Vicente Soto es mucho más que un cantaor jerezano. Sobre él cabe destacar la posesión de unos valores (y vivencias) como persona que lo convierten en mejor artista, que todo influye. El hijo del Sordera, de quien además hereda el sobrenombre y del que presume cuando tiene la oportunidad, que no es para menos, ha vuelto a su tierra y las peñas no obvian la grandeza de su perfil cantaor. Estuvo el pasado viernes 05 de octubre iniciando el ciclo del Otoño es Flamenco de la peña Buena Gente, quien puede llevar a gala un cartel de una categoría inconmensurable como celebración de sus cuarenta años de historia. Como no podía ser de otra manera, la Nave del Aceite, sede de la entidad enclavada en pleno casco histórico de Jerez, se llenó de público que no desaprovechó para disfrutar de parte de lo que Vicente sabe hacer pues es tal su conocimiento y dominio que harían falta muchos recitales para que pudiera expresarlo. Pero para muestra un botón, la soleá. Admiramos el manejo absoluto de la materia, recorriendo varios estilos como ya hizo en los aires de Cádiz o los “cantes primitivos” iniciales, compuestos por tonás, martinetes y deblas. Su estampa en el escenario se agradece, por derrochar sobre él majestad y respeto.

Ya han pasado años desde su debut, en la primera edición de la Fiesta de la Bulería de Jerez junto a Diego Carrasco (a la guitarra) y Dieguito de la Margara (al baile por bulerías), algo más de cinco décadas. A los seis años se trasladó a Madrid junto a su familia, porque su ‘pare’ tenía allí faena. Reclamado por Manolo Caracol, que buscó además el piso donde vivirían en la capital, despuntó en su juventud como tocaor aunque pronto pasaría a cantar en los cuadros que se formaban en Tablao Los Canasteros con los que también llegaban desde Jerez: Paca y Manuela, Moraíto o Chicharito. Escuchó en esa época a los más grandes “porque convivía con ellos”, ha reconocido en ocasiones. De sobra es sabido que Tío Manuel Soto ‘Sordera’ acogía a todo aquel que de Santiago o San Miguel llegaba, de la edad que fuera. Momentos, por tanto, impagables con Paquera de Jerez, Terremoto, Sernita, Diamante Negro o el propio Caracol. Su discografía es tan amplia como su entendimiento de lo jondo. Una veintena de discos, tanto en solitario como colaboraciones, así como el acompañamiento de los históricos de la guitarra hacen de él una figura indispensable de nuestros días.

Volvamos a la soleá. Momento cumbre de la noche de Vicente en Buena Gente, junto a Nono Jero a la guitarra, por día más compuesto. De voz totalmente brillante, acudimos a la llamada de la historia en los misteriosos matices de Juaniquí, los cantes de Alcalá y la bulería para escuchar que entremezcla en estos minutos de gloria. Aficionados veteranos no se pierden la cita y jalean a Vicente, que es generoso en cada intervención. Trato directo con el respetable, palabras justas y con estilo. Gustan sus tientos y tangos, sumando algún estribillo de su último disco ‘A la mujer. Coplas del desagravio’, pues de memoria anda fenómeno. Al compás lo acompañan José Rubichi y Manuel Cantarote, dos grandes en lo suyo. Este cantaor de linaje poderoso se amarró los machos por seguiriya llevando hasta el culto este ritual gitano antes de explotar en compás por bulerías, otro potencial incalculable. El ritmo no disminuyó a medida que sonaban tonadillas y bulerías cortas, todo lo contrario. Acierto más que considerable el de esta peña al contar con Vicente Soto ‘Sordera’, por ser un artista abanderado en su generación y que sigue mostrando toda su maestría cantaora.