Con tan sólo diecisiete años se ha convertido en uno de los nombres más reclamados en festivales y peñas. Fue premiada con el Revelación de la Bienal de Sevilla y desde entonces su voz se cotiza al alza sorprendiendo a la afición más exigente y gustando a los más jóvenes que comienzan a interesarse por el flamenco. María Fernández Benítez, hija de Fernando Terremoto, lucha por encontrar su hueco y “mantenerme” porque su objetivo no es otro que “vivir de esto toda mi vida”. Se muestra afable y sencilla, con buen humor y se emociona cuando recuerda a los suyos. Por momentos encontramos en su mirada la inocencia de una niña pero su madurez aparece cuando se pone seria y te hace ver que tiene las ideas bien claras.

¿Se esperaba este éxito tan repentino?
Todo me ha llegado sin esperarlo, se me han presentado buenas oportunidades y he sabido aprovecharlas. Mi objetivo es poder llegar hasta donde llegó mi padre, sé que superarlo será imposible pero sí mantener nuestras raíces al nivel que él lo hizo. También es cierto que me dejo llevar e intento vivir el presente sin pensar demasiado en qué va a pasar. 

Defender el legado de los Terremoto no es cualquier cosa…
Te expones a un público que exige, a la prensa, a los críticos… y luego el peso que llevo por mi propia responsabilidad al saber lo que han significado tanto mi padre como mi abuelo en el mundo flamenco. No puedo desprestigiar este apellido y por eso intento hacer siempre los cantes con la máxima delicadeza, respetando las formas y los estilos como ellos lo hicieron.

¿A veces se autolimita por el propio respeto que le tiene a ese legado?
Absolutamente. Eso tiene su lado lado bueno y su lado malo. A ver, mi idea es comer de esto y dedicarme al cante toda mi vida por lo que lo de ponerse límites a uno mismo por el hecho de venir de donde vengo es para nada porque al final esos miedos tengo que superarlos pero por otra parte ese respeto me hace tener los pies en el suelo.

Foto: Paco Barroso.

Para ser consciente de la realidad imagino que la clave es tener un buen equipo…
Sin duda. Yo sólo trabajo con hombres y necesito de ellos toda la confianza para que no me despiste. Con mi guitarrista, Nono Jero, me entiendo a las mil maravillas tanto a nivel profesional como personal, así como con los palmeros. Si yo me equivoco ellos se equivocan, y además me lo dicen. También le debo mucho a mi representante Hugo Pérez que me acompaña y me lleva por el mejor camino. Somos una pequeña familia y la compenetración es perfecta.

¿Le cuesta llevar este ritmo de trabajo siendo tan joven?
Yo tengo claro que este es mi trabajo, mi vida y a lo que quiero dedicarme toda mi vida por lo que no me suele costar ir a cantar. Cierto es que no todos los días tienes las mismas ganas pero disfruto trabajando. Tampoco he sido niña de salir con amigas sino que prefiero quedarme en casa con mi piano o me pongo a escuchar a los maestros. Ahora estoy preparando un espectáculo de villancicos y le tengo que dedicar mucho tiempo, y disfruto montándolo.

¿Cómo fue la temporada en Japón?
Fueron tres meses muy intensos. Me fui con mi pareja que también es cantaor y disfrutamos mucho. Tenía ganas de conocer otra cultura, otro estilo de vida… me surgió la oportunidad y no me lo pensé dos veces. Además me fui a finales de enero y llegué en abril, que es una época más tranquila de trabajo en esta zona y aproveché. Allí aman el flamenco, te conocen y te quieren. Estuve trabajando en un tablao y además daba clases de cante… les costaba mucho aprender. El baile si lo dominan con más facilidad pero yo me llevaba tres semanas para que se aprendieran una letra por tientos.

El cante hay que traelo, vivirlo y sentirlo desde pequeño

Entonces, ¿cree que para saber cantar hay que nacer con ese don?
En parte sí. No quiero ofender a nadie pero creo que el baile sí se aprende con más facilidad, pero el cante, el cante que duele y te llega al alma… pienso que sólo lo puede realizar el que nazca con él. Luego se aprende y se perfecciona pero hay que traerlo, que vivirlo y sentirlo desde pequeño. Yo respeto a todo el mundo pero sin duda cuesta mucho más aprender a cantar que a bailar. Para cantar hay que tener una causa, un sentido… no sólo es técnica.

¿Cómo se siente al compartir escenarios con artistas que llegaron a conocer a tu abuelo Fernando?
Pues para mí es algo impagable. Muchos de ellos cuando llego a la zona de camerinos y me ven me saludan y suelen contarme algo de mi familia, de mi abuelo Fernando o de mi abuelo Antonio Benítez, que fue futbolista del Betis. Todos me miran con cierto cariño por ser hija de quien soy, porque de mi padre nadie puede hablar mal, fue una persona buena, humilde, un gitano que respetó a todo el mundo y un gran artista. Me siento querida.

¿Cuáles son sus referentes a la hora de cantar?
Me suelo acordar de la escuela jerezana, porque yo nací y me bauticé en Jerez aunque pronto me fui para Sevilla. Con esto quiero decir que escucho mucho a mi gente pero no dejo de reconocer que me quitan el sentío  los tangos de la Marelu, de La Revuelo o Aurora Vargas… ahora, que si me tengo que quedar con una cantaora de todos los tiempos me quedo con La Paquera, para mí ha sido la más especial después de Pastora que ya se sabe que es la emperaora.

Quiero grabar un disco de flamenco del 2017, que no suene a pizarra

¿Ya le ha llegado alguna propuesta para grabar su primer disco?
Pues sí. Si Dios quiere en enero empezamos a grabar con el fin de presentarlo en septiembre y hacer gira con él. Ojalá salga todo bien. Quiero grabar un disco flamenco del 2017, o sea, que no suene a pizarra sino que sea un flamenco actual. Habrá instrumentos más de nuestro tiempo, no sólo palmas y guitarras, e incluir unas bulerías más comerciales.

Si su padre viviera, le compondría la canción perfecta…
Mi padre era un gran cantautor. Fue superándose por años y tienes creaciones impresionantes. Hasta en los villancicos era especial. Su manera de escribir buscaba el sentido y el significado, no escribía por escribir. Si mi padre hubiera estado aquí sería el número uno en este aspecto y me hubiera ayudado en todo lo posible. Se me llena la boca hablando de mi padre, luchó mucho por encontrar su sitio en el cante y se superaba constantemente. Encontró en la escritura su manera de desahogo, componía según sentía cada momento.

Para acabar… ¿le da un poco de miedo el éxito que ha encontrado?
Yo vivo el presente y no tengo miedo a lo que pueda pasar. Tengo la suerte y la fortuna de trabajar en lo que me gusta e intento aprovechar todas las oportunidades, disfrutar al máximo y lo que pueda pasar mañana… mejor no pensarlo.

 

Foto: Paco Barroso.