Ensalzar la figura del maestro José Luis Balao era algo necesario, yo diría que obligado. Por eso, hay que felicitar a Santiago Lara y Mario González por su convencimiento, sobre todo por tener la capacidad de reunir a ocho alumnos del guitarrista, una tarea que muchos intentaron antes y no fue posible. Fue en el Alcázar, dentro de las galas del I Festival Internacional de Guitarra Flamenca de Jerez, un concierto que quedará para la posteridad y en la memoria de muchos.

Abrió el telón Paco León, que tiró de la bulería ‘Fuentemansa’, incluida en su disco ‘Dame tu mano’, para demostrar técnica y buenas dotes, acompañado por el bajo de Ricardo Piñero y las palmas y percusión de Rafa Ramos, Javier Peña y Perico Navarro. A partir de ahí la guitarra se adueñó del escenario, con temas históricos como el que protagonizaron Santiago Lara y Paco León, que pusieron en liza ‘Tercio de varas’, esa obra maestra de Manolo Sanlúcar; o la inolvidable Cavatina de John Williams, uno de los preferidos de Balao, que llevaron en volandas, en versión dúo, Javier Ibáñez y Paco Lara.

Sonó la granaína de Alfredo, un fuera de serie en el uno contra uno, el vals que brindó El Bolita, siempre eléctrico, el Libertando de Piazzola, en las distintas sonantas de Bolita y Alfredo, y como no, creaciones personales, como la que ejecutó José Ignacio Franco (las alegrías Bolonia), con el pequeño Marcos de Silvia, como segunda guitarra.

Patino nos rescató sus guajiras, cargadas de viveza y sensibilidad, Juan Diego Mateos, con ese sonido tan limpio, tocó seguiriyas y bulerías y los ‘Javieres’, Patino e Ibáñez tocaron a dúo el Mediterráneo de Serrat, demostrando que en la guitarra, cualquier mundo tiene su sentido.

En medio de todo, el jardín planteado por David Lagos y Mercedes Ruiz, que dotaron a la noche de un aire distinto. Con bata de cola blanca, Mercedes se atrevió por alegrías, con ese desparpajo y candidez que irradia su baile. Con el cante de David siempre mandando, y la guitarra de Santiago Lara, marcando el ritmo, el público se lo pasó en grande, tanto por alegrías como posteriormente martinetes rematados por fiesta.

La sorpresa de la noche fue colectiva. Ocho guitarristas sobre el escenario para regalar a Balao una de las instantáneas que quedará para la posteridad. Fue, como recordaba Juan Diego hace unos días, aquel encuentro de alumnos entre clases donde las falsetas rulaban de un lado para otro tratando de adquirir conocimiento. Libertad, improvisación y ritmo, mucho ritmo sirvieron para desentrañar el tema de Chick Corea ‘Spain’, todo un lujo.

La noche culminó con el homenaje a José Luis Balao, que se llevó el calor del público, alumnos y algunos guitarristas de la ciudad, los menos y los que pudieron, como el maestro Paco Cepero, que no quiso faltar, y Manuel Valencia.