Alonso Núñez Fernández, el hijo de Rancapino, está en su mejor momento artístico. Vive un momento dulce, cada actuación se convierte en una cita marcada en rojo en el calendario de los grandes aficionados. También es cierto que no sólo van a escucharlo y a verlo los que saben de qué va la cosa, sino que ha conseguido crear curiosidad a los más jóvenes invitándolos a que se acerquen al flamenco. Su actuación del sábado en la peña Los Cernícalos fue de las que no se olvidan.

Sería el lugar, sería el público, sería el momento, sería el cantaor… o todo a la vez. Lo que sí es cierto es que todo salió de categoría, propio de una organización centrada y con sentido. ¿Será la solución más adecuada permitir sólo el acceso a las peñas a socios e invitados para que se escuche el cante de la mejor manera? ¿Crea esta peña veterana una línea a seguir para el resto de peñas jerezanas con el fin de acabar con el “flamenco gratis”? Podría ser, sí.

Alonso estuvo arropado a la guitarra por un colosal Antonio Higuero, así como por un joven pero experimentado Paco León. También contó con las palmas y el compás de José Rubichi, Manuel Cantarote y El Pijota. Y, sobre todo, se sintió querido por un público entregado desde el primer tercio por soleá con el que comenzó su noche. Tras la presentación de José María Castaño, el chiclanero no dudó en inspirarse, o no lo evitó, y en la primera mitad cautivó por soleá, seguiriyas, malagueñas y alegrías. Todo con gran sabor, con intensidad y con mucho gusto, con la delicadeza que solo las almas limpias saben tener.

La segunda mitad fue apoteósica, así, como suena. Desde sus fandangos hasta las bulerías para escuchar, en las que lo vimos, al igual que ocurrió cuando cantó por tangos, en un registro distinto y muy acertado, algo más acelerado. Domina el escenario, los tonos y la música. A todo esto, las guitarras fueron otro motivo más para que todo resultara exitoso. Pero si hubo un momento en el que todo se vistió de efusividad fue cuando Rancapino Chico se acordó de Juan Moneo ‘El Torta’ realizando unas bulerías del de la Plazuela poniendo al público en pie. Por bulerías concluyó una noche, y un ciclo, de una altura inalcanzable.