El Potaje Gitano de Utrera sigue hirviendo, todavía existen numerosos comensales que lo esperan cada verano. El pionero de los festivales flamencos del mundo (ésta es la edición LXII)  muestra cada año uno de los carteles más interesantes del panorama, consiguiendo citar a grandes del cante, del baile y del toque, también del arte vinculado al caló. Si por algo se identifica esta propuesta es por la dedicación de cada número a un personaje, en lo positivo del término, que sirve de ejemplo para, sobre todo, los gitanos. Si en otras ediciones han pasado por el escenario del Colegio Salesianos para recoger la condecoración artistas de la talla de Rocío Jurado, Francisco Rivera Ordóñez, Lolita o José Mercé, este año el recipiendario del reconocimiento ha sido el Tío Moncho, el ‘Rey del Bolero Gitano’. Él protagonizó el momento de la noche con una “pincelada” que imprimió de nostalgia el frío aire que corría por este pueblo caudal de buen cante.

Una gran organización nos hacía presagiar que la noche iba a tener ritmo y momentos para el recuerdo. Más lo segundo que lo primero. Resultó algo tedioso el subir y bajar de artistas que apenas podían calentar garganta cuando ya pasaban el testigo a otro compañero. Me explico. Una vez que las dos mil personas, aproximadamente, se acomodaron y cubrieron los manteles de las mesas de tapas para picar y de alguna que otra copita, Alonso ‘Rancapino Chico’ abrió la gala a bocajarro. Sus palmeros y Antonio Higuero, una de las estrellas de la noche, iniciaron el compás por alegrías con gusto. Entre el público, el padre de la criatura. Alonsito gusta y por ello es de los más reclamado. Ha desbancado a los de otra generación y se ha convertido en primer nombre de importantes carteles. Demostró ser y estar. Malagueñas, soleá y bulerías en memoria de otro vecino ilustre, Gaspar. Aportaciones contundentes, no extensas pero hirientes. Una vez bajó Alonso llegó el espectáculo ‘El Compás lo da la Tierra’, bajo la dirección del bueno de Luis de Chimenea, que se apoyó musicalmente en Pedro María Peña. La locomotora comenzó por Lebrija, con Luis y cante por bulerías, y dando voz a una dama quejumbrosa por seguiriyas, Inés Bacán. Perico ‘El Pañero’ llegó desde Algeciras, también por seguiriyas, no tan centrado como es habitual, remontando con su cante por bulerías bailándose al mismo tiempo con la elegancia de los elegidos. Apenas se comenzaban a encontrar a gusto cuando cedían la silla a otro.

No terminaba de romper la cosa hasta que llegó Tomasa ‘La Macanita’, que ya hacía meses que no aparecía por los escenarios por mor de un asunto de salud ya superado. La de Santiago le echó genio y debió pensar que “aquí hay que formarla”. Su soleá brilló en los altos y en los bajos, gustó su furia, emocionó su entrega. Ya por bulerías solo tuvo que dejarse llevar por las palmas de Chicharito, José Rubichi y Macano para que de su negro leco saliesen letras cortitas y gitanas, así como alguno de los éxitos de su Paquera. Puso al público en pie por primera vez en la noche. Tomás de Perrate defendió el cante por soleá de su tierra, siempre querido y admirado por los suyos. Tomasito, salió en el fin de fiesta dejando sus extravagantes formas en cada quiebro y despertando de nuevo al asistente, a las cuatro de la mañana.  El baile lo puso Pepe Torres, de Morón, lo mejor de la cosecha, el sabor de la danza gitana masculina, la personalidad que todos quieren tener. El Farru también estuvo solvente y cargado de ingenio, paseándose por el escenario, fanfarrón y con buenas hechuras. De los pies, por día mejor. María Marrufo, de Utrera, mostró en su baile dominio y desparpajo, sobre todo por bulerías. David ‘El Gallí’ se echó a sus hombros el cante para bailar, y José Gálvez volvió a mostrar lo mejor de sí con su sonanta de rasgueo y pulgar.

Y Manuel Moreno Maya la lió un año más. ‘El Pele’ quiere mucho a Utrera, y se cuenta con él para este festival continuamente. Es de los que más gusta en la ciudad de los mostachones. No es para menos, se entregó de tal forma que el respetable no dudó en pedir un bis, y otro bis. Es tal su grado de creatividad que nunca se sabe qué construirá sonoramente, su voz es la huella de los califas. Zambra, su soleá, alegrías, bulerías, cuplés, y sus tangos populares fueron el repertorio del gitano que advirtió estar “hasta que ustedes quieran”. Es de justicia reconocer que hacía falta fuego para seguir calentando el Potaje, y ‘El Pele’ encendió la mecha para la fiesta. ¡Enorme! ¡Qué soleá! Tocó hasta la guitarra para acordarse de las coplas que, por bulerías, tanta fama dieron a Utrera.

Pero volvemos al minuto de oro, a los dos boleros de Moncho. Justo después de que Chiquetete, mantenedor, recordara que antes de que a Moncho se le reconociera en España ya era un referente en Sudamérica y Europa. “Contigo aprendí…”, admirado Mocho, que teniendo el alma gitano, cante lo que se cante, suena gitano, también los boleros.

Autor fotos: Paco Álvarez. Utrera.