La Peña Los Cernícalos celebró el pasado sábado la segunda de las citas previstas para las 28 Noches de La Plazuela, que ya las inició el guitarrista Rafael Riqueni en una velada que recuerdan los presentes como “inolvidable y histórica”. La protagonista no fue otra que Elu de Jerez, que reconoció estar tomando “antibióticos” dando a entender que no estaba en sus plenas “las fuerzas”. Pero ella puede con todo y pudimos verla en su mejor versión en alguno de los estilos interpretados.

Fue un recital largo, aunque no se hizo pesado. Nos dio tiempo a ratificar los buenos mimbres de la garganta de esta cantaora de San Miguel. Conocedora de los cantes, dio buen ejemplo de dominio en los del levante como la taranta, también en la malagueña y abandolaos se defendió con clase, muy aplaudida fue en la bulería por soleá, pero donde realmente quedamos cautivos de su pasión jonda fue en la seguiriya.

Justo antes de romper por bulerías miró a sus adentros y sacó la esencia de la fragancia. Estaba presente su madre, algunos familiares y los peñistas que la vieron nacer como artista, en esa misma peña, con los mismos cuadros y con el monolito de Manuel Torre presidiendo la sala. Esta peña tiene algo especial y Elu no quiso dejarse nada dentro, aunque no estuviera al cien por cien por motivos de gripe. Su escudero Domingo, el Rubichi, le acompañó al natural y con una complicidad perfecta, así como las palmas de José Peña y José Rubichi. Desde sus alegrías, que fueron de lo mejor, hasta los fandangos y los tientos tangos, en todo momento nos hizo estar atentos a un modo de ejecutar sin igual. Una escuela muy jerezana que necesita a cantaoras como ellas.

La cita la cerrará el próximo sábado Alonso Núñez ‘Rancapino Chico’, con la guitarra de Antonio Higuero.