poseía, y algunos posee, una manera singular de mostrarse en el escenario o en las fiestas de gitanos.

Por lo tanto hemos de aplaudir que la peña Buena Gente contó con Luis ‘El Zambo’ para inaugurar su 38 Otoño Flamenco que comenzó el pasado sábado con una Nave del Aceite a reventar de público. Lógico, pues no todos los días se tiene la oportunidad de escuchar a uno de los cantaores más carismáticos del flamenco actual, sin llegar a ser mediático. Ya el presentador, el compañero José María Castaño, recordó su nacimiento artístico de la mano de Moraíto y los Juncales de Jerez a finales de los noventa, su apego a Miguel Poveda y su larga vida en las labores del pescado.

Con la guitarra de un majestuoso Miguel Salado, parte de las claves del éxito del recital, y las palmas de Luis de Rebeco e Israel López, Luis se acordó de los suyos y comenzó a derrochar conocimientos propios de sólo los que han sabido vivir y convivir con los grandes. Se le vio a gusto en todo momento y cómplice de los “niños de la peña” que de seguro lo trataron como merece este tesoro flamenco. Al escucharlo no queda otra que dejar a un lado análisis profundos técnicos, porque en él recae la realidad del gitano que sabe cantar, esto es, decir lo que ha vivido a través de la música y en estas circunstancias lo aconsejable es dejarse llevar e intentar disfrutar para nunca olvidar el momento.

Martinetes, una larga tanda de bulerías para escuchar que nos recordó a su tío Sordera, fandangos personales y alguno que otro al estilo de su tío Enrique Manuel, y bulerías. Estos fueron los estilos de la primera parte. El respetable se sentía pleno de emociones. En la segunda mitad quiso recurrir a la soleá más clásica rindiendo honores sonoros a su tía María Bala, por seguiriyas gustó y bastante al comprobarse su entrega total en cada tercio, y por bulerías cortas y a compás puso el broche de oro a una noche en la que comprobamos que Luis es uno de los sabios del cante nuestro y por el que se debería tener más consideración, o en otras palabras, mimarlo constantemente para que su legado pueda crecer sin tapujos. ¡Viva Luis ‘El Sabio’!